Trasfondo

Si viajar ayuda en la destrucción del mundo, ¿nos quedamos en casa?

Cruceros de turistas atracados en Venecia.
Cruceros de turistas atracados en Venecia. AP

Los glaciares se están derritiendo, los arrecifes de corales se están muriendo, Miami Beach está poco a poco hundiéndose.

Rápido, dice una voz en tu cabeza, vete a verlos antes de que desaparezcan. Eres el mal, dice otra voz. Tú eres el que está precipitando su destrucción.

Para muchas personas a las que les gusta viajar, estos tiempos son desconcertantes moralmente. Algo que era solo una escapada y aventuras se ha convertido en una acción de doble filo: dañina, y el epítome del consumo egoísta. Ir a un lugar lejano, ahora sabemos, es la única gran acción que un ciudadano privado puede tomar para empeorar el cambio climático. Un asiento en un vuelo de Nueva York a Los Angeles añade meses de emisiones de carbón a la atmósfera.

Y sin embargo cada vez viajamos más.

El número de pasajeros en las líneas aéreas se ha más que duplicado mundialmente desde el 2003, y al contrario de otras fuentes de contaminación, no hay mucho que se pueda hacer para que estos vuelos sean menos dañinos -los jets eléctricos no van a llegar a un aeropuerto cerca de usted por buen tiempo.

Y aún nos preguntamos ¿cuánto y a quién va a dañar esa vacación?

Es muy difícil pensar en el cambio climático en relación a nuestro comportamiento. Somos pequeños, nuestro efecto aumenta microscópicamente y nuestra intención no es hacer daño. Los efectos del cambio climático son enormemente inconcebibles y desastrosos -y la mayoría aún no han ocurrido. No puedes ver la cara de una persona en el futuro cuya villa costera has ayudado a sumergir.

Pero resulta que existen maneras de cuantificar tu impacto en el planeta, aproximadamente. En el 2016, dos climatólogos publicaron un informe en la prestigiosa revista Science donde mostraban una relación directa entre las emisiones de carbón y el hielo derretido en el mar Ártico.

Cada tonelada métrica adicional de dióxido de carbono o su equivalente -su participación en la emisiones en un vuelo de ida de Nueva York a Los Angeles- reduce la cubierta de hielo en el verano por 3 metros cuadrados, o 32 pies cuadrados, encontraron los autores del informe Dirk Notz y Julienne Stroeve.

En febrero, mi familia de tres personas volamos de Nueva York a Miami para lo que creíamos eran unas modestas vacaciones de invierno. Una calculadora de carbón en online me dijo que nuestros asientos generaron el equivalente a 2.4 toneladas métricas de dióxido de carbono.

Añada a esto otro cuarto de tonelada por las 600 millas que hicimos conduciendo, otras pocas para el viaje que hicimos para hacer snórkel y la piscina climatizada del parque de trailers (casas rodantes) rentado por Airbnb, el costo llegó a 90 pies cuadrados de hielo Artico, un área del tamaño de una camioneta.

Cuando hice esos cálculos me imaginé parado sobre una lámina de hielo del tamaño de una camioneta según esta se rompía y me sumergía en aguas congeladas. Un oso polar parecía mirarme con hambre.

Cómo calcular el daño

¿Y qué me dicen del impacto de mis vacaciones en la humanidad? De hecho, varios académicos han intentado calcular eso también. Filósofos, no climatólogos. Aún así...

En el 2005, Walter Sinnott-Armstrong, profesor de Dartmouth escribió un artículo en una revista titulado “It’s Not My Fault: Global Warming and Individual Moral Obligations” (“No es mi culpa: Calentamiento global y la obligación moral de cada cual”) en el que decía que no estaba bajo ninguna obligación moral de abstenerse de llevar a cabo un viaje un domingo en una SUV que tragaba gasolina si quería hacerlo.

“Ninguna tormenta o inundación o sequía o olas de calor pueden ser rastreadas hasta mi manera individual de conducir”, escribió. De igual manera “si dejo de conducir ese domingo no hay ninguna persona a quien esto la ayude”.

Otros filósofos se cuestionan su razonamiento.

El profesor John Nolt de la Universidad de Tennessee midió el daño que hacen las emisiones de un norteamericano cualquiera durante su vida. (El norteamericano promedio genera el equivalente a cerca de 16 toneladas métricas de dióxido de carbono al año, más del triple del promedio global).

Sabemos que el dióxido de carbono se queda en la atmósfera por siglos, y que un panel de las Naciones Unidas en el 2007 encontró que el cambio climático probablemente “afectará adversamente cientos de millones de personas a través de inundaciones en la costa, reducción de las reservas de agua, aumento en la malnutrición e impacto negativo en la salud” durante los próximos 100 años. Después de muchas divisiones y multiplicaciones Nolt llegó a la siguiente conclusión:

“El norteamericano promedio causará, a través de su emisión de gases invernadero, el sufrimiento y/o muerte de dos personas en el futuro”.

¿Y los barcos? Aún peor.

Existen alternativas a viajar en avión. ¿Tal vez un crucero? Después de todo hay más océano de lo que ha habido en miles de años. Debido a que actualmente el Pasaje del Noroeste está prácticamente libre de hielo durante el verano, se han abierto nuevas rutas. Una compañía de cruceros lleva a cabo excursiones para ver osos polares. Bryan Comer, investigador del International Council on Clean Transportation, un grupo de investigación sin fines de lucro, me comentó que aún el crucero más eficiente emite de 3 a 4 veces más dióxido de carbono por milla por pasajero que un avión.

Y eso es solo respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero. El año pasado un profesor adjunto de Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health encontró que el aire a bordo de los cruceros era muchas veces más sucio que el aire de la costa.

“Algunas de las partículas eran comparables o peor que un mal día en una de las ciudades más contaminadas del mundo como Beijing o Santiago”, dijo Kendra Ulrich de Stand.earth, el grupo que comisionó el estudio.

Aunque la mayoría de los cruceros utilizan combustible muy contaminante, muchos han comenzado a usar “scrubbers” (depuradores) para eliminar el óxido sulfúrico tóxico de su sistema de escape. Pero estos depuradores descargan estos y otros contaminantes en el océano, y ya han sido prohibidos en siete países y algunos estados de los EEUU.

Una portavoz de Cruise Lines International Association, un grupo de comercio, dijo que los depuradores cumplen con los estándares nuevos del 2020 para calidad de aire y agua establecidos por la International Maritime Organization, una agencia de las Naciones Unidas. La portavoz, Megan King, añadió que no era justo comparar la emisiones entre barcos y aviones porque un avión es solo un vehículo de transportación mientras que un crucero es un centro de vacaciones y un parque de entretenimiento.

Siempre se puede viajar en coche, que supone menos contaminación de carbono que ir en avión, especialmente si van varias personas. Pero “menos” es relativo, y la mayoría de los viajes largos no se pueden hacer conduciendo.

Emisión de carbono, consideraciones

Quizás exista en alguna parte una justificación: las decisiones personales por sí mismas no van a detener el calentamiento global -para ello se necesita un cambio de políticas a nivel global por los gobiernos. El turismo crea millones de empleos en lugares que necesitan desarrollo económico.

Las emisiones de carbono parecen ser la forma más directa de tranquilizar la culpa del viajero. En teoría, expían nuestros pecados. Tu le puedes dar a un broker algún dinero (no mucho tampoco - las emisiones de carbono pueden ser compradas por $10 la tonelada métrica). El broker se lo entrega a alguien para que plante árboles, o para que recoja el metano de un campo o de una finca de ganado, o ayude a construir una finca de viento, o subvencione estufas para personas que viven en países en desarrollo que cocinan con fuego. Todas estas cosas ayudan a reducir las emisiones de gases efecto invernadero.

Pero nada en la práctica es tan sencillo. La preocupación de muchos con la compensación de carbono tiene tres vertientes: adición, permanencia y escape.

Adición: ¿Cómo sabes que que esa compañía no hubiera construido la finca de viento a no ser por el dinero que diste?

Permanencia: ¿Cómo sabes que la compañía de madera que plantó esos árboles no los cortará dentro de unos años?

Escape: ¿Cómo sabes que el dueño de una finca al que le diste dinero para no cortar un acre de bosque no utilizará ese dinero para comprar otro acre y talarlo?

Aunque hay organizaciones que se esfuerzan por verificar los proyectos de compensación de carbono, estas tienen sus límites. Hay unas que son más seguras que otras. “Con la captura del metano”, dijo Miller, “una vez que capturas el metano y lo quemas, no hay nada más que hacer. No se queda en la atmósfera y no se va a la atmósfera. Sabes que eso se logró y que has evitado esas emisiones para siempre”.

No hacer viajes en avión sería mucho mejor, dijo Miller, “pero la realidad es que muchas personas harán lo que quieran hacer”. Para ellos, la compensación es mejor que no hacer nada.

Pero algunos expertos en clima creen que las compensaciones son una manera de lavarse las manos.

“Es como pagarle a alguien para que haga dieta por ti”, dijo Alice Larkin de la University of Manchester’s Tyndall Centre for Climate Change Research, quien no ha hecho un viaje en avión desde el 2008.

Ella dijo que aunque los gobiernos necesitan tomar acciones fuertes, estos derivan su fuerza para hacerlo de la conducta de sus ciudadanos. “Yo pienso que la gente se mueve primero”.

Las compensaciones, dijo ella, fomentan una mentalidad de que hay un equilibrio cuando lo que realmente se necesita para evitar un desastre es reducir el consumo de combustibles fósiles de inmediato.

Su colega Kevin Anderson dijo que cuando compras un pasaje no estás comprando solamente un asiento en un avión. Le estás diciendo a la industria de la aviación que establezca más vuelos, construya más aviones, expanda los aeropuertos.

“La compensación a todos los niveles debilita los esfuerzos de hoy en día y reduce la innovación hacia un futuro con menos carbono”, escribió Anderson en el 2012. Últimamente un movimiento de base (grassroots) contra volar en avión ha ido cogiendo fuerza Europa, especialmente en Escandinavia.

Pero el mundo sigue siendo atractivo.

Me gustaría poder decirles que, sabiendo todo lo que se después de investigar para este artículo, he jurado no hacer viajes de larga distancia.

Sin embargo, este verano vamos a ir a Grecia, con una parada en París. La huella de carbono de los boletos de avión: 10.6 toneladas métricas, suficiente para derretir el tamaño de un pequeño apartamento en el Artico.

Teníamos estos planes desde hace meses, pero me imagino que hubiéramos hecho lo mismo hoy. Vamos a ir porque el año pasado cancelamos unas vacaciones debido a que tuvimos que regresar porque nuestro perro se estaba muriendo. Vamos porque la solicitud para la escuela superior en la Ciudad de Nueva York fue una pesadilla.

Pero sobre todo vamos por lo que vimos la última vez que estuvimos allí. La pequeña playa al final de un acantilado. El patio donde los pequeños jugaban hasta pasada la medianoche mientras sus padres y abuelos conversaban.

Antes de ir compraremos suficientes compensaciones para recoger las emanaciones de metano de doce vacas -eso supone muchas veces mas de lo que es necesario para balancear los efectos del carbono de nuestros vuelos. Ojalá y ayuden a mantener a un oso polar a flote.

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