Falleció Nicolás Arroyo, pionero del modernismo cubano
El famoso arquitecto Nicolás "Lin'' Arroyo, pionero del movimiento arquitectónico moderno en Cuba, falleció en Washington a los 90 años.
Según fuentes familiares, Arroyo murió el pasado 13 de julio víctima de complicaciones cardíacas, apenas tres días después del deceso de su esposa, la reconocida arquitecta Gabriela Menéndez y García Beltrán, quien fuera parte indisoluble de su vida por más de 60 años.
Ambos se conocieron y enamoraron durante los años en que estudiaban en la Universidad de La Habana, se casaron en 1942 y establecieron la firma Arroyo & Menéndez, donde crearon monumentales obras de la Cuba republicana.
"Lin y Gabriela estuvieron juntos desde los años universitarios hasta el final de la vida'', relató Eduardo Castellanos, primo de Arroyo. "Los dos fueron estudiantes que se disputaban los primeros puestos de su clase, porque los dos tenían inteligencia sobresaliente y pasión por la arquitectura''.
A Arroyo & Menéndez deben los cubanos la edificación de verdaderos íconos de La Habana de los años 50, como el Palacio de los Deportes (hoy Ciudad Deportiva), el Teatro Nacional y el Hotel Habana Hilton (rebautizado luego como Habana Libre).
Arroyo será recordado también por su labor como ministro de Obras Públicas durante el régimen de Fulgencio Batista (1952-1958) y por haber sido el último embajador cubano en Washington hasta la llegada de Fidel Castro al poder.
Nacido el 31 de agosto de 1917 en el seno de una familia acomodada, Arroyo tuvo una formación esmerada que lo guió a matricular la carrera de Arquitectura en La Universidad de La Habana, a finales de los años 30.
Se graduó de arquitecto en 1941 y un año después contrajo matrimonio con Menéndez, formando un binomio creativo que impulsó decisivamente los estilos de la modernidad arquitectónica en las construcciones cubanas. La pareja vivió desde 1942 en una casa-estudio contruida por ellos en la Quinta Avenida, en la barriada de Miramar, fiel reflejo de su admiración por las concepciones estéticas de Frank Lloyd Wright y Le Corbursier.
Arroyo y su colega Eugenio Batista impulsaron la incorporación de Cuba en 1944 a las convocatorias del Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM), un cónclave fundado por Le Corbusier para fomentar la arquitectura moderna y fijar los contornos de las urbes del futuro.
"La influencia de Arroyo fue decisiva para poner a Cuba en el mapa de CIAM'', dijo anoche el arquitecto Nicolás Quintana, exiliado en Miami. "Su trascendencia es enorme dentro del movimiento arquitectónico moderno dentro de la isla''.
Tras el golpe de estado de 1952, Batista lo llamó a incorporarse a su gabinete como ministro de Obras Públicas. En 1954, Arroyo creó la Junta de Planificación de Cuba, que estableció los llamados planes reguladores para el desarrollo urbanístico y vial del país. Aprovechando la bonanza económica de esos años, se generó una producción masiva de obras del estado que conformaron una poderosa infraestructura nacional.
"El nunca quiso entrar en la política, pero Martha Fernández [esposa de Batista] se lo pidió encarecidamente y terminó aceptando el cargo'', recordó Castellanos.
Desde el gobierno, Arroyo promovió la construcción del túnel de la bahía de La Habana (1956) y la Vía Monumental a Varadero (1957). Fue él quien dragó y construyó la dársena de Varadero, modernizó el alumbrado, y pavimento sus calles y carreteras con una visión de futuro sobre el potencial turístico del popular balneario. También edificó Barlovento, hoy conocida como Marina Hemingway, al oeste de La Habana.
Cuando Arroyo y su esposa emprendieron las obras del Habana Hilton en colaboración con la compañía estadounidense Welton Becket, habían dirigido ya la construcción de Colegio Ruston, dos dispensarios infantiles y varias edificiaciones hospitalarias de la Organización de Rehabilitación de Inválidos, así como numerosas escuelas rurales.
En 1958 fue designado como embajador en Washington. Su última visita a la isla fue el 28 de diciembre de 1958, en vísperas de la caída del régimen batistiano.
Su vida en el exilio transcurrió en Washington DC, donde vivió y ejerció como arquitecto por más de 30 años. Aun retirado, continuaba asesorando proyectos constructivos.
La contribución de Arroyo aparece reconocida en The Havana Guide: Modern Architecture (1925-1965), publicado en el 2000 por el investigador Eduardo Luis Rodríguez, residente en Cuba.
Lo sobrevive su hijo Nicolás, residente en Washington.
En su memoria se ofrecerán dos misas en Miami, el próximo 21 de agosto en la iglesia St. Agnes de Key Biscayne, y el 31 de agosto en la parroquia de St. Augustine, en Coral Gables.
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de julio de 2008 a las 11:09 p. m. con el titular "Falleció Nicolás Arroyo, pionero del modernismo cubano."