Artes y Letras

Editorial Silueta: cuatro títulos en la Feria

Imagen de Cortesía

Por séptima vez la Editorial Silueta es invitada a la Feria Internacional del Libro en Miami a presentar sus libros publicados en el año. La editorial, que fue fundada en el 2004 por los escritores cubanos Eva Vergara y Rodolfo Martínez Sotomayor, tiene en su catálogo alrededor de 60 títulos publicados, que abarcan todos los géneros literarios, y el primero de ellos fue: Palabras por un joven suicida: homenaje al escritor Juan Francisco Pulido, un libro en el que se rinde respeto al escritor suicida, y en el que se ponen de manifiesto en medio de su obra, los abusos físicos y psicológicos que sufriera Pulido, de 22 años, por el gobierno cubano; acciones que conllevaron su suicidio.

La Editorial Silueta con los años se ha ido diversificando y uno de sus mayores logros ha sido no limitar la nacionalidad de los escritores, aceptando lo mismo un autor húngaro como Levente Csender, con su libro Un día habrá que contarlo (2013), que autores cubanos que permanecen en la isla y no han podido publicar allá. Una de sus mayores cualidades es dar calor directo al escritor que decide acercarse a la editorial, el contacto personal, la plática, la invitación a un café, hace la diferencia con Silueta, colocándola en este exilio de hombres y de letras como una de las casas editoriales más querida y apreciada.

Este año la editorial presenta en la feria cuatro títulos, tres de ellos de narrativa y uno de poesía en los siguientes espacios: “Novedades de Editorial Silueta: María Cristina Fernández, Elvira de las Casas y Alejandro Mesa”, el domingo 20 de noviembre, 11:30 a. m., salón 8525 (Edificio 8, quinto piso.); y “Narrar y ficcionar la realidad: Isabel García Cintas, Carmen Duarte y Ernesto G.”, el sábado 19 de noviembre, 12:00 p. m., salón 8503 (Edificio 8, quinto piso).

No nací en Castalia, de la narradora y ensayista cubana María Cristina Fernández, es un libro con nueve relatos y una escritura traslúcida, naturalmente armónica, que maneja la focalización y perspectiva narrativa, situándose en el lugar que más se le antoja desde la omnisciencia; el protagonismo se acerca mucho al perímetro del cuento histórico. Las relaciones intertextuales, estrategias discursivas, alusiones y transgresión de ciertas fábulas religioso-culturales, se agrupan en el mecanismo conceptual de estos “cuentos de ideas”, en los que se nota la instrucción de la escritora, lo que ayuda a la solidez del libro, pero sin ostentación, dándole más hincapié a lo que dice, que a cómo lo dice, aunque cuide pulcramente ambas partes. Estos y otros detalles hacen que el libro tenga un gran sentido de historicidad, que lo coloca en un lugar vulnerable y necesario.

El transeúnte considerable y otros relatos, de Ernesto G., es un libro de relatos cortos y micro-relatos, subgénero que ha retomado auge y se revitaliza en la brevedad verbal de las redes sociales, y el libro hace gala de ello. En él se impone el minimalismo extremo. Tanto es su control al ejercicio, que limita al máximo la duración de la narración, y las piezas en su mayoría no superan el minuto de lectura. Van más allá del cuento corto, y para lograrlo, elimina los rebuscamientos, adornos, descripciones, y los relatos se convierten en obras visuales, que resultan hoy por hoy las preferidas por los cibernautas. Algunos de los relatos no sobrepasan tres palabras, como La mujer de piedra: “fue bueno pisarla”, en la que el doble sentido enriquece el texto. Otros son sentencias breves y directas, dardos que nos sacan la risa y a veces nos ponen a pensar: “En el principio fue el verbo, y debería haberse quedado ahí; después vinieron los adjetivos y lo echaron todo a perder”.

La cruz de bronce, de Elvira de las Casas, es una novela histórica de 15 capítulos que se desarrollan en diferentes escenarios entre España y Cuba (Castilla, La Habana, Burgos, Puerto de Bilbao, Monasterio de Huelva, Cienfuegos, Camino de Santiago y Barajas). La novela presenta personajes y situaciones propias de varias épocas. Cuando Constanza cumple 15 años en 1896 y se escapa de su casa con hambre de aventuras llevando consigo una cruz de bronce que le diera su abuela Doña Eugenia, hasta que Yuri se exilia en EEUU en busca de libertad, la cruz va dando de qué hablar, y aunque es un leitmotiv en la obra, no es lo más importante. La novela mantiene el humor desde las primeras páginas, con situaciones divertidas, pero también muchas emocionantes y astutas. La escritora usa un lenguaje claro, con el que las acciones se multiplican y entrelazan; el orden adquiere diversas formas y se anticipa y retrocede frecuentemente en la obra, pero sin dejar de fluir la historia.

El descenso, de Alejandro Mesa, es un poemario que en una primera lectura parece una locura, juicio desafortunado, tal vez por lo que dice un joven que aparentemente ha vivido muy poco. ¿El discurso lírico de Mesa es demasiado duro y fuerte? No, es real, lo que ocurre es que no estamos acostumbrados a que la poesía joven hable de lo confuso y enredado de los momentos que vivimos “Hay un perro hurgando la basura, lo veo/desde arriba mientras fumo un cigarro./ Hubo un aborto espontáneo y un feto de/seis semanas y una enfermera botando el feto/en el latón de la esquina más próxima (…) A tu niño se lo llevó un perro en la boca,/ yo lo vi desde el balcón cuando botaba/ humo”. Ni a que se hable de la muerte como estado presente “Cada parpadear es una muerte.”, y menos que un poeta, joven claro, se mofe de todo con tanto dolor. Eso es El descenso, un poemario del dolor y para el asombro.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de noviembre de 2016, 2:29 p. m. with the headline "Editorial Silueta: cuatro títulos en la Feria."

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