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Trasfondo

Louis Delaporte, entre Angkor y Loches

El Ministerio de Cultura de Francia considera el castillo de Loches un monumento histórico desde el 21 de mayo de 1861.
El Ministerio de Cultura de Francia considera el castillo de Loches un monumento histórico desde el 21 de mayo de 1861.

En colaboración con el Museo Guimet de París, en donde se exhiben en este momento y durante tres meses los bronces de Angkor (actual Camboya), la ciudad de Loches, en el sur de la Turena francesa, celebra el centenario del fallecimiento de uno de sus hijos más ilustres: el oficial de la Marina, dibujante y explorador francés Louis Delaporte (1842-1925).

Se trata de un acontecimiento de gran relevancia en que el mayor museo francés dedicado a las artes asiáticas (el Guimet) y dos sitios patrimoniales públicos de la ciudad de Loches (la Residencia o logis real y el Museo Lansyer) se han asociado para rendir tributo a quien se convirtió en el embajador del arte y la cultura jemeres en la Francia de finales del siglo XIX.

A los 12 años, el joven Delaporte dejó atrás su ciudad natal, para estudiar en sendos colegios de Orleans y Lorient, antes de ser aceptado por la Escuela Naval de Brest (Bretaña) a los 16 años. Sus dos primeras expediciones tendrán lugar entre 1861 y 1863, a bordo de los navíos La Foudre y El Albatros, en ruta hacia México, seguidas de otra expedición a Islandia y de un primer viaje a los antiguos reinos de Siam y Cambodia en 1864, primer y revelador contacto con el Lejano Oriente, que se convertirá en la gran pasión de su vida.

Una acuarela de Loches realizada por Louis Delaporte durante su infancia.
Una acuarela de Loches realizada por Louis Delaporte durante su infancia. Fotos cortesía/William Navarrete

Desde su infancia, Delaporte demostró un talento particular como dibujante. Varios dibujos con técnicas mixtas de acuarela y carboncillo realizados durante sus primeros años de vida sirven de antesala a la exposición. Más tarde podremos ver que estos dones artísticos fueron un elemento determinante para que se le asignara la misión de acompañar la expedición de 1866 a través del río Mekong, en la antigua Cochinchina colonial francesa, junto al comandante Doudart de Lagrée y otros miembros del equipo, algo que terminará llevándolos, hasta las ruinas de Angkor.

En una carta dirigida a su familia en Loches dirá que esas ruinas son “magnificas y enormes”, para añadir que “la realidad supera toda imaginación, desde la primera ojeada…”. Evoca incluso las dificultades de abrirse paso en medio de la maleza intrincada y bajo un sol despiadado, en un sitio en donde ni siquiera hay un solo sendero trazado que permita recorrerlo.

Los viajes de Louis Delaporte.
Los viajes de Louis Delaporte. Fotos cortesía/William Navarrete

Como me explicó Olivier Chable, responsable de la comunicación de la Oficina de Turismo de Loches quien me recibió y acompañó durante las visitas, una de las razones por las que Delaporte es venerado en Camboya, incluso hoy en día, es por su enfoque justo y humanista de la arqueología. Contrariamente a muchos expedicionarios de la época, se opuso al pillaje de los sitios arqueológicos que exploraba y, en no pocas ocasiones, prefirió utilizar moldes para reproducir las piezas, en lugar de sacarlas del contexto en donde se encontraban. De este trabajo con los moldes, la exposición de Loches ofrece excelentes ejemplos. De hecho, en la última sala de la Residencia real se explica la técnica que utilizó en Angkor para diseñar, moldear y transportar las piezas dentro de pesadas cajas desde Indochina hasta las orillas del Sena.

Dos piezas de Angkor exhibidas en Loches.
Dos piezas de Angkor exhibidas en Loches. Fotos cortesía/William Navarrete

En 1873, ya teniente de navío, regresa a Angkor, encargado por el Ministerio de Instrucción Pública francés de reunir piezas clave del arte jemer para exhibirlas en Francia. Delaporte prevé grandes moldes y escoge algunas esculturas que, a su regreso a París, el Louvre rechazará. Fue entonces que, en el marco de la Gran Exposición Universal de París de 1878 consigue la valorización de estas piezas, dándolas a conocer al público de la capital francesa. Tanto fue su empeñó y la pasión con que defendió el arte de Angkor que consiguió, no solo exponer grandes reconstituciones en yeso de conjuntos monumentales jemeres, sino mostrar otras piezas que conservaba entonces en Compiegne. Seis años después, en 1884, y después de mucho insistir, logró la construcción de un primer museo enteramente dedicado a este arte en el sitio de Trocadero. Se convirtió desde ese momento y hasta 1924 en conservador del Museo Jemer, poco después llamado Indochino y extendido a otras culturas del sudeste asiático.

Otra pieza de Angkor presente en Loches.
Otra pieza de Angkor presente en Loches. Fotos cortesía/William Navarrete

La segunda parte de la exposición tiene lugar en un sitio especial, el célebre Museo Lansyer, consagrado a la vida y obra de este pintor también originario de Loches y cuya residencia en la Ciudadela Real es también un sitio emblemático. Paisajista reconocido en los círculos artísticos parisinos de la segunda mitad del XIX, Emmanuel Lansyer y Louis Delaporte vivieron en Loches en el mismo periodo. La casa de este último (aún en manos de sus descendientes), al pie del torreón defensivo medieval iniciado hacia el año 1000 por Foulques Nera, no dista mucho de la residencia del segundo, heredada de su madre y convertida en museo en 1902, una década después de su muerte.

Uno de los moldes utilizados por Delaporte a partir de los originales de Angkor.
Uno de los moldes utilizados por Delaporte a partir de los originales de Angkor. Fotos cortesía/William Navarrete

En una de las salas del museo, después de admirar muchos de los lienzos de Lansyer, así como documentos, su rica biblioteca, objetos personales, grabados de Piranese y del Canaletto, fotografías personales y otros testimonios relacionados con el artista, nos adentramos en la sala 5 enteramente rehabilitada para acoger las muy variadas publicaciones de Delaporte sobre Angkor y la historia del primer museo dedicado a las artes de Indochina en París.

Curiosamente, algunas piezas relacionadas con Delaporte y Angkor se encontraban antes de 2013 en el Museo Lansyer. Ese mismo año, la Municipalidad decidió que no estaban en el sitio apropiado y pidió a sus descendientes que las recogieran. Fue Hayaux du Tilly, bisnieto del intrépido explorador, dudando de la legitimidad de poseerlas, quien alertó a un conservador del Museo Guimet de París, quien terminó descubriendo que se trataba de piezas del antiguo Museo Indochino fundado por Delaporte, y que habían sido prestadas por el museo para una exposición en la década de 1930 en Loches. Sin que nadie se diera cuenta durante 70 años, las piezas nunca fueron devueltas.

La segunda parte de la exposición en el museo Lansyer.
La segunda parte de la exposición en el museo Lansyer. Fotos cortesía/William Navarrete

Hasta el 21 de septiembre las exposiciones sobre Angkor pueden ser visitadas tanto en París como en Loches. Venir hasta este pueblo del sur de la Turena es también una oportunidad de descubrir un patrimonio impresionante, además de pueblos y sitios de mucho interés en su área de influencia, y de los que les hablaré en próximas entregas.

William Navarrete es escritor establecido en París.

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