Manuel Felguérez o interpretar la energía de (México) un país
La exposición Manuel Felguérez, (Zacatecas, México, 1928), constituye una de las muestras más completas que se hayan hecho en Estados Unidos en los últimos años sobre este gran maestro mexicano. Artista indispensable para comprender la evolución del arte abstracto en México y uno de los grandes renovadores de arte latinoamericano contemporáneo en la segunda mitad del siglo XX.
La muestra está articulada por 18 pinturas de gran formato todas del 2016, y un grupo de 5 esculturas de mediano formato del 2015. Son obras, sobre todo en las pinturas, donde se produce una curiosa colisión entre abstracción y expresión. Una colisión poética entre posturas antitéticas, por un lado, la abstracción como campo organizado, como cálculo de espacios para definir planos y volúmenes. Por el otro, la expresión como lugar de lo fortuito, de lo caótico e incontrolable, como territorio de la subjetividad y el deseo.
La obra de Manuel Felguérez, se inscribe dentro de la llamada Generación de la ruptura, siendo no solo figura muy activa, sino también uno de sus exponentes más influyentes. La Generación de la ruptura, surge en oposición a la Escuela mexicana de pintura que dominó el panorama de las artes visuales mexicanas en la primera mitad del siglo XX. Una escuela definida, en su vertiente poética, por la adopción de los valores expresivos del realismo, y representaciones figurativas de inspiración naturalista. En su proyección discursiva, la Escuela mexicana de pintura reivindicaba un enfático compromiso con la temática social e histórica de visión ideológica revolucionaria. De ahí que sus mayores exponentes hayan sido Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Clemente Orozco. La Generación de la ruptura, en cambio, surgida posterior a la II Guerra Mundial, rompe con los valores de la tradición realista y se inclina más hacia la abstracción. Dando preferencia a la representación del mundo no tanto a través de la percepción dependiente de los sentidos, como por medio de los conceptos, de las abstracciones. De ahí que las obras de Felguérez se orienten a un lenguaje abstracto que le permita expresar temas relacionados con el mundo de las ciencias, de los avances tecnológicos y de la libertad individual.
La exposición busca un equilibrio entre los intereses intelectuales e investigativos que atraviesan la obra de Felguérez. Las esculturas, por ejemplo, con una apariencia más abstracto constructivista, enfocan una visión del mundo en perspectiva científica técnica. Escudriñan sobre las interioridades de saber de la ciencia, sobre las dimensiones que actúan entre el macro mundo y el micro mundo, dialogan con las leyes físicas que rigen el universo. Las esculturas Al Margen del Tiempo, Observando a la Osa, o Doble presencia, todas del 2015, apuntan en esa dirección de Felguérez. Aquí el autor se torna más reflexivo, aplicando al lenguaje una sintaxis de mayor contención expresiva, algo que evita en las pinturas. Es también una sintaxis con estructura más geométrica que aspira a un mayor grado de organización de las dimensiones espacio-temporales.
En cambio, en las pinturas de la exposición, Felguérez se muestra más abstracto expresivo, da rienda suelta al gesto, que se difumina y esparce en todas las direcciones del lienzo. La pintura cobra textura, emulsiona y expande una especie de materialidad que parece cuajar el movimiento. En esta muestra las obras como, entre otras, Sin título 5/16, Sin título 9/16, parecen “asaltar” la mirada del espectador con un suspense entre lo racional y lo irracional, entre el espíritu y la materia. Mientras que, por otro lado, esa visión es contrarrestada con el plano calculado, la medida equitativa que lleva implícita el concepto, la reflexión y el orden. De ahí que las obras, sobre todo en las pinturas, proyecten esa apariencia convulsa, como magma que al brotar se desperdiga, fragmentado y ondulante, hacia todas partes, al tiempo, que los planos que sirven de fondos y muchas acotan y enmarcan estas suertes de “ebulliciones pictóricas” parecen poner cotos a esas fuerzas incontrolables.
La obra de Felguérez puede leerse como la expresión de un proyecto artístico comprometido con ese período de la modernidad mexicana que ha dejando atrás las convulsiones revolucionarias. Que ha superado la inestabilidad generadas por las luchas entre élites políticas que habían sumido al país en la guerra civil en la primera mitad del siglo XX. Es un arte que deja de ser crónica social y representación política de estos sucesos, y que comienza a interpretar la energía de un país que ve afianzado su sistema democrático bajo el pujante desarrollo de la empresa capitalista.
“Manuel Felguérez” en Galería Durban Segnini. 3072 SW 38 Ave. Del 18 de noviembre a marzo del 2017. Para más información: www.durbansegnini.com
Dennys Matos es crítico de arte y curador independiente. Reside y trabaja entre Miami y Madrid. dmatos66@gmail.com
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de diciembre de 2016, 9:59 a. m. with the headline "Manuel Felguérez o interpretar la energía de (México) un país."