La Ceramic League of Miami celebra 75 años moldeando barro con una exhibición en la Fundación Pablo Atchugarry
A menudo relegada a los márgenes de la historiografía del arte, la cerámica es una expresión estética y cultural de gran profundidad y resonancia. Desde las esculturas narrativas de Grayson Perry o las formas experimentales de Beate Kuhn, hasta las pinturas matéricas de Julian Schnabel —creadas sobre fragmentos cerámicos rotos—, este medio ha trascendido su función utilitaria para afirmar su lugar como un potente lenguaje expresivo. En América Latina, artistas como Amelia Peláez, Gustavo Vélez y Geles Cabrera han demostrado cómo la cerámica puede convertirse en vehículo de identidad, modernidad y resistencia cultural.
Ese potencial transformador ha echado raíces en Miami, donde la Ceramic League of Miami lleva 75 años promoviendo la cerámica como un arte vivo, accesible y profundamente arraigado en la comunidad. Fundada en 1950 por un grupo de mujeres que se reunían en casas y garajes para trabajar con arcilla, la Liga ha evolucionado hasta convertirse en una institución singular en el sur de Florida. Su sede actual, de 5,000 pies cuadrados —con talleres y un amplio patio trasero— alberga hornos de gas, eléctricos, soda y RAKU, además de zonas para técnicas tradicionales como el pit firing.
“Lo que nos distingue es el amplio rango de posibilidades técnicas que ofrecemos”, explica James Herring, presidente de la organización. “Incluso contamos con un laboratorio de esmaltes donde los miembros pueden mezclar sus propias fórmulas, algo que normalmente solo se encuentra en estudios universitarios. Convierte el lugar en un verdadero laboratorio creativo”. Pero más allá del equipo, Herring subraya que el motor real de la Liga ha sido siempre su gente: “El secreto de nuestra longevidad es la comunidad que mantiene vivo este lugar. Generaciones, culturas y caminos creativos convergen aquí. Esa riqueza humana crea una red de amistad, colaboración y aprendizaje que se transmite de un hacedor a otro como una tradición viva”.
Ese intercambio intergeneracional es especialmente significativo para Hanna Banciella, artista de 26 años y una de las miembros más jóvenes. “Después de la universidad, fue difícil encontrar un espacio con los recursos y acceso que tenía allí,” dice. “La Liga me dio exactamente eso —y más. No era intimidante, era acogedora.” Con formación en dibujo y pintura en la University of Florida, con especialización en cerámica, ve su práctica como interdisciplinaria: “La cerámica es un material complementario en mi trabajo, pero añade una capa de profundidad. Me conecta físicamente con el proceso. No tengo mi propio horno ni equipo aún, así que estar aquí es un regalo. Es asequible, está completamente equipado y ofrece una comunidad que no puedes replicar por tu cuenta”.
Esa diversidad de voces y experiencias se refleja en la dirección artística de la Liga. Adler Guerrier, artista visual y actual presidente del comité de exposiciones, afirma que la cerámica ya ha superado la visión jerárquica que la colocaba por debajo de la pintura o la escultura. “En 2025, la cerámica es una de las formas más expresivas del arte contemporáneo. Ya no hay que justificar si es arte o artesanía. Basta con ver cuántos museos y galerías la incluyen en sus colecciones permanentes.” Para él, al igual que la fotografía o el grabado en su momento, la cerámica “ha tenido que luchar por su lugar, pero hoy su valor es innegable”.
La celebración del 75.º aniversario incluye una exposición conmemorativa en la Fundación Pablo Atchugarry, en Little Haitti, que reúne a más de treinta artistas locales y muestra la vitalidad de la cerámica en el sur de Florida. Participan Hanna Banciella, Barbara Bernstein, Debra Burch, Celine De Paz, Nan Ernst, Polo Ramírez, James Herring, Catherine Yang, Sabine Zerarka, entre otros. La muestra, curada por Richard Notkin, figura clave de la cerámica contemporánea estadounidense, está formada por piezas intrincadas que exploran temas políticos, sociales y medioambientales.
Guerrier, miembro de la Liga desde hace cinco años, también ha incorporado la cerámica a su propia obra. “He tomado clases y creado piezas que luego formaron parte de mis fotografías y dibujos. Cuando estás tan cerca de un proceso desde el inicio hasta el resultado final, es imposible no participar. Es fascinante”.
Para Banciella, aprender directamente de miembros más experimentados ha sido igualmente enriquecedor:“Estás rodeada de personas que han trabajado la arcilla durante décadas —algunas profesionalmente, otras por pasión— y todos son generosos con su conocimiento. Técnicas, materiales, ideas... todo se comparte. Ese tipo de intercambio ha moldeado mi forma de trabajar y mi forma de ver la cerámica”.
Aunque la Liga funciona principalmente como estudio y espacio formativo, no cuenta con sala de exhibiciones propia. Por ello, ha promovido alianzas con instituciones externas para mostrar el trabajo de sus miembros. “Colaboramos con universidades, museos y galerías comerciales,” explica Guerrier. “En el pasado, trabajamos con el Lowe Art Museum, el Museum of the Americas y este año con la Fundación Pablo Atchugarry. Estas alianzas nos permiten exponer en espacios con curaduría profesional y público consolidado”.
Este alcance continuará en los próximos meses: “En septiembre presentaremos una muestra colectiva en la Bernice Steinbaum Gallery, con obras de miembros de la Liga y posiblemente algunos artistas invitados,” adelanta Guerrier. “La propia Bernice participará en la selección de obras”.
Estas colaboraciones amplifican la misión central de la Liga: “Hacemos objetos bellos, y los espacios de exhibición saben cómo presentarlos. Juntos logramos que el arte cerámico llegue más lejos”.
Fiel a su vocación educativa, la Liga mantiene un sólido programa de residencias artísticas, clases magistrales y talleres para estudiantes y jóvenes en general. “Queremos que las nuevas generaciones vean la cerámica como un lenguaje expresivo con el que pueden crecer,” añade Herring.
Banciella coincide: “Mi sueño es tener algún día mi propio estudio y horno. Pero hasta entonces, la Liga hace posible que siga trabajando y evolucionando. Es un puente entre la escuela y la práctica profesional —un espacio que te permite crecer.”
Y ese tal vez sea el mayor legado de la Ceramic League of Miami: no solo preservar el arte cerámico, sino moldear su futuro, con firmeza, persistencia y siempre en manos de su comunidad.
“75 Años moldeando comunidad a través del barro: Exposición de Miembros por el 75.º Aniversario de la Ceramic League of Miami”, Fundación Pablo Atchugarry, 5520 NE 4th Ave., Miami. De martes a sábado, de 11 a.m. a 5 p.m., hasta el 30 de agosto. Entrada libre Más: 305 639-8247 / ceramicleaguemiami.org