Periodistas y celebridades, las víctimas más recientes de acoso sexual
No sé sabe con exactitud cuántas mujeres sufren acoso e intimidación relacionados con su trabajo, pero son más de lo que reflejan las denuncias y, también, las encuestas. Esta práctica es un claro reflejo de la sociedad actual: Un problema social que afecta a todas las mujeres, celebridades o no, aunque la gran mayoría no lo reportan. Internet se está convirtiendo en el acoso más común a las mujeres.
A principio de este mes fue la ex reportera Gretchen Carlson, del canal Fox 5, quien acusó al presidente de la cadena, Roger Ailes, de despedirla por rechazar sus propuestas sexuales. Ahora es la presentadora estrella del canal de noticias Fox, Megyn Kelly, quien también lo acusa de haberla acosado sexualmente. En estos momentos Roger Ailes se encuentra negociando su salida de la cadena.
Estos dos casos sonados junto con el de otras celebridades como Jennifer Aniston, quien dice estar harta del acoso de la prensa y del trato que sufren las mujeres y así lo expresó en un escrito en The Huffington Post, reabren el debate sobre el acoso a todas las mujeres en su vida laboral al margen de su profesión y estatus económico y social.
“Lo que sucede con las mujeres en el mundo del periodismo es un reflejo de la sociedad estadounidense en su conjunto. Las mujeres periodistas se enfrentan a los mismos problemas que enfrentan en la sociedad en general”, así de contundente lo expresa para el Nuevo Herald Elisa Lees Muñoz, directora ejecutiva de IWMF (International Women’s Media Foundation), quien cuenta con más de 20 años de experiencia en materia de derechos humanos, libertad de prensa y cuestiones de igualdad de género.
Imagen de la mujer en medios de comunicación
Según una encuesta nacional sobre hombres y mujeres, encargada por las revistas Cosmopolitan y Esquire, en abril del 2015, el 82 por ciento de las mujeres cree que la cultura pop estadounidense es degradante para las mujeres y el 68 por ciento de los hombres están de acuerdo.
“La imagen de la mujer en la cultura pop es tan importante como la representación de las mujeres en los medios de comunicación y debe hacerse desde una perspectiva de género”, opina la directora ejecutiva de IWMF, fundación sin ánimo de lucro dedicada a fortalecer el papel de las mujeres periodistas en todo el mundo.
Casi dos tercios de las mujeres periodistas han sufrido intimidación, amenazas o abuso en relación con su trabajo, según la primera encuesta mundial sobre violencia y amenazas contra mujeres que trabajan en medios de comunicación.
Sorprende que más de la mitad, el 64.48 por ciento, de las 822 mujeres periodistas que respondieron a la encuesta, han experimentado algún tipo de intimidación, amenazas o abuso en relación con su trabajo, según esta misma encuesta realizada, en el 2013, por la IWMF y el INSI (International News Safety Institute), una organización sin ánimo de lucro que ayuda a periodistas de todo el mundo a hacer su trabajo con seguridad.
“El porcentaje de mujeres que reportaron alguna forma de acoso de violencia es ciertamente alto. Esto incluye todas las formas de acoso o intimidación, incluyendo el acoso en internet. Dado el amplio alcance de los incidentes, creo que los números son altos de verdad, o potencialmente bajos basados en la información anecdótica que oímos en las redes”, reflexiona Lees Muñoz.
El miedo a perder el trabajo es uno de los principales motivos por los que las mujeres no denuncian un caso de abuso, acoso e intimidación, tanto sexual como psicológica.
“No denuncian por temor a una reacción. Además de la posibilidad de perder el trabajo, tienen miedo a no ser asignadas a ciertas historias si denuncian, etc.”, apunta Lees Muñoz.
Esta tendencia de acoso a las mujeres periodistas tiende a aumentar o disminuir dependiendo de las situaciones laborales y de los países.
“En general, los casos de acoso sexual durante el trabajo han bajado en muchos países debido a las implicaciones legales y los cambios culturales. En otros países, se mantienen. Muchas más mujeres periodistas están reportando desde entornos peligrosos y hay muchas más trabajadoras independientes, que reportan la información con bajos recursos. Todo esto contribuye a un aumento en la posibilidad de incidentes contra las mujeres”, asegura Lees Muñoz.
¿Una entrevista de trabajo en un apartamento privado?
Yoly, una periodista latina independiente que prefiere no revelar su identidad, buscaba trabajo cuando el productor ejecutivo de una importante empresa audiovisual internacional, establecida en Miami, la convocó para una entrevista de trabajo fuera del horario habitual y en una dirección diferente a la laboral.
“Lo conocí, le envié mi resumé formalmente a través de un correo electrónico y le pedí trabajo en su despacho. Un día me llamó para decirme que quizá podría encajar en un posible proyecto para esa productora en Miami. Me convocó un sábado y en una dirección que sin saberlo acabó siendo su apartamento. Fui porque quería el trabajo”, cuenta Yoly a el Nuevo Herald.
La entrevista de Yoly con este productor ejecutivo duró más de tres horas y media. “Se hizo de noche. Me dijo que el trabajo era mío y que me relajara. A continuación me dio una fuerte nalgada. Ni me moví. No quise enfadarme, no quería violentarlo. Puso música para bailar. Pude salí del apartamento con la excusa de sentirme mareada. Lo llamé el lunes y me dijo que el equipo había impuesto a otra persona para el puesto. Nunca he hablado mal de él por miedo a las represalias”.
La encuesta mundial realizada por el IWMF y el INSI encontró que la mayoría de las amenazas, intimidaciones y abusos dirigidos a trabajadoras de los medios de comunicación se produjeron en el lugar de trabajo y fueron cometidos por jefes varones, supervisores y compañeros de trabajo.
Le envié mi resumé a través de un correo electrónico y le pedí trabajo en su despacho. Un día me llamó para decirme que quizá podría encajar en un posible proyecto para esa productora en Miami. Me convocó un sábado y en una dirección que sin saberlo acabó siendo su apartamento. Fui porque quería el trabajo
Yoli
víctima de acoso“En última instancia, muchos de los que cometen estos actos se salen con la suya. En muchos casos, la cultura de la organización o empresa no desalienta el comportamiento de éstos y no hay políticas escritas que traten el tema”, lamenta Lees Muñoz, experta en derechos humanos, libertad de prensa y cuestiones de igualdad de género.
Unas periodistas corren más riesgos que otras de ser acosadas e intimidadas. “Las periodistas que trabajan en organizaciones que no cuentan con políticas claras y las periodistas que trabajan en ambientes hostiles, donde hay un abuso de la ley y el orden son las más perjudicadas”, explica Lees Muñoz.
Las mujeres periodistas no reportan los casos de intimidación y abuso por las mismas razones que las demás mujeres de otras profesiones.
“Hay muchas razones diferentes, temor a una reacción por parte del empleador, temen que se impida su trabajo y la falta de confianza en que nada se puede hacer al respecto”, asegura Lees Muñoz. “Sin embargo, las periodistas pueden agregar el temor de que los informes del incidente puedan tener un impacto en sus asignaciones. Si el abuso ocurre en el campo de trabajo, un editor puede decidir que no quieren poner a las mujeres en peligro y dejar de enviarlas a ambientes peligrosos”.
Internet, el acoso enmascarado
Hoy en día el acoso más común está en internet. Consiste en “ataques personales de género. No hay datos sobre los tipos de abuso que sufren las mujeres en EEUU, en particular, pero el más común se está produciendo en la red”, insiste Lees Muñoz.
Según la encuesta nacional de Cosmopolitan y Esquire, mientras que los hombres y las mujeres interpretan muchos temas de manera similar, las percepciones varían cuando se trata de la definición de violación, asalto y el consentimiento.
El acoso sexual es un comportamiento en función del sexo, de carácter desagradable y ofensivo para la persona que lo sufre, según lo define la Organización Internacional del Trabajo (OTI).
Según la OTI, se puede presentar de dos formas. Una llamada “quid pro quo”, que consiste en condicionar a la víctima prometiendo o dando un beneficio laboral, ya sea un empleo, un aumento de sueldo, una promoción, la permanencia en el empleo, etc., para que acceda a comportamientos de connotación sexual. La otra forma consiste en crear un ambiente laboral hostil.
En la sociedad norteamericana, el 52 por ciento de los hombres dijo que en circunstancias adecuadas, la mayoría de los hombres son capaces de violación. El 48 por ciento de las mujeres están de acuerdo. “Es aterrador pensar en este dato”, se sorprende Lees Muñoz.
Angelina, una ingeniera inspectora del DOT de Miami que prefiere permanecer en el anonimato, contó a este periódico que en su caso la intimidación sexual empezó de forma muy sutil.
“Dos inspectores chequeábamos las obras y él siempre hablando de las chicas que se conseguía por ahí. Un día fue a orinar a una obra y me dijo: “No mires”. Claro, tranquilo, le contesté. Se puso en una zona para que yo lo viera. Otro día lo mismo. Hasta que un día él mismo se tomó fotos de su órgano sexual y me las entregó en un CD”, recuerda Angelina, años más tarde.
Angelina no quiso reportar esta intimidación. “Nunca más me monté con él en el carro y él difundió por ahí que yo era del otro lado, un comentario sin importancia para mí pero demasiado habitual en el ambiente laboral machista de Miami. No denuncié a mi compañero de trabajo porque me dio pena arruinarle la carrera. Era un patán. Si me pasara ahora, lo denunciaría con los ojos cerrados”.
Esta misma encuesta nacional mostró que el 85 por ciento de las mujeres expresaron estar de acuerdo en que constituye acoso sexual cuando un jefe les dice que vistan “sexy” para una reunión importante, y el 73 por ciento de los hombres estuvo de acuerdo.
“Mi jefe no entiende que no me gusta que me diga piropos cuando tengo que acompañarlo a citas de trabajo. Incluso en ocasiones quiere que lleguemos tomados del brazo. A mí me incomoda muchísimo. De momento, no digo nada porque necesito este trabajo”, confiesa Rosa, relacionista pública en Miami, que no quiere decir su verdadero nombre ni empresa. “Ahora a mi jefe le ha dado por llevarme a tomar una copa de vino cuando acabamos un acto de presentación. No tomo, pero él sí. Y me piropea más todavía y me hace proposiciones sexuales relacionada con los swingers”.
Discriminación por apariencia en TV
En el mundo del periodismo a las mujeres se les exige ser más sexy que a los hombres, particularmente para las que trabajan en televisión.
“La apariencia de las mujeres periodistas ha sido anecdóticamente reportada más como un problema de apariencia de los hombres, a pesar de, que yo sepa, no se han realizado investigaciones sobre el tema”, dice Lees Muñoz. “Para cambiar en el mundo del periodismo esa exigencia, sobre todo en TV, de que las mujeres sean más sexy que los hombres, hay que detener la discriminación por edad y otras acciones discriminatorias que se centran en la apariencia”.
Dice la encuesta global que el impacto psicológico del acoso e intimidación de cualquier tipo en las mujeres periodistas es muy grande. “El impacto es cualquier cosa, desde la depresión hasta un completo trastorno de estrés postraumático”, puntualiza Lees Muñoz.
Tras recibir intimidación, amenazas o abusos sexuales o psicológicos en relación con su trabajo por parte de un superior es muy importante “la búsqueda de apoyo psicológico. Este sería el primer paso. Nosotros ofrecemos asistencia a las mujeres periodistas en diversas situaciones, incluyendo ésta. Apoyamos a las mujeres periodistas para solicitar asistencia psicológica, médica y legal”, informa la directora ejecutiva de IWMF.
Para acabar con el acoso a las mujeres en el ámbito laboral, “muchas organizaciones tienen políticas de comportamiento, y establecen formación para todos los miembros del personal en cuestiones de acoso. Algunos ofrecen la formación en entornos hostiles. Se deberían implementar programas y políticas que incluyan las consecuencias de tal comportamiento y programas de formación que expliquen las consecuencias”, concluye la experta en materia de derechos humanos, libertad de prensa y cuestiones de igualdad de género.
Los medios de comunicación, la industria cinematográfica y la publicidad juegan un papel importante para que las mujeres dejen de ser vistas como simples objetos y valoradas por su aspecto físico. Atentar contra los derechos de una mujer es atentar contra todas.
El acoso a las periodistas es un atentado contra todas las mujeres, recordemos a medios de comunicación, industria cinematográfica y publicitaria la importancia de emitir mensajes para que las mujeres dejen de ser vistas como simples objetos y valoradas por su aspecto físico.
Siga a Isabel Olmos en Twitter: @IsabelOlmos
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de julio de 2016 a las 5:04 p. m. con el titular "Periodistas y celebridades, las víctimas más recientes de acoso sexual."