Trasfondo

Matrimonios temporales, tapadera de la explotación sexual de menores en Irak

Varias parejas contraen matrimonio en una boda masiva organizada por el Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Nayaf, Irak.
Varias parejas contraen matrimonio en una boda masiva organizada por el Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Nayaf, Irak.

El matrimonio temporal permite unir a un hombre durante un periodo de tiempo, que puede ir desde horas a años, con una mujer, a veces menor de edad, para que él pueda tener relaciones sexuales con ella aprobadas por las autoridades religiosas.

Esta es una práctica de la raíz chiita del islam, prohibida en Irak, pero que algunos clérigos llevan a cabo en el país, según una investigación de la BBC.

Las indagaciones de la cadena británica, que duraron varios meses, contaron con los testimonios de numerosas víctimas y con grabaciones hechas con cámara oculta de diferentes religiosos defendiendo y accediendo a oficiar la práctica, incluso ofreciendo mujeres.

LAS VÍCTIMAS

En el periódico británico The Guardian, Nawal Al-Maghafi, la reportera de La BBC responsable de la información, cuenta los entresijos de la investigación.

Indica cómo siguió las informaciones que le llegaron al respecto y la forma en que comenzó a tirar del hilo, así como la estrategia de contar con un reportero encubierto, quien consiguió filmar a los clérigos. Además hacía la observación de lo duro que fue enfrentarse a esas filmaciones tras oír a las víctimas.

Una de ellas es Mona. La joven cuenta a la cadena que, cuando tenía solo 14 años, un hombre comenzó a acosarla, a seguirla del colegio a casa y que unas semanas después este hombre le presentó a un clérigo y la presionó para que accediese a la unión.

Ahora, tres años después, ante las presiones de su familia para que se casase, tiene miedo de que su futuro marido descubra que no es virgen. Piensa en el suicidio como única salida.

Otra de las víctimas es Rusul, una mujer que ha estado tantas veces “casada” que no podía contarlas.

Todo empezó cuando un hombre se presentó en su lugar de trabajo y comenzaron a hablar sobre su pasado y su vida. Pronto comenzó a ver a este hombre como un candidato a marido y, después de unas semanas, él le pidió matrimonio.

Un día la llevó a Kadhimiya, al norte de la capital iraquí, Bagdad, y que actualmente forma uno de los nueve distritos administrativos.

Tras una breve ceremonia, ella firmó un contrato de matrimonio, sin saber leer, que establecía “una dote” de 250 dólares.

Después se fueron al apartamento de él y, ante la prisa de su nuevo marido, consumaron el matrimonio.

Durante los primeros días todo fue perfecto y Rusul se sentía querida y protegida. Hasta que algunas semanas después, él desapareció.

CLÉRIGOS MUY DISPUESTOS

De los diez clérigos a los que se acercó el reportero encubierto de la cadena británica, ocho se mostraron disponibles para sellar este tipo de matrimonio, denominado “mutaa”.

Por supuesto, detrás de esta disposición hay una compensación económica que varía según las circunstancias. Pueden oficiar el enlace entre el hombre y otra mujer propuesta por éste, o proporcionar ellos a la mujer, actuando a modo de lo que en el mundo occidental sería la figura del proxeneta.

Además, algunos de estos clérigos no pusieron impedimentos cuando el reportero encubierto habló de menores.

De los ocho que dijeron sí, la mitad estaban de acuerdo en casar a un adulto con una niña de 12 o 13 años.

Uno de ellos, Sayyid Raad, dijo que no había nada en la ley islámica que frenase una unión por la edad de la novia. La única advertencia que daba era que tuviese cuidado para que la niña no perdiese la virginidad.

Otro religioso en Kerbala, localidad a unos 100 kilómetros al sur de la capital, dijo que “a partir de 9 años no hay ningún problema”.

Según el mismo reportaje, los oficiantes aumentan sus tarifas cuando las mujeres son más jóvenes.

“Una chica de 12 años es valorada “porque aún es fresca”. Será cara, 500, 700, 800 dólares… y eso es solo la cifra de lo que puede ganar el clérigo”, dijo a la BBC un cliente habitual de estos matrimonios.

DESPRECIO POR LAS NIÑAS Y MUJERES

Al-Maghafi relata a The Guardian la total indiferencia de las partes implicadas hacia las consecuencias o bienestar de las niñas y mujeres a las que casan.

“Eran como animales. Tienen sexo con una mujer y luego la tiran”, dijo otra de las víctimas a la periodista.

En su caso, esta mujer contrajo este tipo de matrimonio con un clérigo que luego la obligaba a acostarse con otros hombres a los que cobraba grandes cantidades de dinero.

En ocasiones ambas partes, “esposos” y clérigos, se ponían de acuerdo para engañar a las mujeres a las que arrastraban a estos enlaces.

Uno de los clérigos aconsejó a un interesado que no le dijese donde estaban sus oficinas para que la mujer no pudiese ir a pedir explicaciones o a reclamar. “Confía en mí. Es mejor así”, le dijo, según apunta el medio británico.

Cuando el supuesto matrimonio era con una niña, el consejo era no despojarla de su virginidad.

En una de las interacciones entre el reportero y el religioso, el primero le preguntó qué pasaría si lo hiciese. Él le preguntó si la familia de la niña sabía dónde vivía, el periodista respondió que no, a lo que le contestó que entonces no habría peligro y que podría irse sin más.

Las reacciones a la información de la BBC no se hicieron esperar y todas las altas figuras religiosas y civiles a las que la cadena pidió declaraciones condenaron el proceder de estas personas.

El Ayatola Sistani, del que algunos de los clérigos del reportaje se declararon seguidores y que había publicado libros defendiendo estas prácticas, dijo que los tiempos habían cambiado y que ya no aparecían en sus publicaciones y nueva ediciones.

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