Yoani Sánchez espera una ‘lapidación pública’ cuando regrese a Cuba
Los gritos podían oírse fácilmente dentro del hotel donde Yoani Sánchez compareció durante el fin de semana. “¡Abajo Yoani!” se oían provenientes de una pequeña camarilla de manifestantes pro Castro que se reunieron afuera.
Dentro, Sánchez tomaba los gritos con calma.
“No le temo a los insultos”, dijo Sánchez. Ella espera un peor tratamiento —una “lapidación pública” virtual, como lo llama— cuando regrese a Cuba —su “jaula”— al final de su gira mundial que comenzó el 17 de febrero y se espera que dure al menos tres meses, incluyendo una estancia la semana próxima en Washington y otra en Miami en abril.
Observándola responder durante dos días a los reporteros y editores en una conferencia en esta ciudad mexicana, es fácil ver cómo Sánchez se ha convertido en una espina en el costado para el decrépito régimen de Cuba.
Pareciendo un regreso a la década de 1960, con sus blusas sueltas y sus cabellos negros sueltos, Sánchez, de 37 años, se presenta como dispuesta e imperturbable. Sin embargo, su lenguaje es fiero. Su gira —la primera vez que se le ha permitido dejar la isla desde que se convirtió en una bloguera y una disidente conocida internacionalmente— ha sido como entrar en una máquina del tiempo que la sacó de una isla cerrada en el pasado, dijo Sánchez.
“Siento que los cubanos no nos merecemos lo que vivimos”, dijo Sánchez. “Creo que los cubanos nos merecemos ser ciudadanos del siglo 21, en todos los sentidos, probar nosotros mismos los retos y los grandes problemas que tiene la modernidad.”
La actitud suave de Sánchez contrasta con su crítica implacable de un gobierno autocrático. Para ella, los hermanos Castro —Fidel y Raúl— quienes han gobernado a Cuba desde 1959, son muertos que caminan y su isla está en una cuenta regresiva inevitable.
Sus herramientas —un iPad y una laptop— le permiten narrar la vida bajo el gobierno de Castro en pequeños tweets y notas breves en su blog que se traduce a 20 idiomas, que ella es capaz de filtrar a través de la barrera digital erigida alrededor de todos, excepto los ciudadanos cubanos más leales.
Sánchez ha ganado innumerables premios, incluyendo el prestigioso Ortega y Gasset al periodismo. Ella fue nominada el año pasado al Premio Nobel. Antes de su viaje, su solicitud de dejar Cuba para recoger esos premios se le negó 20 veces a lo largo de cinco años.
Su escala en Washington la semana próxima la llevará al Capitolio para una comparecencia del martes ante una comisión del Senado, arreglada por el senador Bill Nelson, demócrata por la Florida. El 1 de abril, Sánchez recibirá un homenaje especial en Miami. Ya ha visitado Brasil, España y la República Checa. Regresará a Europa y también viajará a Argentina y Perú.
“No represento a ningún partido ni a ninguna fuerza política”, dijo Sánchez. “Me considero un diplomático popular”.
Ella vive en La Habana con su esposo, Reinaldo, y su hijo de 20 años, Teo. Su esposo, quien fue sacado de su trabajo como periodista por presionar mucho por reformas durante finales de la década de 1980, ha encontrado una nueva carrera como mecánico de elevadores —una elección afortunada que le permite arreglar el decrépito elevador que lleva a su apartamento en un piso 14.
Sánchez estudió lingüística en la Universidad de La Habana, incursionando posteriormente en el periodismo y las computadoras. “Entonces, qué soy realmente. Ya no sé, un producto del siglo 21, los productos del siglo 21 son así, híper-mezclados”, dijo Sánchez. “Lo mismo me pasa en el tema ideológico. La gente me dice, bueno, ¿eres de derecha o de izquierda? ... Lo cierto es que no sé muy bien que soy”.
Sánchez dice que siente “un alto compromiso con la libertad. Cualquiera pensaría en este caso, bueno, una liberal, ¿no? Sin embargo, me preocupa mucho la gente humilde porque vengo de un estrato muy humilde, muy pobre. Algunos me tachan de comunista o de izquierdista”.
El mes pasado tanto en Recife como en Salvador, militantes de Brasil llegaron a los aeropuertos para protestar por su presencia. En otros lugares, los izquierdistas la han atacado en los medios de comunicación.
El domingo, unos 30 ruidosos manifestantes se reunieron en las afueras del hotel en Puebla donde ella hablaba a un grupo hemisférico de editores de periódicos. Ellos tenían una pancarta que decía “Viva Fidel” y burlaron la seguridad en un esfuerzo para interrumpir su conferencia de prensa.
En la conferencia, Sánchez habló de por qué ella cree que Cuba es una “prisión geográfica”, donde el tener una opinión divergente tiene el riesgo de ir a la cárcel y dónde sólo se permite una voz que hable alto en los medios de comunicación controlados por el estado.
Son necesarios micrófonos para todas las otras voces en la isla, dice Sánchez, expresando optimismo de que “cubanos muy talentosos” están bien preparados para el día en que llegue una transición democrática.
Ella reiteró que regresaría a la isla cuando termine su viaje, incluso si debe hacerlo como una “reverse rafter,” con el propósito de comenzar un grupo de noticias independientes que vaya más allá de bloguear.
“Sé que es imposible, que legalmente está prohibido. Pero no voy a ser yo quien me ponga los límites. La vida me ha enseñado que el muro se tumba empujándolo”, dijo Sánchez.
Sánchez estimó que sólo 120 usuarios “alternativos” de Twitter envían tweets que describen la vida en la isla, al verse forzados por barreras y costos. El usar una computadora en un hotel de turismo puede costar de $6 a $10 una hora, casi medio mes de salario para los cubanos comunes y corrientes. Algunos de los que pueden lo hacen gracias a los partidarios en el extranjero que ponen crédito en sus cuentas de teléfono celular.
“Recargar un móvil es convertir a una persona en una posible emisora de información, de noticias, de denuncias, gracias a la solidaridad de muchas personas”, dijo Sánchez. “Con un poco de ingenio, con muchas dificultades, puede narrar la isla en 140 caracteres”.
Los cubanos exiliados que regresan de visitas a familiares y los turistas extranjeros dejan teléfonos celulares, memorias flash y laptops usadas, dijo Sánchez.
“Los invito a montarse en un taxi colectivo —un Chevrolet del año 54 en La Habana, y en medio de los ruidos que hace la estructura a punto de colapsar, de los baches de la calle, de unas fachadas que parecen de un viaje en el tiempo atrás, de pronto una persona saca del bolsillo un iPhone 4.”
Incluso si el turismo ha traído un auge en la prostitución, Sánchez agregó que “también ha traído alientos de libertad”.
Ella oye los rumores de que quizás el régimen de Castro prohíba su regreso. Al menos, ella espera “el fusilamiento mediático, la lapidación pública el estigmatizar mi imagen, satanizarme”.
“Pero estoy dispuesta a aceptar el precio”, dijo Sánchez. Los insultos, agregó, le recuerdan una expresión del héroe y poeta nacional cubano José Martí, quien dijo, “Honrar, honra”.
“Yo diría ‘insultar insulta’, y las personas que profieren insultos, estos insultos vienen como un bumerang sobre ellos mismos”.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de marzo de 2013, 2:17 a. m. with the headline "Yoani Sánchez espera una ‘lapidación pública’ cuando regrese a Cuba."