Artes y Letras

Un hombre en la cuerda floja

Joaquín Gálvez
Joaquín Gálvez Foto de cortesía

Joaquín Gálvez ha escogido lo que le parece más atinado de su poesía, lo ha reunido en una antología que publica la lucida y renovada Editorial Verbum y lo trae en este noviembre que remata el año. Eso tienen los misterios de la poesía, que llegan para asombrarnos. Y el poeta tiene un poco de tasador, en esa misión de separar la paja del trigo, de vender sus mejores joyas.

“Retrato desde la cuerda floja”. Poemas escogidos (1985-2012) mantienen esa cuerda lírica con la que Gálvez se ha afincado en el puñado de poetas cubanos que salen a la luz cuando se habla de cuba y el exilio, la misma va hacia atrás y reconoce y blande como cartel la palabra, como única tabla de salvación posible.

El libro es contentivo de cuatro publicaciones anteriores, un viaje hacia adentro que a mediados de los años ’80, y van hasta el tormento o el sosiego de hoy. Las turbulencias de un creador son difíciles de medir, un poeta siempre es un apuntador aéreo, un loco que siempre está señalando hacia donde hay que disparar… o alumbrar.

Aquí están todos los viajes de Joaquín: hacia el amor, hacia los maestros perdidos en el túnel del suicidio (como Sylvia Plath o Reinaldo Arenas) o hacia los amores que se le van a hacer imposible, porque ya pasaron o no llegaron nunca.

Gálvez sigue la tradición de los antiguos aedas, se ha puesto en medio de la aldea a contar lo que ha visto de todas las guerras en que ha estado. Huyó de Cuba cuando apenas rompía la flor de los veinte años y fue a dar con su melena larga a Nueva Jersey, y ese es un viaje fundacional, eso es venir de una guerra y contar que ardía por escuchar libre los discos de The Beatles, que quería leer y decir en versos lo que traía dentro sin que por ello fuera tomado por un ser extraño.

Todo poeta lo es. Lo demás es una presunción.

De su libro Trilogía del paria (Editorial Silueta, 2007) es este “Un hijo bastardo de Norteamérica”. Un poema desgarrado por la desnudez de quien se asoma todos los días a un país que le dio abrigo y le parece extraño:

“Yo soy un hijo bastardo de Norteamérica,/ la oveja negra que profana el sueño americano,/ un pésimo heredero de los puritanos de Mayflower,/ por eso este país nunca será mi casa. // Pero, como poeta, pertenezco al mismo linaje de Whitman;/ he aprendido a cantarme a mí mismo,/ y, por lo tanto, soy un discípulo de Emerson,/ que se ha ganado la confianza en sí mismo”.

El libro está precedido de un texto introductorio de la poeta Lourdes Tomás, un acercamiento hecho con las mismas herramientas con el que se sostiene una buena conversación. Es un gesto, una costumbre que lleva ya años de éxito: los poetas, los buenos lectores, los amigos, explican mejor los entresijos de un libro que cualquier estudioso.

Lourdes “traduce” para nosotros lo que el poeta Gálvez ha entreverado a lo largo de su carrera de resistencia hacia el poema, esa cima a la que tantos aspiran: “Entiende al arte como lazo que une a los seres humanos, no como muro o pedestal preciosos que acaben separándolos. Aspira, quiero decir, a alcanzar y conmover a los lectores, y lo logra. La suya es una poética de la verdad y la comunión”.

Joaquín Gálvez (La Habana 1965) es además graduado en Humanidades por la Universidad de Barry, en Miami. Hace varios años es animador cultural en la Ciudad del Sol, desde hace más de un lustro conduce la peña La Otra Esquina de las Palabras, donde se han presentado notables artistas y escritores del ámbito hispanoamericano.

‘Retrato desde la cuerda floja’ será presentado en la Feria Internacional del Libro de Miami en la sesión “Voces poéticas”, el sábado 19 a la 1:00 p. m., salón 8525.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de noviembre de 2016, 2:36 p. m. with the headline "Un hombre en la cuerda floja."

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