Artes y Letras

Renato Cisneros: desnuda las relaciones de familia que tocaron el destino de Perú

Renato Cisneros
Renato Cisneros Foto de cortesía

A veces, la herencia que deja un padre aparece en un gesto, en el color de los ojos, en el carácter; otras, en la cifra que atesora una caja de seguridad bancaria. Pero en el fondo, lo que se hereda, siempre, es algo más importante, un velo sutil que contiene virtudes, heridas, ciertos vicios del espíritu.

Cuando falleció Luis Federico “el Gaucho” Cisneros, uno de los militares más importantes de la historia peruana reciente, su hijo, Renato, era muy joven. En las preguntas que salían durante las sesiones con su analista, se dio cuenta que no conocía mucho a su padre.

Mientras crecía como escritor y periodista, con trabajos en medios de comunicación de prestigio y las novelas Nunca confíes en mí (2010) y Raro (2012), Cisneros decidió viajar a la semilla, ahondar en su genealogía para comprender a su padre, un hombre que nació en Argentina, formado en el colegio militar con personajes nefastos como el dictador Jorge Rafael Videla, y que tuvo una polémica actuación durante los años que el terrorismo asoló el Perú. El resultado de esa pesquisa se llama La distancia que nos separa, un libro sin indulgencia, íntimo y lúcido en desnudar las relaciones de familia que, a veces, tocan el destino de un país.

Renato Cisneros presenta el libro el jueves 20 de abril en la librería Altamira, ubicada en el corazón de Coral Gables. La presentación es patrocinada por la Feria del Libro de Miami, como parte del programa de eventos en español que durante todo el año auspicia la Feria.

En La distancia que nos separa hay secretos revelados. ¿Qué opinó el resto de tu familia al leer la novela?

Lo peor que le puede pasar a una familia es tener entre sus filas a un escritor. Por eso no fue raro que algunos parientes leyeran la novela como lo que no es, asumiendo que se trata de un ensayo biográfico o un testimonio periodístico. Esos parientes se sintieron dañados y se apartaron, cosa que lamento mucho. Pero uno no escribe para contentar ni herir a su parentela; uno escribe porque necesita nombrar aquello que le revuelve las tripas. Y yo necesitaba decir, con un tono y una actitud novelescas, cómo había percutido en mí la historia política y sentimental de ese hombre controversial y poliédrico que fue mi padre.

Esa trama personal sobre tu padre se bifurca a aspectos más amplios que tocan la historia del Perú, ya que él ocupó cargos como ministro del Interior y de Defensa en momentos complejos del país.

Por un lado, me interesaba establecer un diálogo entre la intimidad familiar y los eventos que en esos años sacudían al Perú (el surgimiento del terrorismo, los rezagos del militarismo en la sociedad, la incertidumbre general ante la permanente crisis política y económica). Por otro, quería desarrollar la doble faceta del Gaucho Cisneros: un padre hermético y protector, pero a la vez un general encargado de organizar la represión en el país y de encarnar un modelo de autoritarismo pocas veces visto. Me parecía que, al abordar al personaje de esa manera, podía construir una metáfora sobre el poder. Después de todo, qué es una novela sobre el padre sino una gran pregunta acerca del ejercicio del poder en sociedades tan inmaduras como las latinoamericanas.

En el libro también escribes sobre tu madre. ¿Cómo fue ahondar en la relación que ambos tuvieron?

Tuve con ella largas conversaciones donde dejamos momentáneamente los roles de madre e hijo para hablar como cómplices adultos. Lo que aprendí que aquello es que uno crece escuchando relatos familiares que inmediatamente hace suyos, repitiéndolos hasta el cansancio, sin ponerlos en duda jamás. Nunca contemplamos la posibilidad de que esos relatos —editados por los padres para proteger a los hijos— no se ajusten a la verdad de los hechos. Escribir sobre la relación de mis padres —una relación que nació en la clandestinidad antes de hacerse pública— fue indagar en una herida muy profunda. Una herida que siempre estuvo allí, pero de la que nunca quisimos hablar. Creo que mi vocación de escritor está íntimamente relacionada con ese capítulo secreto. A ninguna familia le gusta que sus secretos se ventilen, pero ningún escritor puede ser fiel a sí mismo sin ventilar aquellas sombras que lo oprimen.

La narración mantiene un tono neutro, no hay sensibilidad ni cargados adjetivos. Pero usted, ¿de qué aspectos se avergüenza de su padre?

Esa neutralidad fue lo más difícil de conseguir. De un tiempo a esta parte, cuando hablo de mi padre tengo la impresión de estar refiriéndome más al personaje literario que concebí para la novela y menos, cada vez menos, al hombre biológico con el que conviví y compartí una intimidad durante 18 años. Cuando mi padre murió yo era un gran admirador suyo. Solo con los años he entendido qué lugar político decidió ocupar y he advertido nuestras nulas coincidencias ideológicas. Pero no quería que la novela sea el lugar donde ajustar esas cuentas. Hay cosas que nunca voy a comprender. Su solidaridad con los genocidas de la Junta Militar Argentina, su admiración hacia personajes tan siniestros Pinochet o Kissinger, su propuesta de implantar la pena de muerte, me generan rechazo. Jamás podría coincidir con ese pensamiento. Y, sin embargo, pese a nuestras claras diferencias, amo al recuerdo de mi padre, o a esa estela difusa en la que se van convirtiendo los muertos más queridos.

¿En qué es parecido Renato a su padre?

En más cosas de las que podría admitir. Me veo reflejado en su sentimentalidad, pero también en su egoísmo. Tiendo a declararme como una persona progresista y liberal, pero a la vez temo llevar el gen del autoritarismo dentro. Mi padre era un propagandista de los golpes de estado y mi novela, en buena cuenta, ha sido algo así como un golpe de estado familiar. Nos parecemos, sin duda. Creo que a medida que uno se acerca a la edad que tuvo su padre cuando lo engendró, las similitudes se van notando más.

El escritor y periodista Renato Cisneros presenta La distancia que nos separa el jueves 20 de abril, a las 7 p.m. en la librería Altamira (219 Miracle Mile) de Coral Gables.

Siga a Hernán Vera Álvarez: @HVeraAlvarez

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de abril de 2017, 10:34 a. m. with the headline "Renato Cisneros: desnuda las relaciones de familia que tocaron el destino de Perú."

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