Roberto Madrigal: ‘Soy el marginal perfecto’
Más que por las películas escogidas, Críticas desde afuera (Editorial Término, 2016), el más reciente libro de Roberto Madrigal (La Habana, 1950) sorprende por su seriedad, su ironía, su amplitud, su ojo exacto. Para saber qué piensa este discípulo de Sarris y Bazin del cine cubano (ese ‘coso’ a medio camino entre el costumbrismo y la nada), nos citamos con Madrigal en una taberna de Cincinnati, para un café. Hablar de la isla tiene mucho de película freaky y cine B.
Lo primero que me sorprende en tu libro es el título. ¿Qué, quién, es el Afuera en él?
Siempre he sido una especie de forastero en lo que se refiere a mi actividad intelectual. Nunca he pertenecido a ninguna organización oficial. No hago vida social con cineastas, escritores o críticos. “Afuera” apunta a ello. Por otra parte, no solo vivo exiliado de mi país de origen por razones políticas, sino que además vivo un doble exilio por vivir alejado de la comunidad cubana. Vivo en el corazón de los Estados Unidos desde hace treinta y seis años y para colmo de males, y cumplir un triple exilio, he elegido escribir en español cuando lo que me rodea es el inglés. Soy el marginal perfecto.
Una de las secciones de Crítica desde afuera gira alrededor del cine cubano. ¿Qué opinión te merece el cine de la isla en general? ¿Existe el “cine cubano”?
Siempre he pensado que el trabajo más difícil del mundo es escoger las diez peores películas cubanas de todos los tiempos. Hay exceso de candidatos. El cine patrocinado por el ICAIC logró una factura técnica decente, pero artísticamente, dadas las limitaciones impuestas por la censura, ha sido un desastre. Ahora, con la proliferación de películas independientes, gracias al descalabro del ICAIC y las nuevas tecnologías, se están destacando algunos nuevos valores como Carlos Lechuga, Carlos Machado Quintela y Alejandro Brugués que están haciendo un cine interesante. Creo que cine cubano es todo lo que haga un cubano donde quiera que esté.
Más allá de Cabrera Infante y algunos (pocos) surgidos desde los 80s, el mundo del cine en la isla ha adolecido de crítica y sobre todo de reflexión. ¿A qué tú crees se debe esto?
El problema es que en Cuba hace muchos años que se estrenan muy pocas películas y los diarios y medios en los cuales se puede hacer esa crítica semanal que es la base de aprendizaje del crítico, no son accesibles a los verdaderos interesados en el cine. Antes de 1959, se estrenaban entre trescientos ochenta y cuatrocientas veinte películas anuales. Quitando lo que exhibía la cinemateca, en 1976, se estrenaron solamente treinta y tres filmes. Ahora es peor, y con los paquetes e internet, es imposible seguir una línea coherente. Los espacios de los diarios importantes, se los concedió el gobierno a individuos que no sabían nada de cine, pero sí mucho de politiquería y oportunismo, como Rolando Pérez Betancourt, que fue (y hasta hace poco ha seguido siendo) el crítico del Granma y es un individuo que no tiene el menor conocimiento de cine. Hay gente conocedora, pienso en Jorge Yglesias, Antonio Mazón y Gustavo Arcos, pero no tienen espacios. La mayoría se limita a publicar en revistas mensuales y lo que hacen es escribir ensayos ilegibles para ser leídos entre ellos mismos.
La revolución se jacta de haber “creado” el cine en la isla. ¿Cuáles han sido, a tu entender, los principales defectos de ese cine subordinado a la institución estado en Cuba?
Dadas las grandes limitaciones que se imponen (políticamente y además la poca cantidad de filmes que se producen), la mayoría de los directores tratan de decir y hacer todo lo que pueden en un filme y el resultado es casi siempre una obra pretenciosa, con un guion que parece escrito por sordos y con una gravedad que atropella. Además, la censura es tan férrea y a la vez tan indefinida, que los cineastas no han podido darle la vuelta y terminan haciendo un cine sin espontaneidad.
A pesar de que confiesas no ser un gran “lector” de documentales, me gustaría saber si tuvieras que recomendar tres de los realizados en Cuba, ¿cuáles escogerías?
Al limitarme a los hechos en Cuba me las pones bien difícil. Siempre he opinado que el mejor documental cubano de todos los tiempos es Conducta Impropia, pero no fue hecho en Cuba. Coffea Arabiga de Nicolás Guillén Landrián sería uno. Confieso que me gustó Yo soy, del son a la salsa, de Rigoberto López Sacha, y haciendo un gran esfuerzo añadiría Historia de una descarga, de Melchor Casals. Pero como tú mismo dices en la pregunta, no soy un gran “lector” de documentales.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de junio de 2017, 2:05 p. m. with the headline "Roberto Madrigal: ‘Soy el marginal perfecto’."