Suiza aprovecha el agua de los glaciares que se derriten
Para los excursionistas que buscan un paseo en el centro de Suiza que dure todo un día, el puente colgante del glaciar Trift es el destino ideal. Se trata de un paseo breve en teleférico desde la ciudad de Gadmen, seguido de unos cuantos kilómetros de recorrido ascendente a pie por un camino rocoso con vista hacia un desfiladero de granito.
Quienes logran superar el ataque de nervios (el puente hecho de tablones y un cable delgado mide más de 150 metros de largo y se encuentra a 90 metros de altura) son recompensados con paisajes espectaculares; sin embargo, es muy difícil ver el glaciar Trift. Su borde principal se ha retraído durante este siglo y ahora hay un lago iridiscente.
El Trift ha sufrido las consecuencias del cambio climático y se encuentra entre las decenas de miles de glaciares de todo el mundo que están encogiéndose conforme la Tierra se calienta. El deshielo de los glaciares aumenta el riesgo de que se eleven los niveles del mar y haya inundaciones y, con el tiempo, eso reducirá la cantidad de agua potable y para riego que haya disponible.
Pero la retracción del glacial también afectará la energía hidroeléctrica, pues los glaciares se encogen hasta el punto en que el flujo del agua del derretimiento comienza a disminuir. Esto podría causar estragos en el suministro de energía, ya que, en todo el mundo, aproximadamente el 16 por ciento de la electricidad se genera con el flujo de agua.
En los Alpes hay más glaciares que en cualquier otra zona de Europa. Dentro de la zona alpina, Suiza es el país con la mayor cantidad de glaciares.
Estos son los que alimentan las presas hidroeléctricas y plantas generadoras a lo largo de las montañas. Las plantas proveen más de la mitad de la electricidad del país.
Una de esas plantas es alimentada por el agua que produce el glaciar Aletsch, el más largo de los Alpes, al derretirse. El agua se acumula detrás de la presa de arco Gebidem, construida hace 50 años. Luego, viaja 600 metros montaña abajo a través de un túnel hasta llegar a la planta generadora.
La planta incluso fue construida en la montaña misma. El agua hace girar unas turbinas unidas a unos generadores y unos cables gruesos transportan la electricidad hasta la red eléctrica.
En total, las plantas hidroeléctricas como esta, en la ciudad de Bitsch, cerca del río Ródano, suministran el 60 por ciento de la electricidad en Suiza. (En contraste, Estados Unidos obtiene aproximadamente el 7 por ciento de su electricidad de plantas hidroeléctricas).
“Cuando diseñamos las primeras plantas de energía en Suiza, a mediados del siglo pasado, no hablábamos del cambio climático”, comentó Florian Widmer, un ejecutivo de Alpiq, una compañía eléctrica suiza que es la mayor accionista de la planta de Bitsch. Ahora, dijo, empresas como esta deben planear un futuro en el que se cuente muy poco o no se cuente con el agua del derretimiento del glaciar.
El Aletsch, de 22 kilómetros de largo y 900 metros de grosor, podría perder el 90 por ciento de su hielo para el año 2100.
Por ahora, el derretimiento acelerado en la mayoría de las regiones glaciares, incluyendo los Alpes, aumenta el flujo y llena las reservas con mayor rapidez, lo cual fomenta la generación de electricidad. En Suiza, por ejemplo, un estudio reciente demostró que la pérdida de la masa glacial debida al cambio climático ha aumentado la producción hidroeléctrica entre el 3 y 4 por ciento desde 1980.
“En la actualidad, nos beneficia que el glacial se derrita”, dijo Widmer.
No obstante, con el tiempo el hielo se retraerá tanto que el flujo de agua se va a reducir y, a su vez, disminuirá la producción de energía eléctrica. Esta reducción también afectará los horarios de hora pico de flujo hacia muchas plantas hidroeléctricas, obligando a las compañías de electricidad a ajustar su producción por temporadas.
El cambio climático ofrece oportunidades, como en el glaciar Oberaletsch, cerca del Aletsch.
Hace un cuarto de siglo, el glaciar Oberaletsch tenía aproximadamente dos mil metros cúbicos de hielo. Dicho de otro modo, esa cantidad equivale a más de 13,000 cubos, cada uno con hielo suficiente para llenar 1,800 contenedores marítimos.
Para el año 2000, el glaciar había perdido el 7 por ciento del hielo. Para mediados del siglo, la pérdida de hielo podría equivaler al 70 por ciento de su volumen original.
Cuando los glaciares crecen y avanzan, su poder abrasivo (el peso de enormes cantidades de hielo mezclado con fragmentos de roca) esculpe los valles del paisaje. A medida que los glaciares se retraen, estos valles quedan expuestos. Algunos pueden convertirse en sitios ideales para recolectar y almacenar agua para la hidroeléctrica.
Unos investigadores suizos han estudiado los glaciares de ese país y, con un radar, han revisado la cama rocosa que hay debajo en busca de nuevas reservas potenciales. “Estamos intentando averiguar cómo será la topografía del futuro”, afirmó Robert Boes, ingeniero y director del Laboratorio de Hidráulica, Hidrología y Glaciología del Instituto Federal Suizo de Tecnología en Zúrich.