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‘El pasado mío’ explora la contribución afrocubana al arte cubano

“Mouth of Sand (Boca de Arena)”, 2010, de Liset Castillo. Impresión cromogénica (C-print) de una escultura de arena, 48 x 60 pulgadas.
“Mouth of Sand (Boca de Arena)”, 2010, de Liset Castillo. Impresión cromogénica (C-print) de una escultura de arena, 48 x 60 pulgadas.

El pasado mío: contribuciones afrodescendientes al arte cubano, de Alejandro de la Fuente y Cary Aileen García Yero (Ed, Iberoamericana, Madrid, 2025) debe leerse, antes que nada, como un libro de investigación que revisa el canon de la historia de las artes visuales cubanas de los dos últimos siglos. Las páginas respiran la reconstrucción documental, la revisión de archivos, la identificación de artistas, la localización de obras, el análisis de trayectorias y la crítica de los mecanismos historiográficos.

“Desperate Measures”, 2019, de Alexandre Arrechea.  Tinta ultravioleta sobre madera.
“Desperate Measures”, 2019, de Alexandre Arrechea. Tinta ultravioleta sobre madera. Fotos cortesía / Alejandro de la Fuente

En este sentido es llamativo la rigurosa y abundante bibliografía, tanto del ámbito hispanohablante, como del anglohablante desplegada a lo largo de todo el libro. También es extensa la lista de archivos consultados tantos personales como de instituciones públicas y privadas. Es una investigación que, no olvidemos, se ha desplegado también a través de un proyecto curatorial muy ambicioso con el mismo título que va ya por su segunda edición con la presentación de El pasado mío en el Lowe Art Museum, 2026. La primera tuvo lugar en Ethelbert Cooper Gallery of African & African American Art en Cambridge, 2022. De ahí que la lectura de este libro esté ilustrado ampliamente por imágenes de pinturas, dibujos, esculturas, textos, carteles, cartas manuscritas y todo tipo de documento que hacen fluir la narración dándole a la lectura un acentuado y ameno “carácter retiniano”.

“Jungla Carnal (Naked Jungle)”, 2020, de Elio Rodríguez Valdés. Escultura blanda, 59 x 59 x 7.75 pulgadas.
“Jungla Carnal (Naked Jungle)”, 2020, de Elio Rodríguez Valdés. Escultura blanda, 59 x 59 x 7.75 pulgadas. Fotos cortesía / Alejandro de la Fuente

El libro está dividido en tres partes: La primera: Artistas afrodescendientes y arte cubano hasta la década de 1930, escrito por Alejandro de la Fuente. La segunda:. El arte de los afrocubanos desde la década de 1930. Pronunciamientos sobre su condición social y patrimonio cultural, escrito por Cary Aileen García Yero. Y, la tercera parte : Mirando al futuro: Cuba y Afrolatinoamérica, tiene dos capítulos, el primero por Alejandro de la Fuente, (El contexto Afrolatinoamericano) el segundo, por Cary Aileen García Yero (Directorio de artistas afrocubanos).

“Finding Balance”, 2015, de María Magdalena Campos Pons. 28 impresiones polaroid, 116 x 161 pulgadas.
“Finding Balance”, 2015, de María Magdalena Campos Pons. 28 impresiones polaroid, 116 x 161 pulgadas. Fotos cortesía / Alejandro de la Fuente

De la Fuente esboza en la primera parte una especie de genealogía, desde las primeras décadas del siglo XIX hasta la década de 1930 del siglo XX sobre la existencia de una nutrida actividad artística realizada por pintores afrodescendientes. En este relato, narrado fundamentalmente en tercera persona, emerge paralelamente la cultura material en la que se desarrollaban estos artistas, así como también el contexto político económico y sociocultural que tenía de trasfondo. Y aquí se hace fascinante, sobre todo en el capítulo 1 y 2: ¿Sus primorosas obras? Arte y blanquitud en la Cuba colonial y Artistas afrodescendientes y ciudadanía: el siglo XX. Los hallazgos son documentados rigurosamente, sobre la amplitud y riqueza de la producción artística afrodescendiente. Son los casos, entre muchísimos más, de María Ariza (1873-1959) del paisajismo realista, o de Guillermo Campo Hermoso (1884-¿?), ganador con unos de sus cuadros de la Medalla de Oro en la Exposición Iberoamericana de Sevilla, 1927.

Obras en sala de la exhibición “El pasado mío” en el Lowe Art Museum, Universidad de Miami.
Obras en sala de la exhibición “El pasado mío” en el Lowe Art Museum, Universidad de Miami. ORIOL TARRIDAS

¿Qué olvida Cuba, cuando olvida a estos artistas?

“Lo que Cuba olvida al ignorar a estos artistas es que la historia de la cultura nacional ha sido frecuentemente narrada a partir de exclusiones racializadas. El resultado es una historia empobrecida, oportunidades perdidas, vidas, contribuciones y proyectos soslayados o ignorados. La expresión más clara de ello es que tenemos un solo ejemplo de artistas afrodescendientes en el siglo XIX cubano con obra identificada y conocida: Vicente Escobar”. Entonces se pregunta el investigador: “¿Cómo es eso posible? ¿Cómo se armó una historia tan excluyente y pobre?”.

Obras en sala de la exhibición “El pasado mío” en el Lowe Art Museum, Universidad de Miami.
Obras en sala de la exhibición “El pasado mío” en el Lowe Art Museum, Universidad de Miami. ORIOL TARRIDAS

El relato atraviesa las primeras vanguardias cubanas del siglo XX donde también esta investigación detecta un déficit muy importante relacionado con la presencia de artistas afrodescendientes. “(…) no se trata solo”, amplia De la Fuente, “de un tema colonial: las exclusiones persisten en el siglo XX y la vanguardia es un ejemplo de ello. A pesar de la atención que la vanguardia artística de finales de los años 20 y de los años 30 dedicó a la cultura afrocubana, el movimiento es frecuentemente recordado a partir de figuras racializadas como blancas. Los maestros afrocubanos (Teodoro Ramos Blanco, Peñita, Ramón Loy) no aparecen por ninguna parte”.

Obras en sala de la exhibición “El pasado mío” en el Lowe Art Museum, Universidad de Miami.
Obras en sala de la exhibición “El pasado mío” en el Lowe Art Museum, Universidad de Miami. ORIOL TARRIDAS

En la parte El arte de los afrocubanos desde la década de 1930. Pronunciamientos sobre su condición social y patrimonio cultural, Cary Aileen García Yero, se adentra en el último período republicano para, después sumergirnos de lleno en la compleja y contradictoria relación entre la Política Cultural de la Revolución (1959) y el arte contemporáneo de carácter afrocubano.

Obras en sala de la exhibición “El pasado mío” en el Lowe Art Museum, Universidad de Miami.
Obras en sala de la exhibición “El pasado mío” en el Lowe Art Museum, Universidad de Miami. ORIOL TARRIDAS

Especialmente interesantes resultan las observaciones sobre cómo en el arte afrodescendiente convive, por un lado, según anota García Yero, el interés por “(…) recrear y celebrar el patrimonio cultural e intelectual africano y afrodescendiente, lo que involucraba la interpretación de cosmogonías y prácticas culturales, incluidas creencias religiosas, convenciones seculares y temas míticos (…)”. Por el otro, producciones simbólicas que “desarrollan estrategias discursivas para denunciar diferentes formas de racismo y marginación”. Es revelador el relato de los vaivenes entre esta producción afrocubana y los enunciando políticos ideológicos de la Política Cultural de la Revolución, que en muchos casos consideraban las prácticas afrocubanas como cosas de “brujería” y rezago del pasado. El capítulo 4 El racismo antinegro, a través de testimonios de muchos artistas, reflexiona con buena claridad en torno a estas “posiciones revolucionarias” frente al tema racial en el ámbito de las artes visuales cubanas contemporáneas. García Yero recopila un buen grupo de testimonios de artistas que trabajan esta temática.

Sí, es cierto que la revolución decreto la muerte del racismo en Cuba, sin que este se hubiese erradicado. Lo curioso es ver aquí como estos enunciados políticos ideológicos de la revolución fueron modulando su discurso antirracista respecto al tema afrocubano de acuerdo a las etapas y agenda política ideológica de la revolución. En este sentido, la percepción de la revolución como una revolución marxista-leninista que abrazaba el internacionalismo proletario, en el contexto de la Guerra Fría, como idea para su expansión al resto de los países del Tercer Mundo, no comulgaba con una apertura expandida al tratamiento cultural del tema racial afrocubano. De ahí que esta temática fuera “encapsulada” (como una manifestación del folclore cubano), por tanto, dada como resuelta. Evitando así, sobre todo en las tres primeras décadas después de la llegada de la revolución (1959), reabrir el debate racial dentro de los enunciados de la política cultural revolucionaria. Pero cuando cae el Muro de Berlín (1989), el discurso cultural del totalitarismo cubano desplazó buena parte de su legitimidad hacia un nacionalismo de resistencia.

Portada
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La nación, presentada como plaza sitiada frente al imperialismo, se convirtió en centro de gravedad de una nueva retórica de cohesión política. Dentro de ese marco, lo afrocubano fue reivindicado como prueba histórica de la vocación anticolonial, popular y mestiza del proyecto revolucionario. Sin embargo, esa reivindicación no implicó necesariamente la aceptación del racismo como conflicto estructural dentro del socialismo cubano. Al contrario, el tema racial fue reconocido en la medida en que podía fortalecer la narrativa nacional-revolucionaria, pero tendió a ser contenido cuando se formulaba como demanda crítica, autónoma o disidente. De ahí que lo afro aparezca simultáneamente como patrimonio de la nación, como emblema antiimperialista y como zona de conflicto político administrada por el Estado.

‘El pasado mío, en el Lowe Art Museum, Universidad de Miami, 1301 Stanford Dr, Miami, FL 33146, hasta el 12 de septiembre, 2026.

“El pasado mío: contribuciones afrodescendientes al arte cubano”, de Alejandro de la Fuente y Cary Aileen García Yero (Ed. Iberoamericana, Madrid, 2025, 358 págs.) https://www.amazon.com/El-pasado-m%C3%ADo-contribuciones-afrodescendientes/dp/8491924914

Dennys Matos es crítico de arte y curador especializado en arte latinoamericano. dmatos66@gmail.com

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