Trasfondo

El planeta de los pollos

Los pollos de engorde suman 23,000 millones de ejemplares vivos, y su biomasa triplica a la de todas las aves silvestres.
Los pollos de engorde suman 23,000 millones de ejemplares vivos, y su biomasa triplica a la de todas las aves silvestres. EFE/EPA

Vivimos en el planeta de los pollos, cuya carne es la que más se come en el mundo, ya que estos animales de granja industrial superan en biomasa (cantidad total de materia viva) a la de todas las aves silvestres juntas en una proporción de tres a uno.

Los pollos de engorde o pollos para carne son el vertebrado terrestre más numeroso, no solo de aves, que vive sobre la Tierra, según un estudio de varias universidades liderado por la universidad británica de Leicester.

Estas criaturas se han convertido en el máximo símbolo del Antropoceno, nombre de la nueva era geológica que estaríamos viviendo, según propone parte de la comunidad científica, y que está marcada por el impacto de los seres humanos en los procesos geológicos de la superficie de la Tierra, según el equipo de Leicester (https://le.ac.uk) .

Esta ave moderna ha cambiado tanto respecto de sus antepasados, que sus característicos huesos se convertirán en los futuros marcadores fosilizados de la época en que los humanos reinaban en el planeta, explican los autores del estudio (https://bit.ly/2SGCqIn) en la revista ‘The Conversation’.

En este estudio se compararon los huesos del pollo moderno con los huesos de sus antepasados de la época romana, según señalan los autores, la geóloga Carys Bennett, los paleobiólogos Jan Zalasiewicz y Mark Williams, y el arqueólogo Richard Thomas.

Los pollos de engorde modernos son radicalmente diferentes de sus antepasados: tienen un esqueleto de gran tamaño y una química ósea distinta, aseguran.

AVES DE INGENIERÍA HUMANA

Estas aves tienen el doble del tamaño de un pollo medieval, se crían por su rápido aumento de peso, engordan cinco veces más rápido que los pollos de la década de 1950 y, a las cinco o seis semanas de vida, están listos para ser sacrificados.

La evidencia de su extraordinario crecimiento se conserva en sus huesos, que son menos densos y con frecuencia deformados.

El pollo moderno existe debido a la intervención humana, que ha alterado sus genes para que las aves siempre tengan hambre y coman y crezcan más rápido, según los investigadores.

Todo su ciclo de vida está controlado por la tecnología, ya que se incuban en fábricas con temperatura y humedad controladas por computadora, viven bajo luces eléctricas para maximizar las horas que se alimentan y son sacrificados a máquina, añaden.

Las vacas, los cerdos y las ovejas suman alrededor de mil millones de ejemplares cada grupo, pero los pollos son el ejemplo más llamativo presente en la biosfera moderna.

“La población de pollos vivos suma unos 23,000 millones de ejemplares y es más numerosa que cualquier otra especie de ave actual y, por lo que se sabe, de toda la historia”, explica, la doctora Carys Bennett, autora principal de estudio y miembro honorario de la Facultad de Geología, en Leicester.

FÓSILES QUE RETRATARÁN NUESTRA ERA

Es muy posible que sus huesos, dispersos en vertederos y granjas en todo el mundo, sean conservados en el registro de rocas como símbolos de cómo fueron nuestro planeta y su biosfera, según apuntan.

“Cuando las personas consumen el pollo adquirido en una tienda, tiran los huesos a la basura y éstos van al vertedero, sorprendentemente bien conservados”, explica Bennett.

“Los cadáveres de pollos de engorde también se entierran en granjas de todo el mundo en momentos de brotes patológicos, como cuando se produjo la denominada ‘gripe aviar’, en que millones de estas aves fueron ser enterradas en fosas comunes”, señala Bennett.

La presencia de esta ave de ingeniería humana en la biosfera quedará registrada para siempre en el registro geológico, a través de sus huesos petrificados, que podrán ser descubiertos, junto con los restos arqueológicos de sus granjas y mataderos industriales, por alguna especie inteligente que surja en la Tierra en el futuro, indican los especialistas.

“El mayor impacto ambiental de esta población avícola proviene de las emisiones de carbono generadas durante el cultivo, transporte y procesamiento de la soja, maíz, trigo y pescado con los que se los alimenta”, señala Bennett.

“En EEUU los pollos consumen un mayor volumen de alimentos que cualquier otro grupo de animales de granja, y el terreno utilizado para cultivar esos alimentos es inmenso, incidiendo en la deforestación, las sequías y la contaminación del agua por pesticidas y fertilizantes”, asegura.

“Además, en los últimos 50 años, a medida que aumentó la población de pollos y otros animales de granja, disminuyó la de aves, mamíferos, reptiles y anfibios silvestres”, añade.

“La biosfera terrestre, es decir la capa constituida por agua, tierra y aire, en la cual se desarrollan los seres vivos, ahora está dominada por los humanos, que la han reconfigurado, y sus animales domesticados, como los pollos, que son la principal señal de dicha reconfiguración”, concluye Bennett.

  Comentarios