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Médicos describen posible “neuro-arma” usada en ataques en Cuba

Tres médicos que evaluaron las pruebas realizadas a los funcionarios estadounidenses afectados por supuestos ataques en Cuba, creen que estos podrían haber sido llevados a cabo con un arma que focaliza la energía y es capaz de provocar un efecto de “cavitación”.

Se trata de “neuro-armas” que pueden ser biológicas, químicas, o en al caso de los incidentes en La Habana, “que dirigen la energía”, según dijo a la revista National Defense, el doctor James Giordano. Él es profesor de los departamentos de neurología y bioquímica en el Centro Médico de la Universidad de Georgetown y experto en “neurotecnología” y su uso en el campo militar.

El jueves, funcionarios del Departamento de Estado aseguraron en una audiencia en el Congreso que el gobierno aún no sabía cómo se llevaron a cabo ni quién está detrás de los supuestos ataques contra los empleados de su embajada en La Habana y algunos familiares. Los ataques se iniciaron a fines del 2016 y el más reciente se reportó en mayo de este año.

Pero los tres médicos de un grupo creado por el Departamento de Estado creen que los afectados pueden haber sido expuestos a un arma de energía dirigida, que puede causar lesiones al crear “cavitación”, o bolsas de aire, en fluidos cerca del oído interno.

Las burbujas pueden viajar rápidamente por dos conductos que llevan sangre hacia el cerebro desde el oído interno —el coclear y el vestibular— donde pueden “funcionar como un derrame cerebral”, dijo Giordano.

Hasta ahora 26 estadounidenses han sido afectados con síntomas que van desde pérdida de audición, problemas de balance y cognitivos, hasta daño cerebral.

El equipo de especialistas incluye al experto en trauma cerebral y otorrinolaringología, el doctor de la Universidad de Miami Michael Hoffer, y el doctor Carey Balaban, profesor de otorrinolaringología, bioingeniería, neurobiología y trastornos de la comunicación en la Universidad de Pittsburgh, quienes estudiaron de forma independiente las primeras evaluaciones realizadas a los afectados.

Las víctimas viajaron a Miami para ser evaluados y Hoffer también viajó a La Habana poco después de que se reportaron los primeros incidentes, todos ocurridos en residencias diplomáticas y dos hoteles.

“Pensé que estaban siendo atacados. Sigo creyendo que estaban siendo atacados”, dijo Hoffer.

Las personas que examinó dijeron que estaban sentados en sus casas, o en el hotel, cuando de repente sintieron los síntomas: una sensación de presión, dolor o zumbido en los oídos y mareos tras exponerse a un fuerte ruido. Un día después se reportaron algunos déficits cognitivos.

Hoffer dijo que algunos de los afectados dijeron haber percibido que “el rayo” de energía los seguía por la casa y que solo cesó cuando abrieron la puerta principal.

El equipo no pudo concluir exactamente qué método usaron los perpetradores de los ataques pero lo redujeron a varias posibilidades:

Las exposiciones ultrasónicas (acústicas) se consideraron “muy posibles y probables”.

La pulsación electromagnética también se calificó como “muy posible y probable”.

El equipo reportó que el uso de la energía de microondas era posible, pero “poco probable”.

El Departamento de Estado dejó de referirse a los ataques como “sónicos” porque descartaron que el sonido fuera el causante de los síntomas. Un artículo publicado recientement en The New York Times rescató la hipótesis de las microondas como posibles culpables, al describir un mecanismo, aún poco comprendido, que hace que el ser humano pueda escuchar esas ondas en determinadas circunstancias.

Un artículo escrito por especialistas de la Universidad de Pensilvania que también estudiaron a los afectados unos meses después a petición del gobierno, también menciona que estos reportaron sentir los sonidos o vibraciones como provenientes de una dirección específica.

El artículo describe cómo algunos pacientes presentan daño cerebral sin aparente causa.

Pero el escepticismo de la comunidad científica ha rodeado el caso y el gobierno cubano asegura que no hubo ataques sino “histeria colectiva” entre los empleados de la embajada.

Los médicos del equipo inicial creado por el Departamento de Estado también valoraron la posibilidad de que los atacantes usaran una combinación de una droga que se activó con el arma de energía dirigida o que emplearan láseres pulsados.

“Todas estas armas pueden producir cavitación en fluidos y pueden producir estos efectos”, dijo Balaban a la revista National Defense.

Pero los miembros del equipo acordaron que “decir [que los ataques en Cuba] son una cosa u otra es temerario”.

Siga a Nora Gámez Torres en Twitter: @ngameztorres

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