Artes y Letras

‘Primer conteo’: pugilismo del verbo en la poesía de L. Santiago Méndez Alpízar

Imagen de cortesía

La Editorial Renacimiento acaba de publicar Primer conteo. Antología, 1988-2012, un tomo con la poesía escogida de L. Santiago Méndez Alpízar, ‘Chago’ (San Juan de los Remedios, Cuba, 1970), con selección a cargo de Víctor Fowler y prólogo del crítico venezolano Johan Gotera. Escribí hace más de diez años una reseña sobre la obra del poeta remediano y desde entonces sigo su trayectoria como escritor así como su trabajo de editor y bloguero en el espacio Efory Atocha.

La actividad poética de Méndez Alpízar comienza con el libro Plaza de Armas, que ganó el Premio Nacional de Poesía Pinos Nuevos, en 1995. Gotera, sagaz intérprete de Primer conteo, advierte y cataloga los motivos centrales de la poesía de Chago. Primero, la materialidad: “Al chantaje de la Historia y la degradación de los ideales políticos, el poeta responde con el ejercicio de una ciudadanía biológica”, comenta el prologuista. Esa materialidad exhibe una musculatura y una agilidad pugilísticas: cada verso del Chago de la primera época es un gancho, o lo que el fallecido poeta Juan Carlos Flores llamó un “contragolpe”. El poeta parece danzar sobre la lona, que es su escenario.

El ámbito de la representación poética aparece despojado de todo adorno, es un cuadrilátero donde el púgil se enfrenta a sí mismo, boxea con su sombra. El poeta salta, se mueve con gracia. La poesía de Plaza de Armas es toda movimiento, pura energía encapsulada en contraconsignas, en epigramas que contradicen algún lugar común o anuncio oficial. Allí el escritor se declara ganador precisamente por haber sido derrotado. Este “primer conteo” es el catálogo de sus caídas o de sus victorias pírricas: “Hay un desconocido apuntándome/no responde/pero hay una sombra detrás de la mía/Tal vez sea el miedo/el miedo que siento al miedo” (A tiempo de la espera, III, p. 46).

Vemos aparecer algo que se parece al espectro del Terry Malloy de Marlon Brando, en Nido de ratas (1954): I coulda been a contender, I coulda been somebody..., Chago expresa el mismo sentimiento, habla el mismo idioma cuando escribe: “Como todos/pude tener una historia/y la perdí”. Homólogo de Malloy, el-que-pudo-ser-algo, Chago se ha perdido a sí mismo y a su Historia.

De la primera caída Chago salta, con gran pericia, hacia otra pérdida: la de la madre. Punto negro, escrito en La Habana entre 1994 y 1996, dedica un hermoso treno a la memoria de Berta Alpízar Pérez: “Un día como hoy/se escondía de la muerte y/de la madre” (8-5-80, p. 27). Es en ese libro, precisamente, donde aparece por primera vez un motivo literario que no debería descuidarse: el “rockasón”, especie de reguetón chaguiano que hace girar el aliento poético a 45 revoluciones por minuto.

A partir de Estereotipos. Alucinaciones. Otras experiencias (p. 32), poema dedicado a Jorge Alberto Aguiar, el libro experimenta una aceleración que lo lleva del pugilismo prosódico al contoneo heavy metal: “Yeah baby/Judas Priest conspira/Venga heavy/Ron Hardford es un hueso y/conspira y/perdí el rastro de la casa”, canta el trovador, para añadir enseguida: “Marihuana//Alguien habló de marihuana”. Punto negro es, a fin de cuentas, un cancionero, el cuaderno de songs oído en el estéreo de la alucinación, con la mirada fija en el punto negro que gira y produce zumbidos y fugas: “Un punto en el espacio/es una fuga//Entre una historia y otra/un punto negro”. (Rockasón con Virgilio Piñera, p. 35).

La aparición de María Juana sirve para insertar el motivo sexual como arquetipo materno; la intoxicación culmina en el himeneo del cuaderno Efory Atocha, escrito en España entre 2004 y 2008, y que, en mi opinión, contiene los poemas más logrados de Primer conteo. El amor produce pathos, el cuerpo del poema engorda, se ensancha en la delectación de la placidez hogareña, deja atrás lo escuálido y lo mínimo y toma la forma de tiernos pronunciamientos: “No mencionaremos el pathos ni a escritores aburridos/pero tocaré/como en el poema/con mis gordos pies por debajo de la mesa//y tú volarás mareadita y borracha”.

La mujer es la patria, es “Galizia de puertas adentro”, es el habelas hailas y a velas vir, en el exquisito Poema como si estuviera en Galizia II (p. 47), que lleva la sencilla dedicatoria Para ti también. La patria es la lengua para quien ha “partido de todo” y solo le “queda hacerse un hueco”: el poeta enamorado habla ahora en gallego.

Gotera comenta el concepto de “belleza bárbara”, que adelantara el crítico Jorge Luis Arcos al referirse a la poesía de Méndez Alpízar, e insiste en que “esta materialidad es una honda conciencia ganada en la salud del desengaño”. Quisiera anotar que es, precisamente, en esa materialidad de “polvo y sombra” donde se aloja la imagen, o lo que podíamos llamar la “imago” chaguiana. Más que de materialidad simple, primitiva, se trata en este libro de prima materia, materia dotada de ser, de pathos y signos vitales.

Lo que Méndez Alpízar nos muestra es el “proceso”, su poesía devela un secreto. Pocas veces nos es dado ser testigos de la alquimia del verbo, y el asombro que nos producen estas páginas sucintas se debe a la demostración de que en el centro de lo poético existe un acontecimiento anterior a cualquier poesía: la muerte como origen. Primer conteo es el recuento de la caída y resurrección de Chago: derribado por los contragolpes de la vida (”Rumiaré por arribita los versos de Vallejo”) el poeta vuelve en sí espontáneamente, con la certeza de su poesía bajo el brazo.

Presentación de “Primer conteo. Antología, 1988-2012”, jueves 22 de septiembre, 7:00 p.m., en la Casa de América, Madrid. Participan junto al autor el ensayista Iván de la Nuez y el editor Abelardo Linares.

Néstor Díaz de Villegas, escritor cubano. Reside en Los Ángeles.

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de septiembre de 2016, 11:37 a. m. with the headline "‘Primer conteo’: pugilismo del verbo en la poesía de L. Santiago Méndez Alpízar."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA