Artes y Letras

Alejandro Palomas: ‘Crear ficción es mantener viva la realidad’

Alejandro Palomas
Alejandro Palomas Foto de cortesía

Novelas como El alma del mundo (2011, finalista del Premio Primavera), Agua cerrada (2012), Una madre (2014, XI Premio Mandarache), Un hijo (2015, Premio Joaquim Ruyra y Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil) y Un perro (2016) han situado al escritor español Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) entre los más leídos y admirados en su país y fuera de él. Palomas es licenciado en Filología Inglesa y tiene una maestría en Poesía en el New College de San Francisco. Además de narrativa, escribe poesía y ha traducido a nuestra lengua obras de Jack London, Katherine Mansfield y Oscar Wilde.

Las novelas de Palomas suelen estar estructuradas alrededor de ciertos secretos guardados por sus protagonistas. Una vez que se filtra algo de ellos, esto sirve, como una llave maestra, para abrirnos las puertas al complejo mundo de relaciones familiares y sociales donde los personajes se hallan insertos, y también para hablarnos del amor y el dolor, de las pequeñas alegrías y compromisos que los mantienen unidos unos a otros. Una de las claves del éxito del autor es el tratamiento que da a sus criaturas: no las juzga, quiere que el lector las comprenda y descubra sus verdades, sus sentimientos más profundos.

Alejandro Palomas participó en la Feria del Libro del Miami Dade College en noviembre de 2016 y, seis meses después de esa visita, regresa a Estados Unidos para presentarse en Nueva York y en Miami. En nuestra ciudad desarrollará un programa de actividades organizado por el Centro Cultural Español, el Consulado de España en Miami, la Fundación Cuatrogatos y la Feria del Libro de Miami del MDC, que incluye visitas a escuelas, para hablar con jóvenes lectores, y una presentación especial en el Centro Cultural Español. Aprovechando su viaje, se realizó esta entrevista para el Nuevo Herald.

¿Cuándo sentiste por primera vez la necesidad de escribir ficciones, que había un espacio esperando por ti en la literatura?

Sentí esa necesidad cuando descubrí que sin ficción no existe la realidad, como no existe el blanco sin el negro, o la vida sin la muerte, y mucho más cuando me di cuenta de que no encontraba en las novelas que leía exactamente lo que buscaba. No daba con el mundo imaginado que necesitaba para poder seguir creyendo que la realidad merece la pena. Así que, siendo como soy, decidí que como no encontraba las novelas que quería leer, las escribiría yo. En cuanto a lo del espacio, nunca he creído que hubiera un espacio esperándome. El espacio lo he inventado al mismo tiempo que he inventado mi ficción. No existía. Se hace espacio al espaciar.

¿Cómo concibes el acto de escribir?

Para mí es un estado, como el de reposo o el de movimiento, o el de alerta. Es algo muy animal, muy orgánico. Es puro plexo. Siento que, entre la maraña de voces propias que me habitan a diario, aparece una que no estaba antes ahí, que tiene un color nuevo, más definido. Es como una nota musical. Y es verdad. Es auténtico, como la voz de Guille en Un hijo o la de Amalia en Una madre. Hay una verdad que yo necesito descubrir, porque sigo siendo un niño con la curiosidad de un niño y lo mágico me llama. Siempre.

En muchas de tus novelas la familia constituye el personaje central de la historia y es un protagonista colectivo, ¿por qué?

Porque sin familia es muy difícil vivir y porque si ya es difícil vivir sin ella, mucho más difícil es poder crear. Las familiares son relaciones no elegidas, te tocan y te aguantas con lo que la suerte ha decidido por ti, y eso te regala personajes reactivos, no activos. Creativamente, son perfectos, porque juntos crean un universo que se autoabastece, que se busca y se completa. La familia es la réplica en miniatura del universo.

¿Cuáles son los temas que te interesan como autor?

La condición humana, la búsqueda de los porqués, los vínculos, la verdad, la mentira, el perdón… soy un escritor de lo pequeño, de kilómetro cero o de cocina de proximidad. Siempre he creído que trabajando con una buena materia prima, sobran las salsas y los adornos.

¿De qué forma se complementan tu escritura poética con la escritura narrativa?

Son como el ying y el yang de Alejandro. Cuando cae el día, aparece la noche y llega la poética del silencio. Mi poesía es más sencilla que mi prosa, más resumida. Es un patrimonio común y por eso la cuido tanto, porque la poesía no es de nadie, es un bien inmaterial de la humanidad. Con mi escritura poética soy parte de un todo mayor, mientras que el Alejandro narrador juega un poco a ser Dios, a sentir que puede escribir cosas que quizá mejoren en algo lo que me rodea.

¿Qué esperas del lector?

Espero que se deje llevar y que se sienta siempre bien acompañado por mí. Y que quiera emoción, en vena. Espero que me quiera, que confíe y que se entregue como me entrego yo. En realidad, mi relación con mi lector imaginario es la de quien quiere enamorar al otro con la mirada.

¿Cómo imaginas al lector de tus historias?

Esa es una pregunta trampa, porque conozco ya a muchos lectores y lectoras míos y sé que los hay de toda clase y condición, de todas las edades, religiones, tendencias políticas… Mi lector es alguien que intenta no juzgar, que se ríe y al que le gusta el desafío, es un lector muy sensible, aunque no lo sepa muchas veces, y sobre todo un lector capaz de sorprenderse.

¿Qué escritores han influido en tu obra?

Todos y todas. Los leídos, los que no he leído por prejuicios que superaré con la edad, los que me han dado envidia, los que atesoro como oro en paño. Pero, mira, mientras te respondo acabo de darme cuenta de que hay uno, uno especialmente, que creo que en cierto modo es el autor al que más me parezco. Me refiero a Armistead Maupin y su serie Tales of the City.

¿Piensas que la literatura puede influir en cómo piensan los lectores?

No solo lo pienso, sino que espero que sea así y que eso no cambie. Escribo para llegar a mis lectores/as, para dialogar con el exterior e intentar influir en los demás. Escribo hacia fuera, nunca para mí, porque lo que escribo para mí se queda conmigo. Cada lectura que ha pasado por mis manos me ha hecho pensar y sin duda ha influido en mí, a corto o largo plazo. Si no es así, algo ha fallado.

¿Qué significó para ti ganar el Premio Nacional de Literatura Infantil de España en el 2106 por tu novela Un hijo?

Una sorpresa monumental. Recuerdo que estaba en Miami justamente y me llamaron desde el Ministerio de Cultura para comunicármelo. No me lo creí, sobre todo porque no tenía ni idea de que Un hijo estaba siendo considerada para el premio.

En general, ¿qué opinión te merecen los galardones literarios?

No puedo opinar partiendo de “en general” porque metería en un saco demasiadas iniciativas, demasiado dispares. Hay premios que son como becas para escritores/as que apuntan maneras y me parece muy lícito que sea así. Hay otros que son una auténtica proeza y un ejemplo maravilloso, como el Mandarache o los de la Fundación Cuatrogatos, y luego están los reconocimientos oficiales que también creo que deben existir, porque en el fondo crear ficción es mantener viva la realidad.

Presentación de Alejandro Palomas, con Cristina Rebull como moderadora Martes 23 de mayo, 7.00 p.m., entrada libre. Centro Cultural Español de Miami, 490 Biscayne Blvd, Miami, teléfono (305) 448-9677.

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de mayo de 2017, 5:05 p. m. with the headline "Alejandro Palomas: ‘Crear ficción es mantener viva la realidad’."

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