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La participación hispana en la Guerra de Independencia norteamericana

'Galvez en el asedio de Pensacola', cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau.
'Galvez en el asedio de Pensacola', cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau.

Durante la Guerra de Independencia Norteaméricana, de 4,000 a 7,000 soldados latinoamericanos y españoles lucharon junto a los norteamericanos contra los ingleses, cifra que no incluye los hispanos que fueron espías de George Washington, diplomáticos, hombres de negocios y damas cubanas que recaudaron fondos para apoyar la campaña por la independencia.

Al estallar la revolución en 1775, España asumió una fachada de neutralidad aunque en secreto el Rey Carlos III conspiraba contra los británicos. A España y a Carlos III le sobraban motivos para favorecer las 13 colonias de América. En 1762, los ingleses humillaron a España al tomar La Habana. Al año siguiente, España negoció la Florida por la capital de Cuba en el Tratado de París, un intercambio que le cedió a Inglaterra el dominio de la costa este de América, disminuyendo así la presencia española y su poder en el Nuevo Mundo. Considerando también los conflictos antiguos entre España e Inglaterra -por ejemplo, la derrota de la armada en 1588, los filibusteros ingleses que abordaban naves españolas en el Atlántico, la disposición británica a menospreciar a los españoles, caracterizándolos como una raza inferior– lo mas natural era que España se aliara con los norteamericanos.

En 1776, un héroe de hazañas militares en Europa y en México, Bernardo de Gálvez, fue nombrado gobernador de Louisiana, entonces territorio español de Cuba. Enemigo nato de los ingleses, Gálvez se correspondía con Thomas Jefferson y Patrick Henry –líderes intelectuales de la revolución americana– compartiendo sus ideas políticas. Gálvez fortificó New Orleans con el objetivo de asegurar el paso en el Río Mississippi de naves españolas y francesas que cargaban armamentos y alimentos para las tropas americanas en el norte.

Al año siguiente, España despachó al espía José Eligio de la Puente, procedente de San Agustín pero criado en Cuba, a la Florida para que detallara los movimientos de las tropas inglesas en la península. Al mismo tiempo, Juan Miralles y Troilón, comerciante de La Habana, se embarcó hacia Carolina del Norte con el propósito de llegar de incógnito a Williamsburg, Virginia, y reunirse con Patrick Henry. Los dos desarrollaron una estrategia militar que avanzaba las tropas ibéricas de Louisiana a la Florida, haciendo un círculo que terminaría en acciones bélicas en el norte de Georgia. En Williamsburg, se amistaron Miralles y el general Washington: el general obsequió a Miralles con dos oleos, retratos de Washington y su esposa Martha, para ser exhibidos en Cuba. Por su parte, el cubano le presentó a la pareja limones y guayabas de Cuba, símbolos de fraternidad caribeña. En el invierno, Miralles se trasladó a la jefatura militar de Washington en Morristown, New Jersey (a 31 millas del pueblo que se conoce hoy como Union City, centro latino del estado) donde falleció de pulmonía.

El 21 de junio, 1779, el gobierno español le declaró guerra a Inglaterra. Inmediatamente Gálvez dirigió un ejercito de 7,000 hombres –cubanos, mexicanos, puertorriqueños y venezolanos, probablemente la primera vez que hispanos lucharan en tierra norteamericanas, en defensa de los Estados Unidos, junto a negros libres y esclavos, realizando el plan de ataque de Henry-Miralles. Gálvez evitó que los ingleses conquistaran el sur de los Estados Unidos en una series de enfrentamientos: el 21 de septiembre del 1779 derrotó al enemigo en la batalla de Baton Rouge, Louisiana; el 14 de marzo, 1780 capturó Fort Charlotte, en Mobile, Alabama; y el 10 de mayo 1781 triunfó en acciones bélicas de mar y tierra en Pensacola, Florida.

Mientras Gálvez combatía a los británicos, el Marqués de Saavreda, alto funcionario de España en Santo Domingo, fue a La Habana en busca de ayuda financiera para el ejército colonial de Washington. De Saavreda le explicó al gobernador, Juan Manuel de Cagigal, que las fuerzas americanas en Virginia no tenían recursos con que pagar el salario de sus soldados. En dos días, comerciantes cubanos y damas cubanas que vendieron sus joyas recaudaron una suma que hoy sería cerca de $300 millones.

Naves españolas transportaron los fondos a navíos franceses en el Mar Caribe que, evadiendo la flota inglesa, marcharon a Chesapeake Bay donde se reunieron con los combatientes americanos. Al recibir la ayuda de Cuba, se dice que los ojos del general Washington se aguaron. La victoria final norteamericana en Yorktown en 1781 fue, sin duda, el resultado del heroísmo de los americanos, los franceses, los españoles, y los latinoamericanos.

Al concluir la guerra, el congreso de los Estados Unidos declaró su agradecimiento a Gálvez. En 1785, el gobierno de España nombró una bahía y una isla en Texas Galveztón en su honor, la cual hoy es llamada Galveston. Sin embargo, la participación hispana en la guerra no fue reconocida por dos siglos, hasta que en los años 70 historiadores y académicos hispanos documentaron el papel crucial de los latinos en la guerra de independencia.

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