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Trasfondo

Religiones afrobrasileñas, entre el brillo del carnaval y la sombra de la discriminación

Practicante en un centro umbandista en Río de Janeiro.
Practicante en un centro umbandista en Río de Janeiro.

En los talleres de una escuela de samba, Leandro Vieira supervisa los preparativos para su desfile del Carnaval de Rio, que exaltará la riqueza espiritual del candomblé, una de las principales religiones afrobrasileñas.

A pocos kilómetros de allí, en el barrio de Maracaná, “mãe” Fernanda, sacerdotisa de umbanda, otro de estos cultos, recoge entre lágrimas los destrozos en su templo o “terreiro”, vandalizado.

Lo encontró en ruinas: ventiladores arrancados, equipos robados, elementos sagrados destruidos. En el suelo, entre los restos de la imagen de Oxum, la diosa del amor, los perpetradores dejaron una Biblia.

Oxum y otros orixás, deidades africanas, fueron honrados por la mayoría de las doce “escolas” que compitieron la semana pasada en el Sambódromo de Rio.

Miles de espectadores aplauden esos mitos y rituales surgidos con la llegada de cinco millones de esclavos traficados a Brasil.

“Este país tiene el desfile de las escuelas de samba como un patrimonio artístico de valor incalculable, vendido al mundo como una marca de la cultura brasileña, pero discrimina las religiones de matriz africana”, dice Vieira, director artístico de la escuela Imperatriz Leopoldinense, de 41 años.

Esa paradoja “demuestra que la sociedad brasileña entiende mal el aporte estético, artístico y social de la cultura negra”, lamenta.

En favelas y suburbios urbanos empobrecidos, sacerdotes y “filhos” de cultos afrobrasileños a menudo sufren persecución de grupos criminales que prohíben estas prácticas en favor de cultos cristianos.
En favelas y suburbios urbanos empobrecidos, sacerdotes y “filhos” de cultos afrobrasileños a menudo sufren persecución de grupos criminales que prohíben estas prácticas en favor de cultos cristianos. Wikimedia Commons

“Carnaval lindo” o “demonización”

“Las personas aceptan el Carnaval, es lindo, pero nosotros sufrimos muchos prejuicios”, dice Fernanda Marques Franco dos Anjos, abogada de 42 años y “mãe” del “terreiro” Caboclo Pena Dourada.

“Nuestra realidad diaria es esta: estamos siendo silenciados, destruidos”.

Los actos contra la libertad religiosa aumentaron 81% en Brasil entre 2023 y 2024, según datos oficiales, confirmando una tendencia de varios años.

Con casi el triple de agresiones de un año al otro, los más afectados fueron fieles de umbanda y candomblé, cuyos cultos a veces se asocian erróneamente con prácticas de brujería o satanismo.

Además de esa “demonización”, se exponen a sufrir burlas y ofensas, intimidación, agresiones físicas o daños a la propiedad, según el Observatorio de Libertades Religiosas (OLR).

En un informe de 2023 presentado ante la ONU, esta red independiente de investigadores documentó casos de “terreiros” incendiados, sacerdotes amenazados y fieles que perdieron sus empleos.

“No puedes ser el ‘macumbero’ de LinkedIn”, ni “mostrar una guía (collar de protección) en tu cuello” en Instagram, porque “muchas veces eso te cuesta el trabajo”, confirma Isabella Menezes Antas, de 41 años, “mãe” de Academia de Umbanda, un “terreiro” en el centro de Rio que también ha sufrido agresiones.

Una practicante vestida como el orixá Oba en Brasil; la posesión de seguidores por parte de los orixás es central en el Candomblé.
Una practicante vestida como el orixá Oba en Brasil; la posesión de seguidores por parte de los orixás es central en el Candomblé. Wikimedia Commons

De la mano del racismo

“La violencia siempre fue practicada contra las religiones de matriz africana”, dice Christina Vital, profesora de posgrado en Sociología de la Universidad Federal Fluminense.

“Se reconoce su importancia artística y cultural, pero esto no es suficiente para superar las razones que estructuran el racismo y la intolerancia”, afirma Vital.

A Maria Eduarda Oliveira, peluquera de 24 años y devota, un chico la llamó “mona macumbera” en la escuela.

“Eso me sacudió, pero como fui muy educada sobre (defender) mi negritud y mi historia, pude seguir adelante”, recuerda en la playa de Ipanema mientras ofrenda a Iemanjá, diosa del mar en estos cultos.

El estigma tiene un impacto incluso en la cultura popular. La estrella del funk Anitta perdió 300,000 seguidores en redes sociales tras mostrar su devoción por el candomblé.

Interior del terreiro o templo Axé Ilê Obá en São Paulo, Brasil.
Interior del terreiro o templo Axé Ilê Obá en São Paulo, Brasil. Wikimedia Commons

“Seguiremos sobreviviendo”

El académico y miembro del OLR Ivanir dos Santos atribuye la persecución al “crecimiento político de grupos evangélicos” y “grupos fundamentalistas cristianos”, que han buscado “sofocar” la herencia espiritual africana en Brasil.

La bancada evangélica es actualmente la más numerosa en el Congreso, en sintonía con el rápido aumento en las últimas décadas de los evangélicos, que ya representan casi un tercio de la población de 212 millones de habitantes.

En favelas y suburbios urbanos empobrecidos, sacerdotes y “filhos” de cultos afrobrasileños a menudo sufren persecución de grupos criminales que prohíben estas prácticas en favor de cultos cristianos, según el informe del OLR.

El ministerio de Igualdad Racial ha establecido el canal Disque 100 para denuncias. Su titular, Anielle Franco, enfatiza que trabajan en políticas de protección y educación.

“La gente debe entender y respetar que todos tienen derecho a adorar y agradecer a su religión”, dice la ministra.

Los brasileños que declaran profesar religiones de origen africano (600.000, según el último censo de 2010) se mantienen, como dice Ivanir dos Santos, “en resistencia”.

“Nuestros ancestros sobrevivieron a la esclavitud. Incluso con esta violencia, seguiremos sobreviviendo”.

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