La historia olvidada del Día de los Caídos
En los años posteriores a la cruenta Guerra Civil, un antiguo general de la Unión adoptó una festividad originada por antiguos confederados y contribuyó a difundirla por todo el país.
El día festivo era el Día de los Caídos en Guerra (Memorial Day), una conmemoración anual que nació en los antiguos Estados Confederados en 1866 y fue adoptada por los Estados Unidos en 1868. Es un día festivo en el que la nación honra a sus militares caídos.
Al General John A. Logan, quien dirigía la fraternidad de veteranos de la Unión más grande en ese momento, el Gran Ejército de la República, generalmente se le atribuye ser el creador de la festividad.
Sin embargo, cuando el general Logan estableció el día festivo, reconoció su génesis entre los antiguos enemigos de la Unión, diciendo: “No era demasiado tarde para que los hombres de la Unión de la nación sigan el ejemplo del pueblo del Sur”.
Soy un académico que ha escrito, junto con el coautor Daniel Bellware, una Historia del Día de los Caídos. Durante más de un siglo, ciudades y pueblos de todo Estados Unidos han afirmado ser el lugar de nacimiento de esta festividad, pero hemos analizado a fondo los mitos y las medias verdades y hemos descubierto la auténtica historia de cómo surgió esta celebración.
Los actos de generosidad dieron fruto
Durante 1866, el primer año de esta celebración anual en el Sur, surgió una característica de la festividad que hizo que el conocimiento, la admiración y, finalmente, la imitación de la misma se extendieran rápidamente al Norte.
Durante las primeras conmemoraciones del Día de los Caídos que fueron concebidas en Columbus, Georgia, muchos participantes sureños, especialmente mujeres, decoraron las tumbas de soldados confederados, así como, inesperadamente, las de sus antiguos enemigos que lucharon por la Unión.
Poco después de las primeras conmemoraciones del Día de los Caídos en todo el Sur, la cobertura periodística en el Norte fue muy favorable a los ex confederados.
“La actuación de estas damas en esta ocasión, al dejar de lado cualquier animosidad o resentimiento que pudiera haber surgido en la reciente guerra hacia quienes lucharon contra ellas, es digna de todos los elogios y reconocimientos”, dijo un artículo en un periódico.
El 9 de mayo de 1866, el Cleveland Daily Leader elogió a las mujeres del Sur el primer Día de los Caídos.
“El gesto fue tan bello como desinteresado, y será apreciado en el Norte”.
El New York Commercial Advertiser reconoció los actos magnánimos de las mujeres de Columbus, Georgia, se hizo eco de este sentimiento. “Que este incidente, conmovedor y hermoso como es, sirva de lección de conciliación a nuestras autoridades de Washington”.
El poder de un poema
Desde luego, este sentimiento no era unánime. Había muchos en ambas partes de Estados Unidos que no tenían ningún interés en la conciliación.
Pero como resultado de uno de estos informes de noticias, Francis Miles Finch, juez, académico y poeta del norte, escribió un poema titulado El azul y el gris. El poema de Finch se convirtió rápidamente en parte del canon literario estadounidense.
“Me llamó la atención que el Sur nos tendiera una mano amiga, y que era nuestro deber, no solo como conquistadores, sino como hombres y conciudadanos de la nación, aceptarla”, Dijo Finch.
El poema de Finch parecía conceder un perdón total al Sur: “Destierran nuestra ira para siempre cuando coronan con laureles las tumbas de nuestros muertos” decía uno de los versos.
Casi de inmediato, el poema circuló por toda América en libros, revistas y periódicos. A finales del siglo XIX, los escolares de todo el país estaban obligados a memorizar el poema de Finch. Esto significó que, a finales de 1867, la celebración del Día de los Caídos en el sur era un fenómeno común en todo el país, recientemente reunificado.
El general Logan era consciente de los sentimientos de perdón de personas como Finch. Cuando Logan dio la orden estableciendo el Día de los Caídos, la misma fue publicada en varios periódicos en mayo de 1868, y el poema de Finch a veces era adjuntado.
‘El azul y el gris’
No pasó mucho tiempo antes de que los norteños decidieran que no solo adoptarían la costumbre sureña del Día de los Caídos, sino también la costumbre sureña de “enterrar el hacha de guerra”. Un grupo de veteranos de la Unión explicó sus intenciones en una carta al Philadelphia Evening Telegraph el 28 de mayo de 1869:
Con el deseo de enterrar para siempre los amargos sentimientos que engendró la guerra, Post 19 ha decidido no pasar por alto las tumbas de los confederados que descansan en nuestras líneas, sino dividir cada año entre los del bando confederado y los del bando contrario las primeras ofrendas florales de una patria común. No tenemos enemigos indefensos. El Post 19 considera a los caídos del Sur únicamente como hombres valientes.
Otros informes de magnanimidad recíproca circularon en el Norte, incluido el gesto de un niño de 10 años que hizo una corona de flores y la envió al supervisor del día festivo, el coronel Leaming, en Lafayette, Indiana, con la siguiente nota adjunta, publicada en The New Hampshire Patriot el 15 de julio de 1868:
“¿Podría, por favor, colocar esta corona sobre la tumba de algún soldado rebelde? Mi querido papá está enterrado en Andersonville (Georgia), y quizás alguna niña tenga la amabilidad de poner unas flores en su tumba”.
El deseo del presidente Abraham Lincoln de que no hubiera “malicia hacia nadie” y “caridad para todos” se hizo patente en las acciones magnánimas de los participantes de ambos bandos, que tendieron la mano durante las conmemoraciones del Día de los Caídos en esos primeros tres años.
Aunque hoy en día muchos lo desconocen, la evolución inicial del Día de los Caídos fue una manifestación de la esperanza de Lincoln de lograr la reconciliación entre el Norte y el Sur.
No solo poemas: partituras escritas para conmemorar el Día de los Caídos en 1870. Biblioteca del Congreso,