Trasfondo

Drones, aliados de la salud

Un dron en Ghana en el momento de soltar en paracaídas su mercancía sanitaria.
Un dron en Ghana en el momento de soltar en paracaídas su mercancía sanitaria.

A finales del año pasado, Joy Nowai, un bebé de un mes nacido en la isla de Vanuatu, en el Pacífico Sur, fue el primer niño en el mundo en recibir una vacuna enviada con un dron.

A finales de abril, Ghana hizo volar su primer dron con vacunas y medicamentos para su entrega en un programa que durará cuatro años. Es el primer país que cuenta con una red de estas naves para el reparto sanitario.

OBJETIVO, SALVAR VIDAS

Alrededor de 12 millones de personas en Ghana podrán verse beneficiadas de este nuevo sistema. Se trata del servicio de reparto médico con drones más grande del mundo.

El Gobierno de este país africano destinó 12 millones de dólares para que la empresa californiana Zipline lo pusiese en marcha y lo gestionase durante cuatro años, con la participación de la Alianza Global para la Vacunación e Inmunización (GAVI, por sus siglas en inglés).

“Este es un desarrollo emocionante para GAVI que en última instancia garantizará que no dejemos a nadie atrás y nos ayudará a proteger a más niños que viven en áreas remotas contra enfermedades prevenibles por vacunación”, dijo Seth Berkely, director general de la institución.

Según los datos que han facilitado las autoridades, unos 600 drones volarán al día para entregar vacunas y medicamentos de urgencias a más de 2,000 centros de salud en las áreas más remotas del país.

La tecnología actúa en este caso como un agente unificador, en vez de acentuar las diferencias sociales o económicas, trabaja para asegurar el acceso a la sanidad de los habitantes del país. “Nadie en Ghana debería morir porque no puedan acceder a las medicinas que necesiten”, dijo el presidente de Ghana, Nana Akufo-Addo, durante la inauguración.

Además de 12 tipos de vacunas para inmunizar a los más pequeños del país, los drones podrán transportar hasta 148 medicinas y reservas de sangre y otros fluidos.

La importancia de los drones en estos envíos reside, no solo en el alcance geográfico, sino en la reducción del tiempo de las entregas.

Las vacunas y materiales biológicos, como la sangre, son complicados de transportar porque necesitan una cadena de frío sólida. Es complicado cargar con cajas llenas de hielo y mantenerlas a esa temperatura durante las muchas horas que puede durar un viaje en el que, además, hay que sortear los antojos geográficos.

Sin embargo, según publicó The Guardian, el sistema de drones fue acogido con reticencias al principio.

Las voces disonantes creían que el dinero invertido debería haberse destinado a mejorar las infraestructuras ya existentes, como clínicas, hospitales y ambulancias. La BBC publicó el año pasado que el país, con una población de 29 millones de personas, solo contaba con 55 de estos vehículos.

UNICEF YA LOS UTILIZA DESDE HACE AÑOS

Zipline lanzó su primer dron para uso sanitario en países en vías de desarrollo en 2016, en Ruanda. Desde entonces han completado alrededor de 14,000 entregas. Un tercio de las sustancias transportadas estaban destinadas a salvar la vida de personas en situación crítica.

Para Unicef el uso de drones para estas tareas tiene un triple impacto: aparte de la eficiencia en el acceso a áreas remotas, también facilita la monitorización de inventarios y el control de calidad del material que se manda y resulta más efectivo en la respuesta a situaciones de emergencia.

El propio Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia ha usado drones en diferentes campañas sanitarias. En los últimos años, ante los brotes de cólera que se registraron en varios países africanos, como en la República Democrática del Congo, Zambia o Malawi, Unicef echó mano de estas naves no tripuladas.

También recurrió a este mecanismo en su lucha contra la malaria en el país. Según la Organización Mundial de la Salud, cuatro países de África soportaron casi la mitad de todos los casos de malaria reportados en 2017. La enfermedad es una de las tres principales causas de muerte entre niños de hasta cinco años en Malawi.

Allí, Unicef usó los aparatos para mapear la incidencia de las larvas de los mosquitos transmisores de la enfermedad.

Mientras los trabajadores recogían muestras de agua estancada a ras del suelo con un bote y una palita, los drones fotografiaban las zonas.

Con el cruce de ambos datos, los especialistas pueden determinar qué zonas son más propensas a la proliferación del insecto y, por lo tanto, están más expuestas a la transmisión de la malaria.

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