Artes y Letras

Entrevista a Fabio Murrieta: La buena retórica nunca muere

Fabio Murrieta presenta ‘La crónica más larga. Periodismo cubano en el exilio’ el miércoles 9 de noviembre a las 7:00 p.m. en el Centro Cultural Español.
Fabio Murrieta presenta ‘La crónica más larga. Periodismo cubano en el exilio’ el miércoles 9 de noviembre a las 7:00 p.m. en el Centro Cultural Español. CORTESÍA

Las fronteras, salvan pero también excluyen. Tanto para bien como para mal, los seres humanos acuden con mayor frecuencia a ellas, tras quimeras por problemas económicos, o en busca de la identidad personal o social que les es negada en sus países. Sin embargo, es la palabra la que realmente nos libera, la que establece el intercambio intelectual, físico, material y emocional. La mayoría de los escritores se sienten aislados en el exilio, hasta que encuentran la lengua con que pueden compartir.

El día nueve de noviembre se presentará en el Centro Cultural Español de Miami, La crónica más larga: Periodismo cubano en el exilio (Aduana Vieja, 2016). Un libro del ensayista, crítico y editor, fundador y director de la Editorial Aduana Vieja en España, Fabio Murrieta. Es una antología que incluye una amplia recopilación de textos de destacados periodistas cubanos que han ejercido su profesión en el exilio, y en él se asume por primera vez un acercamiento al periodismo cubano fuera de Cuba. Murrieta accedió a conversar con nosotros en una entrevista exclusiva para el Nuevo Herald.

¿La pregunta sobre la esencia del periodismo hoy, es tan legítima como ayer? ¿Hay diferentes respuestas según las épocas?

Estoy convencido de que sí, de que la pregunta es hoy tan esencial como hace cien años. Precisamente por lo que ha evolucionado el periodismo desde sus orígenes meramente publicitarios. Hemos pasado de ser los receptores pasivos de una noticia, a tener la capacidad de crearla, difundirla, amplificarla e incluso interactuar con ella y hacer todo esto con nuestros propios medios, donde un periódico, por ejemplo, es un elemento más de la red y no necesariamente el más importante.

Sobre si hay diferentes respuestas según la época, creo que para algunas interrogantes, muchas respuestas serían la misma. El periodismo (el bueno, el auténtico, el de toda la vida) sigue siendo generosidad, curiosidad, desafío, riesgo, honestidad intelectual y pulcritud en el uso de la lengua. La buena retórica nunca muere. Para otras cuestiones, como la del viejo dilema de las relaciones entre periodismo y literatura, o sobre qué es lo verdaderamente importante en el periodismo, si la información o la verdad, creo que seguiríamos sin ponernos de acuerdo y habría un poco para todos los gustos.

Sabemos cómo se lleva el periodismo real con el poder en Cuba, pero, ¿cómo se llevan los periodistas cubanos con el poder fuera de la isla?

Como sabes, las relaciones entre el periodismo, o mejor maticemos: “cierto tipo” de periodismo y el poder, no son exclusivas de Cuba. Forman parte de un entramado político, económico y social extremadamente complejo, donde no solo tendríamos que hablar de los poderes políticos, sino también oligárquicos, financieros y tecnológicos. En España, por ejemplo, cuesta encontrar un medio verdaderamente independiente y que no sea parcial. Supongo que en todas la casas se cuecen habas, y en la nuestra (me refiero al periodismo cubano) no necesariamente a calderadas, como termina el refrán. En este caso supongo que en la nuestra podemos decir que también…

Es un problema de credibilidad. La prensa es un negocio, pero también participa del debate político, por lo tanto hay que buscar el punto de equilibrio y no confundir la mercantilización del producto, comprensible para la subsistencia de cualquier medio, con la comercialización del pensamiento y de las ideas. Cuando ocurre esto último, estamos hablando de servilismo, no de periodismo.

Las ideas políticas han obligado al escritor y periodista cubano al exilio y al auto exilio en cualquier país, y a ejercer su profesión en ellos dejándose influir por los aires extranjeros. ¿Cuál crees que son esas principales influencias?

La insularidad nos hizo buscar y beber de todas las fuentes. Es un impulso que creo que no hemos perdido. A Cuba llegaban las revistas de moda francesas y muchos libros de filosofía, incluso antes que a España. Nuestros escritores y artistas, y también nuestros periodistas, siempre han estado muy actualizados en cuanto a tendencias políticas y de pensamiento. En Cuba siempre tuvimos pasión por la traducción y la difusión de obras de la literatura universal. En el exilio creo que ese olfato lo seguimos manteniendo, y de ahí autores de primera línea, tanto ensayistas como narradores como Zoé Valdés, Wendy Guerra, Pedro Marqués de Armas, Elías Miguel Muñoz, Emilio Ichikawa o tantísimos más, cuyas obras son un pulso de la actualidad más rabiosa, no solo a nivel de contenidos, sino también formal y estéticamente hablando.

El libro Con Cuba en la distancia (Editorial Hispano Cubana, 2001) lo definiste en el prólogo como “un proyecto de difusión de la cultura cubana del exilio y de análisis de la sociedad cubana contemporánea”. ¿Por qué tu empeño por la divulgación de la cultura cubana del exilio? ¿Por qué esa necesidad de encontrar un sentido de trascendencia intelectual en el exilio cubano?

Por varias razones, la primera de ellas, porque para mí el exilio cultural cubano es una realidad trascendente más allá de lo político, con lo cual constantemente se le intenta vincular y estigmatizar. Es decir, el arte y la literatura cubana del exilio existen más allá de los motivos por los cuales alguien haya salido de Cuba. Ser poeta y exiliado no significa ser terrorista. Lo político incide y no. En el poema que Raúl Rivero escribió en los sesenta a un Mig 21, puede haber unos versos espectaculares que nada tienen que ver con su poesía posterior en el exilio, lo cual no significa que dejemos de leer esa parte de su obra ni que renunciemos a ella. Forma parte de su poesía, y decir que es poesía debería ser suficiente. Con Cuba en la distancia fue una forma de restablecer ese discurso, dando prioridad a lo creativo frente al debate absurdo y oportunista de lo político.

Luego hay una segunda razón, y es porque al exilio cultural cubano le ha tocado sufrir no solo el destierro y la violencia que implica vivir lejos de tu tierra, sino además, y como a todo exilio, la incomunicación, el silencio, el aislamiento, el confinamiento y la exclusión. Sobreponerse a esas dificultades, con una producción artística y literaria como la nuestra, merecía mucho más que un simple estudio.

Un poco lo que hicimos en aquel libro, hemos querido recuperarlo y hacerlo ahora con esta otra antología, La crónica más larga, pero centrándonos en el fenómeno del periodismo cubano en el exilio.

¿Crees que esta antología sobre periodismo cubano en el exilio tiene algún alcance social y literario fuera del contexto cubano? ¿Por qué lo consideras un “fenómeno”?

Claro que sí. El periodismo, si es bueno, es universal. No solo es información, debate, entretenimiento, sino que tiene un valor implícito como praxis y como modelo de escritura y de pensamiento. Ahí tienes la famosa crónica de Martí sobre el terremoto de Carolina, que sigue siendo un clásico, no solo para el modernismo. Una crónica de Madeline Cámara sobre la represión en Rusia, por ejemplo, es como aquellos discursos oblicuos de Shakespeare sobre Inglaterra: la lees y sabes que estás leyendo sobre algo que te afecta en lo más íntimo.

El periodismo cubano en el exilio constituye un fenómeno social en el sentido de su manifestación expresiva y de su influencia cultural, histórica, económica, literaria y política. A nivel discursivo creo que posee marcas muy definidas de estilo y unas dimensiones estéticas, emocionales y de escritura suficientes como para que podamos aislarlo y diferenciarlo de otros periodismos, como el periodismo español de la guerra civil, por ejemplo, o lo que se denominó el “nuevo periodismo” norteamericano en los sesenta, o incluso del actual periodismo independiente cubano.

¿Crees realmente que está resuelta la controversia sobre la esencia del tipo de exilio cubano, económico, político, o cultural?

Yo le quitaría todo tipo de importancia a dicha controversia, o al menos intentaría que no quedásemos atrapados en ella, ya que no la considero relevante. Quiero decir que no es una cuestión que creo que haya surgido en el exilio ni que le afecte particularmente a lo que es su esencia, sino más propiamente es algo que apareció en Cuba, para de alguna manera poder justificar, discriminar, filtrar, o como al régimen le gusta decir “habilitar” o “inhabilitar”, a los que pueden regresar y a los que no. Evidentemente hay un trasfondo político en todo el exilio cubano posterior a 1959, sea cultural, económico o familiar. La política nos ha afectado y nos ha condicionado a todos. Negarlo no nos conduce a nada.

¿Cuáles dirías que son los temas principales de La crónica más larga. Periodismo cubano en el exilio?

Te diría un solo tema: Cuba. Para mí este libro es como una novela, donde entras a un bar en La Habana y de pronto te encuentras a Beny Moré, luego sales y te vas a conversar un rato con Carlos Victoria por Miami o escuchas algo de Celia Cruz; te reencuentras con Jesús Díaz en Madrid, quedas con Zoé Valdés en París, te ríes con Manuel Díaz Martínez paseando una tarde por Canarias, o tienes un rato de buena conversación con Carlos Alberto Montaner; desempolvas una carta que escribió Germán Guerra a Dulce María Loynaz, o te sientas a escuchar cómo Juan Manuel Cao se coló en el Palacio de la Moneda en Chile persiguiendo a Fidel Castro. Para mí aquí hay aventura, memoria, nostalgia, desgarro y desarraigo, pero sobre todo hay una reafirmación muy grande de lo que es Cuba para los que estamos fuera de ella, y a la vez tan dentro…

‘La crónica más larga. Periodismo cubano en el exilio’, se presenta el miércoles 9 de noviembre a las 7:00 p.m. en el Centro Cultural Español. Entrada gratuita.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de noviembre de 2016, 1:15 p. m. with the headline "Entrevista a Fabio Murrieta: La buena retórica nunca muere."

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