Artes y Letras

Alina García-Lapuerta una visión DE la vida de LA CONDESA DE MERLÍN

Alina García-Lapuerta se identifica en su obra con la mujer desarraigada de su patria.
Alina García-Lapuerta se identifica en su obra con la mujer desarraigada de su patria. Especial/el Nuevo Herald

Estar viviendo la vida de otra persona, entrando en los vericuetos de su vida, entregarse a su mundo por nueve años, escudriñar su psicología, conocer a su familia, ser otra en realidad, para poderla plasmar en forma impresa, todo eso es lo que parece desprenderse de una conversación con la escritora cubana Alina García-Lapuerta sobre su libro La Belle Créole: The Cuban Countess Who Captivated Havana, Madrid and Paris (Chicago Review Press). García-Lapuerta estudió Economía en Georgetown y Relaciones Internacionales en Tufts University, y se identifica plenamente con la experiencia de la mujer desarraigada de su patria, Cuba, como lo fue la Condesa de Merlín viviendo en Madrid y en París, quien nunca olvidó su isla, y lo es ella, residiendo en Londres.

Ese otro ser, que ella rescata en su libro, es la más fascinante cubana de principios del siglo XIX, nuestra primera escritora, autora de Viaje a La Habana y, además, exquisita soprano que, sin ser profesional, hizo vibrar a la sociedad de París desde su salón, donde se codeaban grandes artistas musicales y literarios del siglo, como Gioachino Antonio Rossini y Honore de Balzac. Ella era la Condesa de Merlín, al haberse casado con un francés, el Comte de Merlín, pero García-Lapuerta la llama Mercedes a través de todo el libro, porque quiere presentarla como persona, no como un mito. Su nombre de soltera era María de las Mercedes Josepha Teresa Bárbara Luisa de Jesús Santa Cruz y Montalvo; nació en La Habana en 1789 y falleció en París en 1852.

Curiosamente, en Viaje a La Habana, que es un libro epistolar, hay solo 10 cartas traducidas de las que se publicaron 36 en francés en el libro La Havane, del mismo año, 1844. Aparentemente, no le convenía que le prohibieran el libro en Cuba, porque algunas de las cartas en francés eran controversiales: antiesclavistas o políticas. Sin embargo, tuvo muchas críticas de los cubanos liberales en su época. Por otra parte, Hugh Thomas lo ha considerado una de las mejores descripciones de La Habana de su época.

¿Cómo comenzaste a interesarte en la Condesa de Merlín?

Cuando leí Viaje a La Habana y sus Memorias [Souvenirs et Mémoires de Madame la Comtesse Merlin, París, Charpentier, 1836]. El problema es que, si no sabes un poco de lo que pasaba en esa época, en España y en Francia, es un poco difícil apreciar lo que era de veras su vida. Ella escribió sus libros en una época cuando la gente sabía lo que había pasado y tal vez entendía más el contexto.

¿Cómo es su lenguaje literario?

Al leerla se da uno cuenta de que el lenguaje que usa es una preciosidad, especialmente cuando habla de Cuba, sus paisajes y su naturaleza. Vi su nombre en muchos libros que tienen que ver con Cuba, y yo misma, por curiosidad, quise saber de ella. La única copia publicada en Cuba de Viaje a La Habana que pude encontrar era de 1905, un librito chiquito, chiquito, chiquito, como antes lo hacían, lo empecé a leer y me fascinó.

¿Cómo te pudiste documentar sobre la Condesa?

Me encanta la historia. Y al principio fue bastante difícil encontrar información sobre ella y cuando la encontraba, un artículo decía una cosa y otro decía otra, era difícil saber lo que de verdad había pasado en algunos sitios: decían fechas equivocadas de su nacimiento, había mucha confusión, y hablaban de una vida tan dramática, que me parecía increíble. Sobre todo, porque ya nadie se acordaba de ella. Ahora oficialmente la consideran la primera autora cubana, pero por mucho tiempo ni la mencionaban, no hablaban de ella, era absurdo que no la consideraran.

¿Estás emparentada con la Condesa, como lo estaba María Luisa Lobo y Montalvo?

Los conozco, pero no soy familia de ella. En Francia pude encontrar a sus descendientes, todos de su hija, Teresa, y la mayoría saben de ella, y están muy orgullosos de ella, de que era cubana y escritora y que hizo tanto en Francia.

¿Te interesa esto como tema histórico o literario?

Es una biografía, no es un estudio literario, he hablado de sus obras, pero ella hizo muchas otras cosas en su vida; era muy conocida en Francia, cuando empezó a escribir sus libros y más conocida por el tema musical. Por el salón que ella tenía en París, en el mundo de la música era muy famosa, hasta los cubanos que escriben hoy día no se refieren a sus conexiones y el apoyo que les daba a los artistas.

Cuéntame de ese apoyo a los artistas de la Condesa de Merlín.

París era en la época, alrededor de 1820 hasta 1840, la capital internacional de la música, todos los músicos famosos iban a París. Lo que se diría de la música clásica, la ópera, los cantantes famosos, eran como los rock stars de hoy día. Había una tradición de los salones, algunos literarios y otros políticos. En el de ella el enfoque era la música y era el más famoso de este tipo. Sucedía todas las semanas, y como conocía a la gente famosa, Franz Liszt, Rossini, María Malibrand, gente de ese estilo iban a su salón, cantaban o tocaban al piano, y presentaban sus nuevas obras. Se consideraba que si un artista nuevo llegaba a París e iba al salón de la Condesa, era como conseguir el pasaporte a la fama. Mucha gente los invitaba, pero tenían que pagarles. Como a Giulia Grisi. Pero ella no tenía que pagar. Fue una de las primeras que pensó en desarrollar la idea de conciertos caritativos, que es lo que hizo para los griegos que luchaban por su independencia del imperio de los turcos. Algo muy popular con Lord Byron.

¿De dónde obtuviste esa información sobre los conciertos caritativos de la Condesa?

Existen cartas y memorias, y muchos artículos de la prensa francesa que cuentan con muchos detalles: “Anoche hubo un concierto en la casa de la condesa de Merlín”, por ejemplo.

¿Cómo te relacionaste con la familia de la Condesa?

Ellos no me crearon ningún problema, al revés, están todos encantados, estamos todos juntos en Facebook. Me facilitaron toda la información que tenían, algunos todavía tenían los cuadros, como el de ella vestida para la ópera Norma, como la muy famosa Grisi. Ese cuadro pertenece a uno de sus descendientes, y está dentro del libro. Estuvimos comunicándonos más de un año. El verano pasado se organizó una reunión familiar, con primos lejanos. Algunos no se conocían, porque las familias se habían distanciado y, a través de este proyecto, uno de ellos nos invitó a todos en su casa en Francia, cerca de Poitiers. Un fin de semana estupendo.

¿Dónde se escribió ‘Viaje a La Habana’?

La Condesa pasó mucho tiempo con su hija. Cerca de la casa adonde fuimos aquel verano, por casualidad, estaba el château que perteneció a la hija en su primer matrimonio, y allí escribió Viaje a La Habana, en el Château de Dissais, en Dissay, que había pertenecido al Arzobispo de Poitiers, en el siglo XV. Para mí fue muy importante visitar los sitios donde ella había estado.

¿Cómo analizas a la Condesa de Merlín como escritora?

Era una persona que no sé si se le había ocurrido ser escritora de chiquita; y no sé si empezó a escribir porque vivía rodeada de literatos. Se hizo muy amiga de Balzac, y después, de alguien que escribió muchos libros de viajes, a España y a Rusia, el Marquis de Custine [autor de Empire of the Czar: A Journey Through Eternal Russia]. El era muy famoso en ese tiempo y era muy amigo de ella. En su libro comenta que ella está tocando y cantando con Chopin en casa de Custine. Balzac usó características de ella para crear varios personajes en sus novelas, la usó como inspiración. Ella empezó a escribir, porque estaba en ese mundo, tenía amigas que eran periodistas. Y en París todo lo que tenía que ver con Cuba era considerado muy exótico, incluso en España. Mucha gente le pedía que escribiera sus memorias. Balzac ganaba bastante dinero. No sé si fue una combinación, la primera parte de sus memorias, no sé si era por el dinero o una combinación de las dos cosas. Se llamó Los primeros 12 años, y se publicó en 1831 en una edición privada, que a la vez se vendía en la tienda, es como una novela. Un año después publicó Sor Inés. Entonces, en 1836, decidió escribir sobre toda su vida en España hasta el momento que tiene que salir al exilio en Francia, y lo publicó todo junto, lo hizo todo incluido y esas son las memorias. Existen cartas que ella escribía a sus editores, en plan profesional. “Si vas a publicar tantas cosas, me tienes que pagar tal cantidad de dinero”, les escribía. Y empezó a utilizar a todas sus amistades, a hacer networking, ella llamaba a alguien y le decía a algún amigo que conocía a George Sand, yo quiero que escriba algo de mi libro. George Sand se puso de acuerdo con su amigo y escribió una reseña del libro, porque la Condesa conocía a todos los periodistas y los empezó a utilizar a todos, era muy moderna, los utilizó como cualquier profesional de hoy”. • 

olconnor@bellsouth.net

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