Padres que trabajan buscan ayuda de los abuelos
Por ahora dejaron de existir aquellos días cuando Bill y Mary Hill, retirados, podían hacer lo que quisieran. Desde que su único nieto comenzó la escuela han dejado de leer el periódico con calma en las mañanas, dejado de hacer sudoku o quedarse tranquilos en su cabaña de Colorado para combatir el calor de Arizona.
En vez, cada día que hay escuela, bajan en un carrito de golf a recibir a su nieto Will de 8 años en la entrada de su comunidad en los suburbios de Phoenix.
Bill de 72 años y quien fue administrador de deportes de college y Mary, de 70 años, quien trabajó como enfermera titulada, se ofrecieron para quedarse con Will cinco días a la semana y supervisar la enseñanza a distancia después que se les exigió a su hijo y a su nuera reportarse a la escuela donde trabajan como maestros.
“Al principio dijimos nos encantaría formar parte de esto y poder ver más a menudo a nuestro nieto y llegar a conocerlo mejor”, dijo Mary. “A la misma vez pensamos ‘Dios mío’. Sabíamos que esto nos iba a cambiar la vida, y así ha sido. Estamos mucho más ocupados”.
Ya sea que los estudiantes aprendan en la escuela o en casa, o que aún no estén en edad de asistir a ella, los abuelos han tomado el papel de cuidadores. Muchos de ellos están contentos de trabajar sin ganar un salario, mientras que otros han aceptado dinero de sus eternamente agradecidos y agotados hijos adultos.
Los Hills se dieron cuenta que no siempre es fácil esta tarea.
“La parte más difícil es no ser solo unos abuelos que les dan caramelos, juegan y llevan a los niños a comer helado. Ahora hay normas en la casa. Los niños tienen que tomarse al menos un vaso de leche al día, leer algo extra y cosas así”, explicó Mary.
Muchas personas mayores que viven en hogares con múltiples generaciones o son abuelos-guardianes, tienen que navegar las interacciones diarias con los jóvenes, desde cenas hasta un abrazo a la hora de acostarse a dormir, para evitar contagiarse de COVID-19. Otros, como los Hills, nunca han estado tan cerca físicamente de sus nietos. Esperan que la burbuja que han creado los proteja a todos.
En Brooklyn, Mary Pupko, de 64 años, es una costurera retirada que padece de múltiple esclerosis. Recientemente se mudó de Seattle para estar más cerca de su hija Elisa Pupko, el esposo de Elisa y su nieta Evelyn, de casi tres años.
“Debido a su salud somos extremadamente cuidadosos con las medidas de COVID”, contó Elisa hablando de su madre. “No la vimos durante las 10 primeras semana del cierre, pero eventualmente nos dimos cuenta de que necesitábamos ayuda con el cuidado de la niña, y ella estaba sola en su apartamento. Además, nos extrañábamos mucho”.
Elisa y su esposo compraron un carro de manera que pudieran llevar y traer a su mamá para que ayudara con Evelyn mientras ellos trabajaban fuera de casa.
Mary mantiene a su nieta ocupada leyéndole cuentos, haciendo rompecabezas y jugando en su habitación desde las 9 a.m. hasta mediodía. Almuerzan todos juntos, luego Evelyn toma un descanso (ya no quiere dormir siesta) mientras su abuela sí la duerme.
Luego toman una merienda y otra vez juegan hasta la hora de la cena. Otra vez la familia se reúne a cenar y luego uno de los padres lleva a Mary a su casa mientras el otro acuesta a Evelyn.
“Al principio fue muy difícil. Me di cuenta de que era mucho más duro de cuando tenías 20 o 30 años”, comentó Mary, quien crió dos hijos sola después de ser diagnosticada con MS. “Pensé, OK, ¿cómo puedo hacer esto de manera que no esté tan cansada y pueda funcionar? Me dije, ‘tengo que tomar descansos’. Luego me levanto y comienzo la segunda parte del día”.
Para los Hills, una hora de tiempo de descanso es una de las nuevas normas de la casa. En ese tiempo Will se entretiene solo. Ese tiempo de descanso a veces significa una siesta para esta pareja de abuelos.
“Es mucho más trabajo del que pensé que tendría”, dijo Bill. “A las 8 de la mañana tengo que estar listo”.
Todo esto le suena conocido a Donna Sasse de Danville, California.
Su hija, Aimee Gross, le ha estado pagando $200 a la semana por cuidar a Shea, su único nieto que ahora tiene 13 años. Pero estuvieron en cuarentena por separado durante los tres primeros meses. Cerca del mes de junio decidieron unir fuerzas. Sasse ha estado ayudando de vez en cuando durante el verano, haciendo mandados y llevando a Shea a la práctica de pelota dos veces por semana.
Ahora que la escuela ha comenzado por Zoom, Sasse ayudará más días a la semana con la escuela. Abuela y nieto también juegan golf a menudo.
“Hasta este año lo hacíamos todos los días”, dijo Sasse, quien es viuda, tiene poco más de 70 años y trabaja como consejera de vida (life coach) y está tratando de mantener su casa a base de un sueldo fijo. “Me hace mucha falta. Fui una madre soltera que crió dos hijos sola. Pero ahora que estoy mayor, más sabia, más calmada y tengo tiempo, yo soy la persona que me gustaría haber estado con mi hija y mi nieto. Eso es un regalo”.
Renee Fry, CEO y cofundadora de un negocio en línea de planificación testamentaria, tomó un rumbo diferente.
Su madre, Pat Fry de 73 años, es una maestra de ciencias de octavo grado retirada. Renee y su hijo de 9 años, Liam, dejaron su casa en Quincy, Massachusetts, poco después del comienzo de la pandemia en marzo y se mudaron con sus padres a las afueras de State College, Pennsylvania, de manera que Pat pudiera supervisar la enseñanza en línea de Liam.
El marido de Renee ha seguido trabajando y regresa a la casa pasar los fines de semana largos, tomando extremas precauciones y manteniendo distancia social. El padre de ella padece de Alzheimer y también vive en la casa con ellos en Pennsylvania.
“No podíamos con las dos cosas; tratar de enseñar a nuestro hijo y llevar un negocio”, comentó.
El cuarto grado aún no ha comenzado pero la escuela privada a la que asiste Liam le han dado a los estudiantes mucho trabajo escolar durante el verano de manera que puedan reponer los meses que perdieron durante la primavera de un año académico caótico. No se sabe aún si Liam regresará al salón de clases cuando comience el colegio.
“Ha sido una bendición tenerlos aquí”, cometó Pat. “El le da alegría a nuestras vidas. Realmente lo hace. Y yo siempre he disfrutado la enseñanza”.
Liam ve una diferencia fundamental en cuanto a la enseñanza a distancia cuando su madre es quien está a cargo o cuando es su abuela. “Mi madre me dice las contestaciones. Mi abuela no”, dice el niño señalando a Pat.
Los abuelos pospusieron regresar a Illinois, que es de donde son, de manera que Pat pueda continuar ayudando a Liam.
¿Y qué me dicen de esas nuevas matemáticas?
“Mi madre está moralmente opuesta a las nuevas matemáticas”, bromeó Renee. “Yo tengo un MBA de Harvard y no las entiendo”.
Al igual que Will en Arizona, Liam tiene nuevas responsabilidades en casa de sus abuelos. Trabajos que incluyen recoger diariamente los tomates, hacer su cama y ayudar a lavar la ropa.
“Ya aprendió a pasar la aspiradora”, contó Pat. “Aprendió lo que es una tendedera de ropa y cómo limpiar la bañera. No es que le guste mucho que digamos...”
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de septiembre de 2020, 0:17 p. m. with the headline "Padres que trabajan buscan ayuda de los abuelos."