Sorprende Rosa Montero con “La carne”
No es fácil para una mujer profesional y atractiva llegar a los 60 años soltera. Algún secreto debe tener, dirán todos los que la conocen y tratan.
Es el caso de Soledad (valga la redundancia de su nombre), que se desenvuelve con éxito en su trabajo de curadora de una próxima exposición que prepara en la Biblioteca Nacional de Madrid. Acaba de romper con su amante, hombre casado, de 34 años, alto, atlético, de ojos azules que ahora la “traicionaba” por su esposa embarazada.
Rosa Montero (Madrid, 1951) nos sorprende con esta entrega de su novela número 16, La carne (Alfaguara, 2016), dedicada a la importancia de los cuerpos que se entregan precisamente a la carne. La necesidad de la intimidad corporal en ausencia de una relación permanente.
Al terminar con Mario, Soledad alquila los servicios de un gigoló de 32 años que la acompañe a la ópera Tristán e Isolda justamente para que Mario la vea con él, como realmente sucede.
La relación que en principio iba a durar una noche, a un alto costo de bolsillo, se prolonga durante meses y se complica, no solo por la necesidad que siente Soledad del cuerpo de Adam, el “escort” ruso, sino también con la vida privada, tan secretiva, del nuevo amante.
En paralelo sucede la vida de ambos, de día en sus trabajos, de noche en la cama, y aunque las primeras citas son solo dos veces a la semana, poco a poco se van repitiendo más a menudo, mientras Soledad sigue pagando y la caja bajando.
Las páginas de La carne no son solo de encuentros sexuales y despedidas. Como acostumbra, Rosa Montero nos va llevando por los varios mundos en los que transcurren las vidas de Soledad y Adam.
El hospital de enfermos mentales donde está recluida la hermana gemela de Soledad; su mundo interno, sus preocupaciones, dudas; la exposición de Escritores Malditos que ella prepara en la Biblioteca, la rivalidad con Marita Kemp, por ser joven y niña bien, arquitecta de la exposición; la vejez que le va cayendo a la que le es tan difícil de aceptar (“ser viejo es tener un pasado irremediable y carecer de tiempo para enmendarlo”).
Por su lado, Adam que había llegado a Madrid ocho años antes, se crió en un orfanato ruso y lleva dos cicatrices en el cuello de las que no hay explicación. También es gemelo, de un varón que fue adoptado por la enfermera que los encontró en la puerta de un hospital en Rusia. Soledad se conmueve con el relato que Adam hace de su vida, y lo besa (“mas que añorar un amante, Soledad añoraba un amado”). Por su parte, a Soledad y a su hermana Dolores, gemela también, su padre las abandonó, dejándolas al cuidado de una madre despiadada y cruel. (“Es difícil amarse cuando nadie en tu entorno lo hace”).
Si la Rosa Montero periodista nos ha regalado durante su carrera profesional con una larga lista de columnas inolvidables, la Montero novelista captura en la ficción momentos de sabias reflexiones que permanecen en la memoria largo tiempo. En esta, su más reciente entrega, el ardid con que juega es triple. 1- En un momento la escritora entra en la novela con su verdadera identidad, la Rosa Montero periodista y biógrafa, para aclararle a Soledad quién era Josefina Aznárez, una de las escritoras malditas representadas en la exposición de la Biblioteca, de la que Rosa Montero ha sido su biógrafa. 2- Juega en la ficción con personajes malditos a quienes les falta el amor de la misma manera que a los escritores malditos de la exposición. 3- Y por último, pide a los lectores y críticos que no revelen el pasado de Soledad. Ficción y realidad biográfica coinciden en ese juego de palabras que hace a una novela parecer realidad y a la realidad parecer ficción (“Casi todas las historias de sus malditos tenían que ver con la necesidad de amor, el abismo del desamor y la gloria de la pasión”).
Rosa Montero ha sido invitada por la Feria del Libro de Miami para presentar este sábado 6 de mayo, a las 5 p.m., “La carne”, en el Koubek Center del MDC. Información (305) 237-3258.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de abril de 2017, 0:05 p. m. with the headline "Sorprende Rosa Montero con “La carne”."