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¿Vimos el final de un grande del boxeo? Si fuera así hay que aplaudir al tremendo campeón de Venezuela

JORGE LINARES cae por KO ante el mexicano Pablo Cano en Nueva York.
JORGE LINARES cae por KO ante el mexicano Pablo Cano en Nueva York.

Quiere continuar. Acaba de ser derrotado de la peor manera posible, pero quiere seguir. No desea escuchar la palabra retiro, mucho menos adiós. Jorge Linares se encuentra en la encrucijada del sorprendido, del gran boxeador en la hora baja.

El orgullo de Venezuela llegó el viernes por la noche a Nueva York con la etiqueta de favorito y con la idea de acercarse a un cuarto título en una nueva división, pero sus sueños quedaron destrozados sobre el lienzo del cuadrilátero del Madison Square Garden.

Todavía Linares debe preguntarse cómo sucedió todo tan rápido, cómo el promedio de Pablo César Cano pudo superar su grandeza para propinarle tres conteos consecutivos y luego obligar al árbitro a detener el combate antes de evitar una tragedia.

A Linares se le unió el cielo y el infierno en poco más de dos minutos, abrumado por el empuje incesante de Cano, que lo sorprendió con un golpe del que ya no se recuperaría jamás y marcaría el principio del fin.

Después de ese impacto en la cabeza, Linares cometió el peor de los errores y en vez de dedicarse a sobrevivir con evasivas, con agarres, con lo que fuera, cayó directamente en la trampa del mexicano y vino hacia adelante como un toro herido y ciego, pidiendo estocadas.

Evidentemente, el oxígeno no llegó bien a su cerebro o el orgullo de guerrero le traicionó en el momento supremo. De lo contrario no se explica cómo no intentó capear el temporal para intentar un renacimiento más adelante.

El hombre que tan bien luciera ante Vasyl Lomachenko –con conteo incluido al ucraniano- se desdibujó por entero frente a un oponente de categoría menor, que venía de perder dos de sus últimas cuatro peleas. Así es el boxeo a veces, impredecible y cruel.

Por supuesto, Linares no se comprometió al retiro. Dijo que lo pensaría, que estudiaría con su equipo bajar a 135 o quedarse en las 140, pero creo que la escritura está en la pared. Finalmente el tiempo y el desgaste capturaron a un púgil que algún día estará en el Salón de la Fama del Boxeo.

Involucrado en tantas confrontaciones, inspirado en tantos regresos, de Japón a Las Vegas, de Caracas a Londres, Linares es uno de esos nombres imprescindibles, respetados. Aquí, sin embargo, no aplica eso de la mala noche, sino de una mala señal, una luz roja que el venezolano debe atender de inmediato.

Si realmente vimos el final de su carrera la cosa es de levantarse y aplaudir. Jorge Linares se va con una mala imagen última, pero el tiempo se encargará de restablecer su enorme figura, como una torre de luz en los cuadriláteros del mundo y la historia.

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