Artes y Letras

Jorge Enrique Lage, la memoria portátil

Jorge Enrique Lage
Jorge Enrique Lage Foto de cortesía

Con libros como Vultureffect o La autopista: The movie, considerados por la crítica como dos libros-diferencia dentro del espacio narrativo cubano, Jorge Enrique Lage (La Habana 1979) ha devenido uno de nuestros mejores constructores de fragmentos. Para atravesar su escritura le enviamos algunas preguntas sobre su más reciente texto, Archivo, editado por Hypermedia el año pasado en Madrid… Un libro sobre el secreto y el delirio que produce el secreto; sobre el “núcleo opaco” de la Seguridad.

Archivo puede leerse como una novela, un diario, una reflexión política, una boutade… ¿Cómo lee Jorge Enrique Lage Archivo?

También como una suerte de borrador. La cara B de un lado A donde había un libro que no pude o no supe o no quise escribir. Como dijo Barack Obama en su memoir —no portátil sino best-seller—, “en principio mi intención fue escribir un libro muy diferente”.

Tu literatura asume lo pop como un engranaje psicodélico... En un país atravesado por testimonios y realismos malos como los de los años 70s, ¿es lo pop/lo psicodélico una estrategia antitradición? ¿Encuentras referentes en la literatura cubana que hayan avanzado por un camino parecido al tuyo?

Dentro de la literatura cubana me interesaría, por ejemplo, el camino intransitable que va desde los pósters y el couché electroshockeado dentro de la cabeza de Cabrera Infante, hasta las cajitas-collage y el neón de supermercado del último García Vega.

En última instancia, eso que llamas pop/psicodélico es también un modo de testimoniar cosas, una forma de narrar la realidad. Yo no lo planteo estratégicamente, como reacción a nada concreto; para mí ha funcionado más bien como una especie de catalizador, un mecanismo para desatascar tuberías en la escritura.

Según un amigo común, Archivo es el “primer archivo literario de la Seguridad del Estado cubana”. ¿Son compatibles, para ti, la idea de paranoia y clasificación?

Todo está relacionado. La paranoia sabe mucho de dossiers, hay un delirio-dossier. Archivo parte un poco de ahí. Quise escribir sobre el núcleo opaco del interior del Ministerio del Interior, en plan de burla (ese núcleo, fuente de ensayos y testimonios, es una deuda en la ficción cubana contemporánea: hay que ir allí donde lo dejó Reinaldo Arenas, hay que seguir contándolo). Quise escribir sobre Villa Marista —donde pasé mi Servicio Militar— como si fuera un decorado de ciencia-ficción; sobre órganos neoplásicos de inteligencia y recontrainteligencia, sobre agentes de la Seguridad del Estado haciendo cosas increíbles por todas partes. La Seguridad del Estado cubana vela en realidad por la seguridad de un gobierno, un monolito de gobierno, y por tanto es una labor tan reñida con la entropía que siempre va a tener las narices pegadas al ridículo, a la caricatura. En Archivo quise estirar esa visión. Y dándole una vuelta: la verdadera Seguridad del Estado comienza cuando la Seguridad del Estado que conocemos termine. Cuando los archivos por fin se abran… no sabremos nada todavía.

Uno de los logros de Archivo, es que se aleja por completo de la tradición, de la estructura convencional, y se deja leer desde el simulacro. En tiempos en los que la literatura es performance, ¿tiene sentido aún la escritura del pathos y la experiencia?

Creo que sí. Lo importante son los contrasentidos que uno sea capaz de proponer.

Como te explicaba al principio, en Archivo hay un proyecto abortado. Otro libro que fue absorbido desde las primeras páginas como un embrión absorbe a su gemelo. Yo quería manejar dos registros, uno similar a lo que al final resultó y otro más pegado al pathos y a la experiencia, con un ingrediente testimonial, no-ficción. Quería hablar también de historias personales, familiares, desenterrar lo que alguna vez vi o escuché, agregar otras capas de memoria. Fue un pulso que no pude sostener en términos de sintaxis literaria (o lo que entiendo yo por eso), pero sigo pensado que la idea era de lo más buena.

Simulacro y performance no están necesariamente en el flanco opuesto a la escritura de la experiencia. Es la práctica la que tiene que resolver esas claves.

¿Qué conecta a este libro con anteriores como Vultureffect y La autopista: The movie?

Archivo fue una desconexión. Tiene la estructura de una lista, y como se lee en el libro: a las listas negras, una vez empezadas, no se les puede poner fin. Introduje imágenes y motivos que fechaban lo que estaba narrando en tiempo real, para destacar el proceso de la escritura sobre el “acabado”. Tuve hasta la idea de autopublicarme, lanzarlo como pdf-panfleto a internet. No lo veía como “libro” sino como documento autista o algo así. Pero luego, para mi sorpresa, Hypermedia lo acogió y lo puso a la venta en Amazon. Me dicen que incluso hay quien lo compra.

Esta historia fue publicada originalmente el 5 de enero de 2017, 3:36 p. m. with the headline "Jorge Enrique Lage, la memoria portátil."

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