Artes y Letras

‘Made in New York’, de lo sublime en el arte

‘Mute City, Big Blue, Port Town’, 2014. Instalación de Caitlin Cherry.
‘Mute City, Big Blue, Port Town’, 2014. Instalación de Caitlin Cherry. WorldRedEye.com

Recién abrió sus puertas un nuevo espacio galerístico en Miami. Su nombre: Blueshift Project; su localización: Wynwood. La apertura ha ocurrido por todo lo alto, con una muestra cuyas obras ostentan calidad de museo. Me refiero a Made in New York, exposición colectiva que agrupa obras de ocho artistas neoyorquinos, en todos los casos desde un interés común: explorar las posibilidades expresivas de la tridimensionalidad, del arte escultórico e instalativo.

Un primer rasgo que distingue a la muestra es su condición interactiva, su coqueteo con los espectadores, quienes deben manipular buena parte de las obras, tocarlas, encender sus luces, echar unas monedas que activen su andamiaje. Hay mucho de juego en la exposición, mucho de humor. Prueba de ello es la pieza Goya intentando enseñar a las masas sobre cómo usar cabras en las artes visuales, del dúo Jen Catron & Paul Outlaw. El propio título resulta delicioso. Más aún cuando se contrasta con la imagen: un carrusel típico de los parques de diversiones para niños, con la diferencia de que esta vez los caballos han sido sustituidos por cabras reales disecadas, las cuales pareciera que habitan una esquizofrenia aguda: muestran sus bocas abiertas, como lanzando fuertes alaridos; portan pelucas en sus cabezas, gafas en los ojos. Exhiben atributos de la condición humana. Cuando el visitante coloca una moneda de veinticinco centavos, las cabras comienzas a dar vueltas de un modo chistoso. Un primer nivel de lectura estaría asociado a un homenaje a Francisco de Goya, en especial a sus Caprichos, y hasta a su famoso Aquelarre. Pero más interesante resulta el gesto perverso de trocar la inocencia de los carruseles en una macabra escena colmada de sarcasmo. O pudiera pensarse en otra interpretación, alusiva a una duda que nos provoca la pieza: ¿estamos ante una “humanización” del reino animal, o ante una “bestialización” de la especie humana? Me inclino por lo segundo.

En otro orden de cosas, se descubren también preocupaciones de tipo ecológico en la exposición. Tal es el caso de las obras de David Brooks, especialmente la instalación Naturaleza muerta con recogedor de cereza y palmas, en la que el autor alerta sobre las nefastas consecuencias del accionar urbanístico del hombre en relación con su entorno natural. Una práctica muchas veces desmesurada, insensata. La escala de esta pieza resulta abrumadora, impactante para un espacio interior techado. Esta es una de esas obras que hay que ver in situ; ninguna imagen fotográfica podría captar a cabalidad su fuerza expresiva, su poderosa personalidad.

Otra propuesta valiosa es la presentada por Caitlin Cherry, titulada Ciudad muda, gran azul, ciudad portuaria. Aquí nos enfrentamos a una piscina (justo al centro de la galería) atípica: su profundidad es de solo 1 pie. En el fondo, a través del agua, se divisa una pintura realizada al óleo sobre lienzo, mientras en los alrededores reposan algunas toallas. En su carácter de absurdo es donde esta metáfora adquiere un encanto peculiar, toda vez que la escasa profundidad del estanque lo torna completamente disfuncional. ¿A qué se invita al espectador, si apenas hay agua para lanzarse? ¿Se trata de una incitación al choque brusco, al suicidio? ¿Por qué la pintura al óleo debajo del agua? ¿Será que se nos habla del arte como espejismo, como simulacro? ¿Para qué las toallas, si nadie podrá bañarse? Son muchas las interrogantes que hacen de esta obra una misteriosa seducción.

Asimismo, son bien significativos los trabajos de Genesis Belanger, Nick Doyle, Irini Miga y Dana Sherwood. Estos, junto a los anteriores, convierten al proyecto comisariado por Robert Dimin en una experiencia sublime en toda la acepción del término. Es algo que no se puede narrar con palabras. Hay que vivirlo.

Píter Ortega Núñez es crítico de arte y comisario. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana en el 2006, es también autor del libro Contra la toxina (ensayos sobre arte cubano actual).

piter.ortega@gmail.com

‘Made in New York’, hasta el 26 de marzo en Blueshift Project. 175 NW 25th Street, Miami. Teléf: 786-899-0405.

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