Casa San José, un ejemplo de apoyo a los migrantes en Pittsburgh
Estados Unidos se ha convertido en uno de los mayores focos de atención sobre el tema migratorio en el mundo. Organizaciones de derechos humanos han señalado que en el país, las personas migrantes enfrentan grandes dificultades que van desde detenciones violentas y separación familiar hasta deportaciones.
Algunas ciudades estadounidenses, como Pittsburgh, en el estado de Pensilvania, cuentan con organizaciones que apoyan a la comunidad migrante. Entre ellas se encuentra Latino Community Center, fundada y dirigida por Rosamaría Cristello. Ella ha declarado a medios locales que esta organización tiene más de ocho años de existencia y que anualmente atiende entre 1,800 y 2,000 familias, la mayoría procedentes de Guatemala, México, Venezuela y Ecuador.
Esta organización asegura que existe porque a quienes la conforman les importa lo que está pasando en el mundo, especialmente en lo que respecta a la infancia y a la juventud. Según su página web, la misión de la organización es construir una comunidad “en la que todos sean valorados y tengan un acceso igual y equitativo a los recursos necesarios para prosperar”.
Casa San José, un punto de referencia
Otra de las organizaciones humanitarias es la Casa San José. Su directora ejecutiva, Mónica Ruiz, explicó cómo ayudan a los migrantes que han llegado en estos últimos años: “La población de migrantes, específicamente latinos, aquí en Pittsburgh es muy pequeña, pero los que hemos llegado en los últimos diez años somos bastantes. La población ha crecido más de un 80% y sigue creciendo”, afirmó.
Ruiz señala que si al llegar, una persona migrante va a las escuelas o a alguna oficina en busca de ayuda, se encontrará con que nadie habla español. “Este es uno de los grandes problemas que tenemos acá. En muchas ocasiones ayudamos con eso y también creamos programas dentro de las organizaciones para que las personas puedan tener acceso inmediato a recursos sin tener que batallar con el idioma”.
Detalla que tienen un programa, llamado Casita, en el que a través de las escuelas, ayudan a los más pequeños que acaban de llegar para que aprendan un poco más sobre la cultura estadounidense. “También conectamos a los papás con las escuelas y a los maestros con los papás, es un programa muy bueno porque ya sabemos que en otros países el sistema educativo es diferente, y pues ya están acá y deben aprender cómo funcionan las cosas”.
Agrega, la directora, que desde la organización también trabajan el liderazgo con los jóvenes, ellos participan en muchas actividades, hablan con los adultos de la ciudad... incluso, pueden tener acceso a charlar con el gobernador sobre lo que está ocurriendo en el país.
“Enfoque en las personas, no en sus orígenes”
Casa San José fue fundada por Janice Vanderneck en 2013, una religiosa de la congregación Hermanas de San José de Baden. “Nosotros traemos sus valores en lo que hacemos y no preguntamos cuál es tu estatus o dónde naciste. Nada de esas cosas nos importa, siempre tratamos a las personas con dignidad y respeto lo cual es una cosa que hace falta, no solo aquí en Estados Unidos, sino en todo el mundo”.
Para nosotros la vocería, (el boca-oreja) es muy importante -nos dice Ruiz- y agrega que promueven políticas que ayuden a las personas migrantes a vivir sin miedo a saber si van a regresar a casa porque Migración los agarró, o si al ir por la calle alguien les hace algo solamente por el color de su piel o porque no hablan inglés. “Así como hacemos los servicios sociales, al mismo nivel estamos haciendo la abogacía”, subraya Ruiz.
Tenemos otro programa Respuesta Rápida, que es, como reza su nombre, para cuando hay una redada de inmigración en un lugar, nosotros —que contamos con un grupo de voluntarios de más de 500 personas—, ante un “llamado” se pueden personar dos, tres, veinte o más, y tomar videos de todo lo que está pasando. Y esta labor es tan oportuna, que en algunos casos, los mismos oficiales de migración se frustran y acaban yéndose. Incluso en otras situaciones, al menos quedan los nombres de las personas detenidas para avisar a sus familiares, y eso, nos ayuda con la abogacía que hacemos, explica.
Pero si hay una cosa que también le preocupa a Mónica Ruiz es difundir en que este programa sirve para que llegue a la población estadounidense que vive ajena a lo que está pasando con los migrantes, para que vean la dura realidad a la que se enfrentan cada día. Y es más “también permite identificar las tácticas que está usando la Agencia de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) para detener a la gente, y así ayudar a otras personas a protegerse”.
Pittsburg, una política social pionera
“Aquí, en Pittsburgh, que es una ciudad bien pequeña, hace como diez años logramos una política que implica que la policía de esta ciudad no va a ayudar a ICE, lo cual es algo muy importante”, nos comenta Ruiz.
Además, desde Casa San José educan a alcaldes, distritos de policía, escuelas, iglesias y otras instituciones sobre cómo pueden implementar políticas en sus espacios para proteger realmente a los migrantes. “Pero es bien difícil, porque en Pittsburgh, donde nosotros estamos, los latinos solo somos el 3% de la población. Casi todos son americanos blancos, y es un lugar del país donde las personas han vivido por generaciones —sus abuelos, bisabuelos—, y muchos de ellas son racistas y no quieren a los latinos ni a ningún migrante”, lamentó Ruiz.
La hermana fundadora Janice Vanderneck, ha entrado a iglesias y a muchos lugares para hablar y educar a la gente sobre lo que en realidad está pasando y cómo deberíamos usar la religión para que las personas entiendan por qué se van de sus países y, cuando llegan acá, cómo deberían ser tratadas, contó.
Para Mónica Ruiz, no se va a “salir” de las políticas imperantes en Estados Unidos que se ejercen en contra las personas migrantes, hablando con una persona o dos o tres. “Nosotras tenemos que orar, protestar, educar y hacer todo, lo posible y ¡lo imposible!, para que la gente trate a los migrantes con respeto”.