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Reavivan debate sobre desamparados en el downtown de Miami

Una batalla política sobre los desamparados crónicos del downtown de Miami está ganando fuerza.

De un lado, está la Comisión de la Ciudad de Miami, encabezada por su presidente Marc Sarnoff, y la semiautónoma Autoridad de Desarrollo del Downtown (DDA). Ellos alegan que un dictamen legal de 15 años atrás, conocido como Pottinger vs. Miami, está impidiendo a los líderes citadinos ocuparse del desamparo crónico y han presentado una petición ante un juez federal para que cambie la histórica decisión.

Pero ellos enfrentan la oposición del poderoso cabildero Ron Book, quien preside el Homeless Trust del Condado. Book teme que los cambios propuestos resultarían en guardar a algunos de los desamparados de la ciudad en un almacén.

“Eso no va a ocurrir mientras yo sea presidente”, dijo Book. “Tendrán que sacarme a rastras”.

La pelea está en curso.

La semana pasada, el administrador de la Ciudad de Miami, Johnny Martínez, escribió a Book ofreciendo pagar por 15 camas nuevas en los refugios para desamparados de Miami, pero solo si el Homeless Trust acuerda financiar otras 85. “Estas camas asegurarán, sin lugar a dudas, un alivio inmediato para los desamparados en nuestras calles”, escribió Martínez.

Book se mantiene firme en que camas en refugios no son la solución.

“Es como si, de pronto, alguien decidió que tenemos este recrudecimiento de desamparados en el downtown y tenemos que esconder a esta gente en un edificio a la noche”, dijo Book. “Eso no es productivo. No puedo dejar que el oportunismo político cambie lo que hacemos”.

El caso Pottinger, resuelto por sentencia convenida en 1997, impide a la policía de Miami arrestar a personas desamparadas por “actividades vitales”, tales como dormir en la calle, sin ofrecerles primero un refugio disponible. El acuerdo condujo a una expansión significativa de los servicios públicos para desamparados.

No obstante, 351 desamparados viven en el downtown de Miami, según el informe de marzo de la DDA.

En cualquier día de la semana, se puede ver a personas que viven en las calles del downtown. Muchos se reúnen alrededor del Ayuntamiento del Condado y el juzgado civil. Otros duermen en las aceras del distrito de negocios.

Eso no le molesta a Eddi Quintana, propietario de Joelo’s Dollar Store en North Miami Avenue. “Ellos no se meten con nadie”, dijo.

Pero Avi Smykyan, propietario de un negocio en el downtown desde hace 18 años, dijo que él pierde clientes con frecuencia cuando los desamparados se acercan a su puesto de Perfume Express en el parque de negocios de Flagler Station, situado en 48 E. Flagler St.

“Cuando un desamparado se acerca y yo tengo un cliente, el cliente no se siente seguro”, dijo Smykyan. “Eso afecta el negocio. Por eso es que se ve tantas tiendas vacías por estos alrededores”.

Sarnoff dice que otros propietarios de negocios se han quejado y que algunas de las “actividades vitales” permitidas bajo el fallo Pottinger son una amenaza a la seguridad pública.

“No se debería permitir encender una fogata en un parque”, dijo. “No se debería permitir la desnudez. No se debería dejar que la gente holgazanee en un baño público”.

Se necesita una nueva solución, dijo, dirigida a aquellos que son desamparados crónicos y probablemente rechacen toda ayuda.

Sarnoff, la Comisión de la Ciudad y la DDA están tratando de implementar una solución dual.

Primero, ellos han presentado una petición al juez para que cambie la definición de “actividades vitales” de modo que excluya las fogatas en los parques, obstruir las aceras, arrojar basura y conducta obscena, como por ejemplo orinar en público. Esos actos se convertirían en ofensas que podrían conducir a un arresto.

Además, ellos quieren dar a la policía el poder de arrestar a los desamparados que se nieguen a ir a un refugio tres veces en 180 días. Los detalles de esa propuesta no están claros, de todos modos, y han provocado preocupaciones de que la práctica podría ir demasiado lejos y violar los derechos de los desamparados.

Cada uno de los cambios propuestos necesitaría la aprobación de la Unión de Libertades Civiles Americanas (ACLU), la cual representó a Michael Pottinger y varios otros desamparados en la demanda original. Abogados de ACLU se han estado reuniendo con abogados de la Ciudad, pero han dicho que dudan que puedan encontrar un consenso con facilidad.

Además, Sarnoff está esforzándose por conseguir 100 nuevas camas de refugio dentro de los límites de la ciudad de Miami. Los funcionarios de la Ciudad están dispuestos a contribuir al menos $164,000, o sea, alrededor del 15 por ciento del costo anual. Ellos están pidiendo al Homeless Trust que financie el resto de su presupuesto de $52 millones.

Sarnoff ha recibido críticas de parte de quienes consideran que su cruzada está motivada primariamente por el deseo de mejorar la imagen del downtown de Miami entre turistas y consumidores. Sarnoff no esconde el hecho de que él está a favor del desarrollo del downtown. Pero él afirma que esta campaña va más allá de los propietarios de negocios.

“Hay personas desequilibradas mentalmente en las calles quienes no recibirán ayuda a menos que hagamos algo”, dijo.

Algunos defensores de los desamparados están a favor de la estrategia propuesta.

Paul Ahr, presidente ejecutivo de Camillus House, dijo que aumentar los albergues nocturnos era “una buena idea”. “Eso detiene, aunque sea temporalmente, el ciclo de desamparo para esas personas que están en la calle”, dijo Ahr. “Sabemos que, con la mezcla adecuada de programas y albergue nocturno, podremos reducir significativamente el número de personas desamparadas en las calles de Miami”.

Pero Book, el presidente del Homeless Trust, no está convencido. Obligar a los desamparados crónicos a dormir en albergues, dijo, no es más que almacenarlos.

“Almacenar gente no es un modo de acabar con el desamparo”, agregó. “Amarrar a la gente a una cama todos los días no lleva a nada”.

Book prefiere un método a más largo plazo que incluye brindar servicios intensivos de salud mental y servicios sociales a los desamparados crónicos. A él también le gustaría que se invirtiera más dinero en alojamiento de transición, dijo.

“Sé que no los estoy sacando a todos de la calle de un día para otro”, dijo Book. “Eso es más difícil, más caro y lleva más tiempo”.

La gente a ambos lados del debate admite que nunca habrá un downtown libre de desamparados. Con su densa población, sus restaurantes y su acceso a un transporte público barato, es un lugar demasiado atractivo.

Y siempre habrá personas como Aphrosodia Kanawakee.

Kanawakee, de 61 años, lleva más de dos años viviendo como desamparada. Ella duerme a veces en un albergue, dijo, pero prefiere dormir por la NW 1Avenue.

“Los refugios no son para todo el mundo”, dijo Kanawakee, enrollando un cigarrillo de marihuana entre sus dedos curtidos por la intemperie. “Algunos están hechos para la calle”.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de junio de 2013, 5:00 a. m..

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