Trasfondo

Cero tolerancia al acoso escolar en EEUU

Una de las señales de que un niño es víctima de acoso es cuando este se aparta del resto de los compañeros, llega último o se va primero.
Una de las señales de que un niño es víctima de acoso es cuando este se aparta del resto de los compañeros, llega último o se va primero. Getty Images/iStockphoto

Hay un fuerte vínculo entre el acoso y el suicidio, según se desprende de los últimos suicidios relacionados con la intimidación en Estados Unidos y otros países. En EEUU, el bullying se ejerce con más frecuencia en el lugar de trabajo y en las escuelas secundarias. En los próximos siete minutos un niño en EEUU será intimidado y todos los días más de 160,000 niños faltan a la escuela por miedo a ser intimidados, según las estadísticas más recientes de la Asociación Nacional de Educación (National Education Association).

El acoso conduce en ocasiones a pensamientos suicidas, sobre todo en víctimas en edad escolar. Conocido como bullycide, este fenómeno es ya una preocupación a nivel global. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año se suicidan cerca de 600,000 jóvenes de todo el mundo de edad entre los 14 y los 28 años. La mitad de esta cifra es una consecuencia del acoso escolar.

“El bullying se da en niños que tienen la autoestima un poco más baja y tratan de subirla o incrementarla acosando a otros. Y cuando crecen, este bullying va hacia los trabajos. Por eso es muy importante que se trate el problema a nivel de escuela para evitar dificultades actuales y futuras”, asegura el doctor Pedro Rodríguez, director del Departamento de Psiquiatría del Centro Médico Mount Sinai.

El mes pasado, la publicación de la carta de despedida de Diego, un niño español de 11 años que se quitó la vida como consecuencia del acoso escolar, y la reapertura de su caso recientemente ha conmovido a todos.

“Papá, mamá, estos 11 años que llevo con vosotros han sido muy buenos y nunca los olvidaré como nunca os olvidaré a vosotros”, escribió en la misiva agradeciendo a sus padres, sin olvidar a otros familiares. Para concluir: “Os digo esto porque yo no aguanto ir al colegio y no hay otra manera para no ir. Por favor espero que algún día podáis odiarme un poquito menos”.

El psiquiatra Rodríguez trata de explicar qué pasa por la mente de un niño tan pequeño para tomar una decisión de ese tipo.

“Normalmente, un niño de 11 años que se quita la vida tiene una visión un poco restringida de lo que es la vida. Su vida se compone de sus amigos, del colegio, de sus padres y de su familia en la casa”, explica. “Y cuando acosan a un niño, le están destruyendo esa visión de la vida. Y es en la escuela donde están pasando más tiempo, donde se sienten acosados y les están destruyendo su imagen de la vida. Recurren al suicidio simplemente para dejar de sufrir”.

Las estadísticas dicen que el suicidio es más frecuente en ciertas etapas de la vida: de los 11 o 12 años hasta los 19 años y a los 65 años, la edad del retiro. “Algunos niños intentan no ir a la escuela. Otros se sienten tan acosados que no pueden estar ni en la escuela ni en la casa porque no pueden notificar lo que está pasando para no ir al colegio. Y al encontrarse entre la espada y pared, no todos, pero algunos deciden quitarse la vida”, considera Rodríguez.

Según el último estudio de la Universidad de Yale, los niños que sufren acoso escolar consideran más el suicidio que los niños que nunca han sido intimidados.

“Las consecuencias no las miden, si te pones a pensar en las fantasías que tienen en ese momento. A esa edad todavía tienen la mente un poco fantasiosa y la muerte es algo ficticio que han visto en la televisión y en las películas miles de veces. Piensan que con la muerte se acaba toda esa vida tormentosa que están teniendo. Y no saben que es una cosa final y terminal, que no van a tener a sus padres y a todas esas personas que lo quieren a él de verdad”, reflexiona Rodríguez.

Un niño ha visto un promedio de 8,000 asesinatos televisados y 100,000 actos de violencia antes de terminar la escuela primaria, y el 20 por ciento de los estudiantes de secundaria dicen que han considerado seriamente el suicidio en los últimos 12 meses, según el portal de internet stopbullying now foundation.org.

Según datos de Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus sigla en inglés), los estudiantes que intimidan, los acosados y testigos de acoso son más propensos a pensamientos suicidas. Solo el 2.4 por ciento de los acosados son más propensos a informar sobre la idea de suicidio y un 3.3 por ciento informa sobre un intento de suicidio.

El suicidio es la tercera causa de muerte entre los jóvenes. Cerca de 4,400 muertes al año, según los dato del CDC. Por cada suicidio entre los jóvenes, hay por lo menos 100 intentos de suicidio. Más de 14 por ciento de los estudiantes de secundaria han considerado el suicidio, y casi el 7 por ciento lo ha intentado.

“Hay que castigar la actitud de los acosadores en la escuela porque cuando el niño acosado llega a adulto trae esas marcas emocionales de haber sido abusado emocionalmente en los años de su formación académica. Y muchas veces no resolvieron eso y siguen afectados por ese maltrato emocional en la adultez. Se convierten en personas deprimidas que no se saben defender de lo que la vida nos trae”, insiste Rodríguez.

El baño y el patio escolar, lugares para el acoso

En EEUU, por cada cuatro niños matriculados, uno está intimidado regularmente. Solo 4 de 100 adultos intervienen en un acoso escolar y solo el 11 por ciento de los estudiantes ayuda a sus compañeros. Las estadísticas muestran que el 30 por ciento de los agresores han sido intimidados por otros estudiantes.

El baño es el lugar que utilizan los estudiantes de secundaria para intimidar en las escuelas, mientras que los de primaria lo hacen en el patio, lugar donde los profesores raras veces intervienen, según los estudios.

“Esperan a acosar en lugares donde no los vean los profesores, donde no los puedan acusar. Son lugares donde hacen lo que quieren”, dice Rodríguez. “A cualquier niño le puede pasar, pero a los más introvertidos y tímidos, que no saben responder ante una agresión verbal o física, son claramente los objetivos, los target. Son más fácilmente abusados”.

Obesos, gays, estudiantes con alguna discapacidad o con necesidades especiales son los niños y adolescentes más vulnerables. El 63 por ciento de los niños con exceso de peso son víctimas de acoso y el 83 por ciento de los niños con orientación sexual diferente también sufren de acoso.

Alrededor del 77 por ciento de los estudiantes han sido intimidados verbal e incluso mentalmente.

Toda las escuelas nacionales han de tener un plan anti-bullying por ley. “La escuela ha de dejar saber que el bullying tiene consecuencias graves, para que los padres sepan que no hay tolerancia e, incluso, que pueden expulsar a su hijo de la escuela”, resalta Rodríguez.

Algunos especialistas plantean la posibilidad de clases adicionales de inteligencia emocional en las escuelas. “Los maestros han de tener cursos de educación y formación para que puedan identificar a esos muchachos que se ve que han cambiado emocionalmente y tienen signos de que no se sienten bien en la clase, que están atemorizados”, razona Rodríguez. “Hay que identificar a ese que se va el primero de la clase y llega el último para evitar que otros lo esperen. Al que en el recreo se queda más cerca de los profesores y no se incorpora a jugar con el resto de los niños. Hay muchos signos de un niño abusado. Los maestros han de intervenir para hacer sentir al niño que no está solo y que lo van a ayudar”.

Según el portal económico WalletHub, que recientemente ha realizado un estudio sobre el impacto económico del bullying en las escuelas de EE.UU., el estado de la Florida es el segundo con porcentajes más bajos de acoso a estudiantes de secundaria dentro de terreno de las escuelas.

El ‘sexting’ y el acoso en las redes

Betty Albert, una alumna de 16 años, de Miami Springs Senior High, asegura que nunca antes había tenido una situación de acoso hasta que sufrió “sexting”, que consiste en difundir imágenes o videos de contenido sexual o erótico para provocar la humillación del afectado.

“Tengo una amiga que le gusta mucho las redes sociales y siempre está con el teléfono tirando fotos, a mí y a otros sin nuestro consentimiento. Para ella es normal. No sabe el impacto que puede tener poner videos online con información personal. Pone las fotos en una aplicación a la que yo no tengo acceso y ella lo sabía”, empieza a contar su caso Albert, quien ha preferido utilizar este nombre para no ser identificada en su escuela.

A Albert la grabaron un día mientras felicitaba a un compañero tras una excelente presentación en el aula. “Esta amiga grabó un video completamente mudo con un comentario que decía: Love is in the air. Al día siguiente en la escuela todo el mundo me miraba, se reía de mí y hacía bromas. Como no tengo esa app, no sabía lo del video. No le quise dar importancia para que no siguieran con la broma. No sé cuántas veces más lo habrá hecho, era la primera vez que yo veía el video, pero estoy segura de que lo ha hecho en más ocasiones sin que me diera cuenta”, asegura Albert.

“Tenía que poner el punto y final y le dije a mi amiga que pusiera videos sobre ella, no sobre el resto de la gente, porque esos video se pueden utilizar para otras cosas porque las redes sociales son muy libres. Yo soy muy consciente de la repercusión online. Ella lo ha hecho durante mucho tiempo. De momento, no he vuelto a tener ningún problema con ella,”, cuenta Albert, quien reconoce que en su escuela nunca ha visto acoso físico, pero sí muy ocasionalmente verbal y cyberbullying.

Según el estudio de WalletHub, la Florida también ocupa la tercera posición con los porcentajes más bajos de los alumnos de secundaria víctimas de cyberbullying. Pero, es la tercera con los porcentajes más altos de alumnos de secundaria que no van a la escuela porque no se sienten a salvo.

Daniel Bober, psiquiatra especialista en enfermedades mentales y tratamiento de adicciones y director médico de psiquiatría y pediatría del Hospital Infantil Joe DiMaggio en Hollywood, Florida, puntualiza que “el cyberbullying es más agresivo que un acoso regular o físico porque éste se produce las 24 horas, siete días a la semana; tratan de hacerlo cuando el niño o adolecente está sólo y el hecho de publicarlo muy rápidamente de forma anónima a una amplia audiencia hace que sea muy difícil borrar el contenido vertido en la red. El trauma que produce en la persona es difícil de borrar”.

Muchas veces la intimidación de los niños en edad escolar comienza porque la vida en casa ya es abusiva de alguna manera. “Todos lo que están en el bullying lo han aprendido en la casa con el padre y la madre, y en el colegio, con otros niños, también. Los niños que son ignorados en casa cuando llegan a la escuela tratan de que les den importancia y por eso abusan, para que otros niños los respeten”, afirma el Dr. Rodríguez.

El 54 por ciento de estos niños intimida a sus compañeros en la escuela. “Los niños que sufren esos ataques tienden a recurrir a drogas como el alcohol. Es una forma de escape. Tienden a tener problemas familiares, se salen de la escuela, tienen problemas de autoestima y de salud”, asegura Bober.

“Y muy a menudo quien hace bullying también es víctima de cyberbullying. Recibe esa presión de maltrato y hace lo mismo electrónicamente para sentirse mejor. Muchas son personas inseguras, fuera de control, que han sido o son víctimas. Es la manera que tienen de sentirse en control o más fuertes”, aclara Bober.

El sondeo del Centro Nacional de Estadísticas de la Educación indica que el 24 por ciento de las niñas dicen que son acosadas, comparado con el 20 por ciento de los niños.

“Los chicos tienden más a una agresión física y las chicas más verbal. Es más una agresión relacional, que es mucho más fácil para las niñas expresarla detrás de una computadora en el espacio cibernético e internet”, explica Bober. “Es solo una forma innata de comunicarse de los hombres y las mujeres. El hombre es más físico y la mujer, más emocional y mental”.

Rodríguez opina que “las niñas se desarrollan más rápidamente que los niños y tienen más tendencia a temer la crítica de los otros compañeros. Hay muchos tipos de bullying, uno de los más comunes es el criticar a una persona para drenarle su reputación y credibilidad. Y esto ocurre frecuentemente en el proceso de la envidia y a esa edad los niños que están empezando a formarse están tratando de aparentar más de lo que son”.

Los especialistas aseguran que la mejor edad para empezar a educar a un niño respecto al acoso escolar es en preescolar. “A esa edad el niño ya sabe qué debe o no hacer. En el momento en el que los niños empiezan a diferenciar lo que se puede y no se puede hacer ese es el mejor momento para empezar”, señala Rodríguez.

Uno de los programas más efectivos de la Florida es Anti-Bullying Through The Arts/ Anti- Acoso a través del Arte, de la organización no lucrativa The Humanity Project. Más de 18,255 estudiantes han pasado por este programa dirigido a los niños de kinder. Se ha implementado en 29 escuelas y campus del condado de Broward durante el 2015. Es un programa preventivo ideado para los llamados “bystander”, “niños pasivos ante el acoso a otros niños, a los que sólo observan sin actuar. Les ayudamos a ser proactivos”, cuenta Gabriela Pinto, artista vinculada a este programa durante cinco años.

A través de la escenificación teatral, la música, el baile y cuentacuentos interactivos, los educadores se presentan ante unos 500 niños en el aula mayor o cafetería del colegio anfitrión. La presentación dura 40 minutos aproximadamente. “Lo primero que enseñamos es que el bullying no está bien, que no es cool, utilizando el propio lenguaje de los niños”, explica Pinto. “Les hacemos ver que no es algo para contarlo luego a los amigos. El mensaje a los niños es muy directo: para acabar con el bullying se necesita la ayuda de todos. Sin la ayuda de todos, esto no funciona”, insiste Pinto.

Bob Knotts, fundador y presidente de The Humanity Project, tiene previsto ampliar este programa a partir de febrero para incluir a Humanity Club, un programa piloto de Gulfstream Middle School. “Este programa incluirá lecciones de enseñanza sobre autovaloración a 20 dirigentes estudiantiles, quienes le ayudarán a difundir la idea en las escuelas”, describe Knotts, quien cuenta que el objetivo es “promover sentimientos de valía en cada estudiante para ayudar a frenar el acoso escolar. Y si tiene éxito, tenemos la intención de ampliar el programa a otras escuelas”.

Las estadísticas demuestran que en las escuelas donde hay programas contra la intimidación, el acoso se reduce en un 50 por ciento.

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