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Dolor y luto en funeral de víctima de masacre en Hialeah

En medio de un profundo silencio, interrumpido solo por algunos sollozos que intentaban contener las lágrimas, el cuerpo de Carlos Gavilanes entró el miércoles a la iglesia de la Inmaculada Concepción en Hialeah para recibir el último adiós.

Junto a su féretro su compañera, Jennifer Kharrazian, abrazaba a su hijo de 9 años, el menor que presenció la tragedia de la que fue víctima su padre el pasado viernes. También lo acompañaban sus padres junto a otros familiares y amigos.

La tranquilidad que prevaleció en el ambiente durante toda la misa, se rompió cuando el párroco de la iglesia, reverendo Francisco Hernández, invitó al padre de la víctima y a su mejor amigo a ofrecerle las palabras de despedida.

“Siempre estuvo ahí por mí, así como yo estuve por él”, dijo Jason Amado, su mejor amigo, tras una recapitulación de sus casi 23 años de amistad. “Y lo que más lamento es no haber estado en el momento en que más me necesitó”.

Con la voz entrecortada, Amado pidió que Gavilanes fuera siempre recordado como un gran padre, que luchó “tan duro” por mantener su familia. Asimismo, hizo un llamado a las personas presentes para no olvidar a los familiares que lo sobreviven.

Xavier Gavilanes, padre de la víctima, convencido en que “la vida de los justos está en manos de Dios” – como lo dijo la primera lectura – con una voz más fuerte ofreció unas palabras que oscilaron entre la esperanza y la necesidad de exigir una mejor sociedad.

“Dios nos los da y Dios los llama de vuelta. Y esa es la situación que tenemos aquí”, dijo Gavilanes. “Sin embargo, no podemos olvidar que hay un crimen enfrente de nosotros, a pesar de que sabemos que él (Carlos) está en un mejor lugar”.

Gavilanes le agradeció a Dios por el tiempo que pudo compartir con “el gran ser humano” que era su hijo – a quien consideró también su amigo – pero urgió en prestar atención a “los asuntos” que están sucediendo en la comunidad.

“Es un tiempo difícil el que estamos viviendo”, agregó. “Esto no puede seguir. Tenemos que hacer algo con la gente. Tenemos que hacer algo para que se vuelvan a recuperar los valores de verdad, amor y compasión”.

Al finalizar la eucaristía, los presentes se dirigieron hasta el Miami Memorial Park para dejar el cuerpo de Gavilanes en la que es su última morada.

En el lugar y tras un poco más de 10 minutos de oraciones y últimas palabras, los acompañantes se despidieron de Gavilanes mientras ponían una rosa sobre su ataúd. Y con el canto a capela de fondo de Amor Eterno su cuerpo descendió a su tumba.

Gavilanes tenía 33 años cuando perdió la vida a manos de Pedro Vargas en la masacre de Hialeah el viernes pasado. Gavilanes, de origen ecuatoriano, nació en Nueva York y se había trasladado a Miami hacía 11 años, en donde conoció a Kharrazian, con quien tenía dos hijos de 9 y 2 años, quienes lo sobreviven.

Vendía zapatos en la tienda Nordstrom y de acuerdo con información suministrada a un reportero del Miami Herald, pensaban trasladarse de Hialeah.

Gavilanes recibió un disparo por parte Vargas, cuando estacionaba su auto frente al edificio en que ocurrió la tragedia. Desde el balcón de su apartamento en el cuarto piso, Vargas comenzó a disparar hacia la calle y una de las balas hirió de muerte a Gavilanes.

Esta es la primera víctima de la masacre que recibió servicios fúnebres. Los servicios para la pareja de Italo y Samira Pisciotti, Merly Niebles y Priscilla Pérez se estaban realizando a partir del miércoles por la noche. El de Patricio Simono tendrá lugar el domingo.

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de agosto de 2013, 2:27 a. m. with the headline "Dolor y luto en funeral de víctima de masacre en Hialeah."

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