Transmito a los boxeadores las cosas positivas de un gran campeón. Leyenda cubana del ring se deja ver en Miami
Ciertos campeones levantan cinturones y hay otros que, con el paso de los años, entienden que los títulos también pertenecen a quienes estuvieron en la esquina cuando nadie más podía subir al ring. Joel “El Cepillo” Casamayor pertenece a esa segunda categoría.
Convertido desde hace mucho en una de las mayores leyendas del boxeo cubano, el campeón olímpico de Barcelona 1992 y monarca mundial en dos divisiones sorprendió con un mensaje cargado de gratitud hacia el entrenador Franco González, quien en diferentes etapas de su carrera también formó parte de su desarrollo como boxeador y más adelante compartió con él responsabilidades en la esquina.
El intercambio entre ambos, en la pasada velada de Fist of Fury en el Hard Rock, refleja una relación construida sobre el respeto mutuo, pero también deja ver la humildad de un hombre que, pese a haber conquistado prácticamente todo en el boxeo, nunca olvida a quienes caminaron junto a él.
“Para mí ser entrenador es una cosa muy grande, porque le transmito mis cosas a los boxeadores... son cosas positivas, cosas de un gran campeón‘’, expresó Casamayor al referirse a su actual etapa como maestro, una faceta en la que busca transmitir la experiencia acumulada durante décadas en la élite del deporte.
Cuando González le preguntó qué significaba tenerlo nuevamente a su lado en la esquina, Casamayor no dudó en responder con palabras de reconocimiento.
“Otro orgullo, otra cosa grande. Tenerte a ti de entrenador y ahora de colega... fuimos entrenadores juntos y tenerte en la esquina para coger cuatro títulos mundiales... muy contento. Es un honor‘’, afirmó el santiaguero, dejando claro el agradecimiento hacia quien también contribuyó a distintos momentos importantes de su trayectoria.
Las palabras adquieren mayor dimensión cuando provienen de uno de los mejores boxeadores que ha producido Cuba en cualquier época.
Casamayor construyó primero una carrera amateur excepcional bajo la prestigiosa escuela cubana, coronada con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Tras establecerse en Estados Unidos, inició una brillante trayectoria profesional que lo llevó a conquistar títulos mundiales en las 130 y las 135 libras, incluyendo el campeonato lineal del peso ligero, un reconocimiento reservado para quienes son considerados los verdaderos reyes de una división.
En una época repleta de figuras, “El Cepillo” jamás rehuyó un desafío. Compartió el ring con nombres de la talla de Diego Corrales, Acelino “Popó” Freitas, Juan Manuel Márquez y Michael Katsidis, construyendo una reputación como uno de los zurdos más incómodos, inteligentes y competitivos de su generación.
Su combinación de técnica refinada, inteligencia táctica y esa picardía propia del boxeo profesional convirtió cada una de sus presentaciones en una prueba de resistencia física y mental para cualquier rival. No por gusto su nombre continúa apareciendo entre los candidatos naturales a ingresar algún día al Salón Internacional de la Fama del Boxeo.
Durante la conversación también hubo espacio para hablar de la escuela cubana de boxeo, un sistema que Casamayor considera con suficiente talento para seguir produciendo campeones.
“Todos han hecho un buen papel y todos van a hacer un buen papel‘’, comentó sobre las nuevas generaciones de pugilistas que intentan abrirse camino dentro del profesionalismo internacional.
El diálogo terminó entre risas, abrazos y un mensaje para los aficionados.
“Saludos para todos los fanáticos de Miami y para todas partes. I love you, Miami. Let’s go, baby!‘’, exclamó Casamayor, antes de recibir otro reconocimiento de González, quien le respondió que para él también era un orgullo compartir nuevamente la esquina con una figura que ayudó a escribir algunas de las páginas más importantes del boxeo cubano.
A veces los grandes campeones hablan de victorias, nocauts o cinturones. Esta vez Joel Casamayor habló de gratitud. Y quizás ese sea uno de los títulos que más valor tiene cuando la carrera ya está escrita para la historia.