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Trasfondo

Una muestra de la colección de la Hispanic Society de Nueva York en París

Vista general de la muestra ‘Espendor del barroco’. Muestra de la colección de la Hispanic Society de Nueva York en París.
Vista general de la muestra ‘Espendor del barroco’. Muestra de la colección de la Hispanic Society de Nueva York en París.

Hace más de dos décadas, durante una larga estancia veraniega en Nueva York, tuve la oportunidad de visitar la Hispanic Society, sita en el Alto Manhattan, en un edificio que acoge desde 1904 la Biblioteca y Museo Español por iniciativa del filántropo Archer Milton Huntington. Las salas de aquel monumental edificio, algo anacrónico en el tejido urbano del barrio, me pareció entonces muy austero y, sobre todo, polvoriento. Como si independientemente de la innegable calidad de las piezas allí exhibidas, le hubieran caído los años sin que a nadie se le ocurriera pasarle la mano.

Felipe IV, retrato realizado por Juan Carreño de Miranda, 1545.
Felipe IV, retrato realizado por Juan Carreño de Miranda, 1545. Fotos cortesía / William Navarrete

Desde entonces volví a ver uno o dos lienzos provenientes de la colección de Huntington en alguna que otra exposición. Lo diferente ahora es que, por primera vez, podremos disfrutar fuera de la Hispanic Society de un cúmulo significativo de obras que se exponen por primera vez en Europa, acogidas por el museo Jacquemart-André, suntuoso palacete erigido en 1876 por Edouard André, otro apasionado coleccionista de arte. Fue Nélie Jacquemart, la esposa de este, quien ya viuda, legó en 1913 al Institut de France el espléndido edificio de la avenida Friedland, así como la totalidad de la colección que también supo enriquecer después de la muerte de Edouard.

Diego Velázquez, Retrato de Donna Olimpia Maidalchini, 1660.
Diego Velázquez, Retrato de Donna Olimpia Maidalchini, 1660. Fotos cortesía / William Navarrete

Los dos museos, el neoyorkino y el parisino, nacieron a poco tiempo de intervalo. Ambos se deben a la pasión y a la acérrima voluntad de sus fundadores, que renunciaron a sus carreras en los ámbitos industrial y financiero en que se destacaron sus padres para entregarse de lleno a sus pasiones por el coleccionismo.

Diego Velázquez, Bodegón, 1617, entre las primeras obras del artista.
Diego Velázquez, Bodegón, 1617, entre las primeras obras del artista. Fotos cortesía / William Navarrete

A Huntington, quien vivió hasta 1955, el mundo hispánico le fascinó al punto de convertirse en miembro de las principales academias hispanoamericanas y del consejo directivo de la Casa del Greco en Toledo, la Casa Cervantes en Valladolid y el Museo Sorolla. De niño, conoció el mundo de los peones mexicanos que trabajaban en el rancho de una tía en Texas, viajó por primera vez a la Península en 1892, estuvo en México con sus padres durante el porfiriato, visitó Cuba cuando la isla era aún colonia española y, para dedicarse a su pasión por la cultura hispana, renunció a la dirección de los astilleros de Newport News, un puesto que le había reservado su padre, el magnate Collis Potter Huntington (1821-1900), uno de los hombres más ricos de Estados Unidos y el constructor del Ferrocarril Central del Pacífico.

‘La Piedad’ (Pietà) del Greco, datada cerca de 1570-1576 durante su etapa italiana (especialmente en Roma).
‘La Piedad’ (Pietà) del Greco, datada cerca de 1570-1576 durante su etapa italiana (especialmente en Roma). Fotos cortesía / William Navarrete

Tras la muerte de éste, pudo entregarse plenamente a su sueño de construir y dotar de las mejores piezas su “Museo Español”, como llamaba al principio lo que luego se convirtió en la Hispanic Society. Y tuvo también como fiel colaboradora a su segunda esposa, la escultora Anna Hyatt, quien fue la autora, entre muchas otras piezas, de la estatua ecuestre del Cid Campeador en Sevilla y de la José Martí, apóstol de la independencia cubana, que se encuentra en el Central Park de Nueva York.

Anunciación rodeada de santos, José de Páez, pintor mexicano, 1750.
Anunciación rodeada de santos, José de Páez, pintor mexicano, 1750. Fotos cortesía / William Navarrete

Gracias a Huntington comenzaron a llegar a la orilla del Hudson bibliotecas privadas españolas tan valiosas como la del marqués de Jerez de los Caballeros, la primera edición de La Celestina, lienzos de Sorolla, piezas arqueológicas extraídas del sitio de Itálica, el primer cuadro de Velázquez comprado en una subasta en Londres, obras de la colección de su madre quien ya había adquirido el retrato del Conde Duque de Olivares pintado por Velázquez al precio exorbitante de $650,000, así como el mapamundi de 1526 de Juan Vespucci, entre un sinfín de obras clave del patrimonio español.

Retrato de una muchacha de Juan Bautista Martínez del Mazo.
Retrato de una muchacha de Juan Bautista Martínez del Mazo. Fotos cortesía / William Navarrete

Algunas de las piezas excepcionales que atesora la institución neoyorkina han viajado hasta París para deleite del público. Se trata de una ocasión única que probablemente no se repetirá más nunca, ya que, excepcionalmente, las salas de la Hispanic Society han cerrado temporalmente debido a las obras de rehabilitación.

Comienza la visita con cuadros de Juan Bautista Martínez del Mazo, Sebastián Muñoz, Juan Carreño de Miranda y un retrato de la reina Isabel de Borbón pintado por Diego Velázquez. Estamos en pleno Siglo de Oro español, un periodo que abarca más de un siglo y que fue llamado así porque durante ese tiempo florecieron las artes plásticas y la literatura, aunque también la música y la arquitectura. Miguel de Cervantes, Quevedo, Lope de Vega, Tirso de Molina y Santa Teresa de Jesús figuran entre los destacados literatos de aquel tiempo como también lo fueron en la pintura El Greco, Luis de Morales, Francisco de Zurbarán y Murillo, cuyas obras están entre las 40 que viajaron a París desde la sede de la Sociedad.

“Santa Emerenciana”, un óleo sobre lienzo de Francisco de Zurbarán.
“Santa Emerenciana”, un óleo sobre lienzo de Francisco de Zurbarán. Fotos cortesía / William Navarrete

Dos salas exhiben piezas provenientes de América Latina. La Hispanic Society ha extendido a las Américas el coleccionismo porque parte de América era España y la colonización española, contrariamente a la anglosajona, privilegió el mestizaje. Podremos ver cuadros de la Escuela del Cuzco, del mexicano José de Páez y de Melchor Pérez Holguín, quien desarrolló parte de su carrera como artista en lo que corresponde hoy al territorio de Bolivia. Ha sido uno de los objetivos de la Institución la adquisición de piezas latinoamericanas que completen la visión del imperio español, aquel que bajo Carlos V se extendió desde las Filipinas y las islas Marianas hasta América, de modo que como se suele decir nunca veía ponerse el sol.

Uno de los cuadros más curiosos y el único que no pertenece a la institución es un retrato de la señora Olimpia Maidalchini Pamphili, la romana más poderosa de su tiempo, pintada en 1650 por Diego Velázquez durante su segundo viaje a la Ciudad Eterna cuando Felipe IV le dio la misión de reunirse con el papa Inocencio X, del que también hizo entonces un retrato. Perdida durante casi tres siglos, la obra fue finalmente descubierta y subastada en 2019 por Sotheby’s en cuya subasta alcanzó los 2.78 millones de euros.

‘Splendeurs du baroque’ (Esplendor del barroco) permanecerá abierta al público hasta el 2 de agosto en el museo Jacquemart-André, 158 Bd Haussmann, 75008 París, Francia.

William Navarrete, escritor establecido en París.

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