Leyenda del béisbol cubano se encuentra de visita en Miami
Angel Gaspar Pérez no posee la fuerza en la bola que alguna vez le convirtiera en uno de los lanzadores más temidos de Cuba, pero el hombre al que todos llaman “El Curro’’ todavía mantiene, a sus 70 años, la potencia de mente para recordar hasta el último detalle de una carrera que tuvo su punto culminante en el Mundial amateur de 1969 en Santo Domingo.
De visita en Miami para estar junto a algunos familiares, al matancero todavía se le recuerda en la isla como “El Héroe de Quisqueya’’ por aquel turno de foul tras foul antes de pegarle un hit al zurdo Larry Osborne en la novena entrada para empatar un juego que los cubanos perdían 1-0 frente a Estados Unidos.
El Curro anotaría posteriormente la del triunfo con un imparable de otro yumurino, Rigoberto Rosique.
“Pareciera que el tiempo lo borra todo, pero la gente aún me recuerda por eso y me pregunta cómo me dejaron batear, si habían otros peloteros en el banco, como Agustín Marquetti’’, afirma Pérez, quien además lanzó cinco episodios. “Mucha gente no sabe que yo comencé jugando béisbol en tercera base y que me sentía cómodo con el bate en la mano. De hecho, me gustaba más la antesala que el montículo, pero en Matanzas me dijeron que si quería jugar más, pues tenía que lanzar’’.
Y gracias a eso, El Curro se transformó en uno de los pitchers más confiables y ganadores de su generación. Tras su debut en Series Nacionales en 1964 con Occidentales, el serpentinero ascendió gracias a un talento que le venía de familia –su padre era una especie de ídolo local con el Deportivo Matanzas- y un estilo depurado que combinaba con eso que no se adquiere en ninguna academia y que en Cuba llamaban “guapería’’.
Nunca olvidará su primer juego en la inauguración de la serie en la Habana contra Orientales. Del otro lado lanzaba otra leyenda, Manuel Alarcón, al que venció 1-0. En poco tiempo el novato no sólo comenzó a ganar juegos, sino el respeto de rivales y aficionados. No pocos le llamaban “el hombre del brazo de hierro’’.
“En aquellos años había una calidad enorme entre los lanzadores y la competencia era muy cerrada’’, afirma Pérez, quien terminó con balance de 75-62 y 2.54 de efectividad en 10 Series Nacionales. “Para salir adelante no sólo bastaba tirar duro sino hacerlo con inteligencia y maña. Ahora…
¿Qué pasa con los lanzadores de ahora?
“No es que sean malos ni mucho menos, pero se nota la falta de recursos’’, explica el veterano cuando se le pregunta por los problemas del béisbol cubano. “Uno les enseña a lanzar el cambio, los rompimientos, pero no los usan. Hay que trabajar muy duro para recuperar el espacio perdido. La calidad está ahí, pero queda mucho por hacer’’.
Después de retirarse en 1977, El Curro pasó a ser entrenador en el histórico estadio “Palmar de Junco’’ –donde por primera vez se jugara pelota organizada en la isla- en el centro de esa ciudad de Matanzas a la que pretende regresar pronto y donde aún es venerado por los fanáticos de todas las épocas, a pesar de que a él le gusta mantener un perfil bajo.
Por lo pronto, disfruta en Miami del cariño de muchos que le vieron trabajar y que se preguntan cómo le hubiera ido en las Mayores.
“He seguido la carrera de los cubanos en Grandes Ligas, son deportistas de mucho nivel, y es que la calidad del cubano sigue intacta. De hecho, no veo lejano el día en que los cubanos puedan jugar en ligas profesionales’’, afirma Pérez. “Aquí me siento querido, pero en Matanzas está mi vida. Todavía le doy un consejo al que me lo pida, pero ya estoy retirado’’.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de mayo de 2013, 6:13 p. m. with the headline "Leyenda del béisbol cubano se encuentra de visita en Miami."