Artes y Letras

Para recordar a Lydia Cabrera

Lydia Cabrera en 1977.
Lydia Cabrera en 1977. Miami Herald

Investigadora, etnóloga y escritora cubana, Lydia Cabrera (La Habana, 20 de mayo, 1899 - Miami, 19 de septiembre, 1991) cumple 25 años de ausencia. Junto a su maestro, el también etnólogo y antropólogo Fernando Ortiz, siguió el rastro de las comunidades africanas en Cuba en busca de los aspectos culturales, lingüísticos y antropológicos de esa raza en la isla.

El proceso de “transculturación”, término introducido por Ortiz –intervalo gradual por el que una cultura se funde a otra creando una aculturación–, no sería visible ni entendible sin la dilucidación que de ese proceso hiciera Lydia en sus insustituibles investigaciones y libros: El Monte, Refranes de negros viejos, La sociedad secreta Abakuá, Reglas de Congo: Palo Monte Mayombe, y otros.

Pero no sólo esos trabajos investigativos abrieron la fuente al entendimiento, también lo hizo por medio de la narrativa de ficción con Cuentos negros de Cuba (Gallimard, 1936), de los que diría Don Fernando en su prólogo al libro: La mayoría de “los cuentos entran en la categoría de fábulas de animales, como las que antaño dieron su fama a Esopo, y contemporáneamente a las afroamericanas narraciones del Uncle Remus que son tan populares entre los niños de los Estados del Sur en la federación vecina. (…) piezas folklóricas muy típicas de los yorubas…”.

Era tanta la seriedad con que Lydia se dedicaba a la investigación de campo y su sencillez tan auténtica, que se acercaba a las concentraciones negras religiosas –mitificadas como peligrosas– y le resultaba relativamente fácil ganarse la confianza y el agradecimiento de los negros afrocubanos; así pudo recorrer la isla investigando y dando luz con cada información.

Cuando escribió El Monte, en el prólogo del libro mostró la humildad con que hacía su trabajo: “El único valor de este libro (…) consiste exclusivamente en la parte tan directa que han tomado en él los mismos negros. Son ellos los verdaderos autores”. No por gusto está considerado un libro referencial, sublimado por los cubanos todos, por su rigor científico y el mundo que muestra.

Sobre el mismo tema da fe Isabel Castellanos en la entrevista Para llegar a Lydia Cabrera. Conversación con Isabel Castellanos: las ceremonias del adiós entre Lydia Cabrera y María Teresa de Rojas, que le realizara la escritora Madeline Cámara, investigadora y estudiosa de Lydia Cabrera: “Lydia no tenía ningún interés académico, absolutamente ninguno (…) Don Fernando era el científico, pero Lydia es una artista, también por la capacidad de empatía que ella tenía con la gente, con sus informantes. (…) a ella lo que le interesa es simplemente ser el canal, mira, no hay un escritor que yo haya conocido, más despegado de su obra que Lydia Cabrera, era una persona que de verdad no le interesaba ni ser famosa ni ser reconocida…”.

Luego la propia Cámara nos caracteriza a Lydia a su manera: “¿Etnógrafa o escritora? Pregunta con dos senderos que se unen y nos llevan a la magia de la Lydia Cabrera, a su cultivo de lo que Zambrano llamó ‘conocimiento poético’. He estudiado el magnífico asunto usando criterios de la etnografía postmoderna de Tyler y las teorías sobre el dialogismo de Batjín, pero ya Reinado Arenas lo dejó dicho. Al final siempre tendremos a Lydia sentada en el centro del poema”.

Lydia, una mujer blanca de buena posición económica que hizo poesía con su vida, se adentró en el mundo de la magia religiosa negra, entre carabalíes y lucumís, para develar los mitos étnicos y el folclor cubano, en libros escritos para todos, a los que niños y adultos pudieran acercarse y conocer el cómo, y por qué, de la isla blanquinegra.

Resulta igual de asombroso que Cabrera pensara en aquel tiempo en ciertas cosas, y que las escribiera y publicara, sin miedo a las consecuencias, dejando caminos abiertos para los que se decidieran a seguirla, como cuando escribe en su cuento El sabio desconfía de su misma sombra: “Un hombre cree que una mujer es, realmente, una mujer. Una mujer está segura que un hombre no es más que un hombre. ¡Nadie sabe lo que se esconde en un disfraz humano!”

En resumen, que debemos recordar a esta luchadora por la identidad, que se mantuvo en desvelo rescatando tradiciones populares, mitos, historias y verdades; hurgando en las heredades íntimas de su país para que los ciudadanos lo conocieran y entendieran mejor.

Recordarla nosotros, en esta parte libre de Cuba, porque existe una mordaza en la isla que omite su nombre, y aunque se reeditan algunos de sus libros porque son una muestra culta y superior de trato y respeto al folclor cubano, no festejan su vida, como tampoco lo hacen con La República (ambas cumplen años el mismo 20 de mayo), ni tampoco la recuerdan en su muerte, la que al llegar, le dejó un breve aliento que ella gastó en decir por última vez ‘Habana’.

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de septiembre de 2016, 6:44 p. m. with the headline "Para recordar a Lydia Cabrera."

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