Alfredo López-Vázquez y su tetralogía cubana
Varias figuras de la vida pública cubana se dan cita en Farsa total (Plaza Editorial, 2014), tetralogía del dramaturgo, profesor y ensayista español de raíces cubanas, Alfredo R. López-Vázquez.
El libro es bastante raro, pues se trata de cuatro obras muy cortas, donde los protagonistas van desde el campeón de ajedrez José Raúl Capablanca, hasta el gobernante Fulgencio Batista. Personajes, por demás, pocas veces abordados en la dramaturgia cubana, y menos por autores no cubanos que se aproximan a la temática insular. En este caso un español, recalco, con raíces en la isla.
Aunque cada pieza es independiente, el hecho de que se trate de una “tetralogía cubana”, es indicio de que López-Vázquez se propuso indagar en la realidad insular desde ópticas poco transitadas, creando en su conjunto una síntesis, desde luego particularmente trabajada, de los personajes que seleccionó y las historias que nos va proponiendo. Cada una de las obras está estructurada de una manera culterana. El modo de presentar a los personajes, con referencias cinematográficas, y hasta la forma de mostrar el ambiente dramático, no se ajusta del todo a lo que estamos acostumbrados. Lo cual no quita que funcione desde el punto de vista escénico.
En la primera obra, Las princesas rusas amamos en francés, el campeón de ajedrez José Raúl Capablanca y Olga Chagodaieva son los protagonistas de esta historia, que en esencia, es de amor. Los elementos sorprendentes se añaden cuando aparecen en escena Alberto Lima, tío de José Lezama Lima, quien también forma parte del tinglado escénico que nos propone López-Vázquez, dejando entrever a un Lezama a los 17 años al que describe así: “ya sufre ataques de asma, poeta hiperculto, pero todavía no ha descubierto a Góngora”. Entre los personajes propuestos están también María Graupera, madre de Capablanca y el célebre ajedrecista Alejandro Aliojín, quien derrotó al campeón cubano en Buenos Aires. Escrita en tres actos, la obra dibuja de una manera interesante la relación de Capablanca con su madre, los amigos y su vínculo con la rusa que fuera su segunda esposa.
La siguiente entrega de la tetralogía es Metamorfosis de una obesidad mórbida. Planteada en un acto, se inscribe en el teatro dentro del teatro. López-Vázquez vuelve a jugar a lo teatral literario en las descripciones de los personajes: “Cipollini, Stelvio Cipollini, 56 años, director de teatro descomunal, pero argentino. Tómese a Zero Mostel como ejemplo. Se cree la reencarnación de Prampolini y adopta los andares y el atuendo de Prampolini en el apunte pictórico de Gaudier-Brzeska”. El ambiente es una sala de ensayo donde el grupo de actores se enfrentan entre sí, y en particular al despiadado director, para obtener un papel en la obra El flaco y el gordo de Virgilio Piñera. Un texto sobre el estoicismo y las complejidades de las relaciones humanas, lleno de símbolos que se sitúan muy bien dentro de los requerimientos de la farsa.
La tercera obra, Juan Clemente y Adah en el jardín del Edén, es también la más larga, creo que la más ambiciosa, la más cubana y añadiría la más lograda. Esta pieza tiene algunos puntos de contacto con la primera, pues además del poeta Juan Clemente Zenea, aparecen sus padres, así como el creador del Siboneísmo (estética de lo genuinamente cubano), el poeta José Formaris, entre otras figuras.
Concebida en dos actos, donde abundan las acotaciones sobre apagones y tiros de luz para sugerir las secuencias escénicas, se logra cohesionar referentes históricos, a través de Zenea, uno de los románticos cubanos más importantes y uno de los poetas fusilados que recoge la historia. Las conversaciones con el padre, militar de carrera, y con la madre, mujer decidida y muy cubana, proyectan un contexto histórico muy bien ajustado a la época descrita. Creo que el segundo acto, que trascurre en el Teatro Tacón de La Habana, consolida esta tercera obra de Farsa total.
Para el cierre se reserva El mulato lindo trabaja pal inglés. Nueve personajes en cinco actos, entre ellos Fulgencio Batista (El sargento Tista), El Procónsul (Sumner Welles), Don Ramón Grau San Martín (expresidente cubano) Sergio Carbó, Ada Gardines y Luciano López Ferrer (embajador de España), son los ingredientes de peso para tejer una obra, nuevamente de referentes históricos, donde la política y algunos elementos puramente teatrales, se aúnan para conseguir la efectividad de esta pieza.
Con estas cuatro piezas Alfredo R. López-Vázquez logra sacudir ciertas fibras en el lector (y posible espectador, de llevarse a escena), aunque los parámetros clásicos de la farsa: personajes caricaturescos y situaciones en ocasiones absurdas, en este libro parecen perderse un poco, por lo que la “farsa” hay que entrecomillarla, pues adquiere la condición de ficción-histórica, por las claras conexiones que tienen con la realidad.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de marzo de 2015, 7:00 a. m. with the headline "Alfredo López-Vázquez y su tetralogía cubana."