La España vacía. Crónica sobre los que se quedaron
Con la publicación de “La España vacía: Viaje por un país que nunca fue” (2016), el periodista y escritor español Sergio del Molino (Madrid, 1979), desató un debate sociocultural y político que ha ido acrecentándose. Sonaron todas las alarmas sobre la despoblación crónica que padece el mundo rural español, muy perjudicial tanto para la ciudad como, también, para el campo. Porque España en 2021, según estadística de EpData, alcanzó alrededor de los 47.3 millones de Habitantes (en lo adelante H). Sin embargo, paralelo a este crecimiento demográfico crece también el fenómeno de la España Vacía en el ámbito rural.
¿Cuántos en el campo y cuantos en ciudad?
Tras Estonia, Finlandia y Letonia, España es el país europeo con mayor número de municipios en riego de despoblación, hasta el 42,2 % de los municipios, cuya densidad es inferior a 12.5 H por Km2. El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de España, recoge que el 16.2 % de la población (7,594,111 H) estaba censada en 6,676 municipios denominados rurales, con menos de 10,000 H. Una densidad inferior a 100 H Km2 que representa el 84.1% del territorio nacional. Por lo que el 30% del territorio español concentra hasta el 90% de la población. En otras palabras, Madrid (6,745,591 H, 2021) y el litoral acoge a 42 millones, mientras que 4.6 millones está desperdigado en el 70% restante del territorio interior nacional.
La pandemia por Covid 19 ha revalorizado el habitar del mundo rural, provocando que la gente joven, y no tan joven, vean las ventajas de tener una vida más asequible y sana en el campo. España trabaja en un pacto de Estado que vincule acuerdos entre PSOE-PP-Unidas Podemos, principales partidos nacionales de gobierno junto a los 17 gobiernos autonómicos, para pactar una política comprometida con la recuperación y empoderamiento del habitar rural, apoyados también por fondos de la CCE. La rocambolesca combinación entre Política de Estado y Pandemia, comienza a palear la desolación rural donde se ven ya brotes verdes. Comienzan a gotear familias hacia los espacios rurales (los conocidos como neo rurales), emprendiendo nuevos negocios (Turismo Rural, Cultivos ecológicos, etc.), o retomando novedosamente los tradicionales, pero la sangría del mundo rural español continua. Sobre todo, porque una burocracia como la de los tiempos de Felipe II, empantana la necesidad urgente de renovar las infraestructuras rurales y de irrigar créditos a las nuevas propuestas empresariales.
Los que se quedaron, cuando ya nadie quedaba
Se escucha un repiqueteo suave de cencerro envuelto de aire fresco en la ladera frente a casa. Amanece y las ovejas forman hilera como si fuera una tira blanca y temblorosa colgada del fondo verde de la montaña. Una perra mediana, color hueso, va detrás poniéndolas a ralla.
Delante un perro gris gigante las comanda. En cabeza del pelotón de 250 animales, entre ovejas y cabras, va Manolo dando voces que cambian la dirección de un rebaño zigzagueando entre la vegetación de pinos, arbustos y encinas. Levantando una ligera polvareda que parece humo disipado por la montaña. Miro por los prismáticos, levanto la mano y él responde. Lleva en Rejano (35 H, 2016) toda una vida, de pastor toda una vida, pero ahora también de agricultor. El cambio es ley de vida, sí, pero ahora la vida cambia muy rápido, incluso en lugares como Rejano apartado del mundo, aunque no aislado, metido en el seno de la Sierra de Baza en Granada.
Manolo nació aquí, en casa de sus padres en 1957, y a los veinte años se fue a la mili (servicio militar obligatorio) como marinero, ayudante del capitán de un barco de la armada española. A su regreso, Rejano todavía tenía escuela y tienda que al poco tiempo cerraron, como mismo cerraron sus casas otras tantas familias para irse a Baza (20,519, H, 2018), capital comarcal y a Barcelona (1,664,162 H, 2021). “Aquí, o trabajas la tierra o cuidas ovejas -confiesa Manolo- y pagan muy poco”. Los viejos fueron muriendo y los jóvenes, como sus tres hijos, José, David y Cristina marcharon a la ciudad y el pueblo quedó vacío.
El y Pepa, su mujer nacida en 1962 en Caniles (4,060 H, 2018), se quedaron porque le gusta su vida en Rejano, les gusta el campo. Les gusta el jardín frondoso con flores y árboles frutales de su amplísima casa, les gusta la huerta, el viñedo y los animales. “Las ovejas son como las personas -dice Manolo con seño fruncido de ojos pequeños y azules- hay que darles de comer dos veces: cuando amanece y, después, cuando anochece”. Porque en verano el sol pega a más de 30 grados, y el rebaño no come, como si se le atragantara el pasto de tanta sequedad. Manolo lleva un palo como bastón, del hombro cuelga un pequeño zurrón de cuero con queso, chorizo, pan y vino. Queso, chorizo, pan y vino ‘made in’ Rejano y acopiados en su bodega.
Rejano está a 1,079 metros de altura sobre el nivel del mar, a unos 50 minutos de Granada capital (233,648 H, 2020). En Granada provincia, el verano raja las piedras y, en invierno, hace un frío seco que pela, humedecido por tupidas nevadas. En invierno se podan los árboles, hay que sembrar y el rebaño no sale. Manolo les da cebada almacenada en el establo, cultivada en su parcela de La Rambla Ancha. Escasean las lluvias, sin embargo, la tierra seca como arenisca mezclada con piedras negras y blancas, tiene agua debajo y el cultivo prolifera. De frutos y hortalizas está sembrada toda la rivera de La Rambla Ancha. Rambla que, miles de años atrás, fuera el cauce de algún río serpenteando entre las montañas de la sierra formando valles, unas veces estrechos, otros más amplio como La Rambla Ancha. Por eso los de La Rambla Ancha se autodenominan Ramblancheros y no Rejaneros.
Cuando Manolo regresó de la mili en 1980 trajo 150,000 de las antiguas pesetas, ganadas comprando y revendiendo tabaco, bebidas, radio cassette, relojes y otras bisuterías de contrabando entre los puertos de Cádiz, Ceuta, Melilla y Las Islas Canarias. Por esos años, también vendimió en Francia, entonces cada Franco cambiaba a 27 Pesetas. Juntó dinero y construyó su casa en parcela heredada del padre que, en 1943, por ser rojo, no fue fusilado en Salamanca por los franquistas, gracias a que el cura de la prisión le conocía. En 1984 Manolo se casó con Pepa, el mismo año que el gobierno socialista de Felipe González construía los pozos de agua para irrigar La Rambla Ancha. Nacen sus hijos y poco tiempo después, abren un bar. Paga a un pastor para sacar el rebaño, pero entre los impuestos, los precios bajos (el CubaLibre, Ron con Coca Cola: 15 pesetas) y que la gente se iba del pueblo, tuvieron que cerrarlo y volver a lo de siempre. Pero amplió la casa, compró un tractor, aumentó la producción de almendras, carne, lana, leche, hortalizas y uvas, para su “vino del País”. Un rosado muy clarito, degustado en almuerzos y cenas los fines de semanas con los hijos y nietos, o cuando pasan sus paisanos. No faltan los quesos, el jamón, las morcillas, los chorizos, las migas y los panes, todo “del país”.
Futuro: La ruralidad informatizada y la ciudad acampada
Suena el claxon, es la furgoneta Peugeot blanca que trae dos veces a la semana pan y repostería fresca de Caniles. La que sube pescado fresco de Almería, pasa también dos veces y, ambas, aparcan en La Rambla Ancha y en Rejano. Así era desde casi veinte años atrás (2002) que conozco Rejano, en coche a más de 5 horas de Madrid. Cada verano, o en Semana Santa, pasaba las vacaciones con la familia.
Desde entonces emigraron, o han muerto algunas personas que conocía, pero también han comenzado a llegar otras. Algunas, retornadas de Barcelona, reconstruyendo sus antiguas casas y residiendo largas temporadas. Pero también se han asentados británicos y alemanes, y, sobre todo, comienzan a verse infantiles de La Rambla Ancha y Rejado, que el autobús lleva y trae a la escuela de Caniles. Hay telefonía satelital para teléfono fijo; los celulares necesitan todavía antenas cercanas para ampliar la cobertura, porque solo es posible en alguna zona de La Rambla Ancha, (cuyos agricultores siguen esquilmados en los precios impuestos a sus hortalizas y frutos por las grandes superficies). En cambio, hay internet de banda ancha.
“Eso es imposible en la Sierra de Baza” -me dijeron apenas hace cuatro años. Sin embargo, ahora hago video conferencia con el resto del mundo, envío y recibo archivos imprescindibles para trabajar entre España y Estados Unidos, por ejemplo. El futuro es una ficción, no existe, no está vivo, pero gracia a él tenemos un presente que nos permite soñar con la vida. Una vida cuya promesa es que lo mejor esta por venir y encontrar un habitar conectado con el universo y, en esta apuesta, sólo cuenta que seamos capaces de encontrarlo.
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de noviembre de 2021, 8:09 a. m. with the headline "La España vacía. Crónica sobre los que se quedaron."