Artes y Letras

Johan Gotera: ‘Armand y Sarduy bailan el Son de la Loma’

El escritor Johan Gotera
El escritor Johan Gotera CORTESÍA

Autor de un par de extraordinarias entrevistas con Octavio Armand, uno de los menos conocidos y más rotundos escritores cubanos, Johan Gotera (Maracaibo, 1974), nos hace llegar ahora por Almenara Deslindes del barroco, un libro que cruza el banquete con el experimento, las enanas blancas con la química, el tumbao sarduyano con el filin de Armand.

Tu libro estudia a Severo Sarduy y a Octavio Armand. ¿Dónde se unen y separan la obra de estos dos autores?

Hay un tema en torno al cual ambos autores se encuentran y se distancian: el cuerpo. Para Sarduy, el cuerpo es el lugar de las mutaciones y las proliferaciones, los encubrimientos y las ornamentaciones culturales y eróticas. Para Armand, por el contrario, la propia desnudez es ya un encubrimiento, una limitación. Incluso desnudo, el cuerpo está recubierto de palabras, documentos, interpretaciones, y Armand opta por la sombra como segundo cuerpo autónomo.

Hay una foto de Rafael Salvatore de principios de 1980 en Caracas, por cierto, donde Armand y Sarduy bailan el Son de la Loma, allí los dos cuerpos, los dos autores, están felizmente “enlazados” en la tradición musical de una isla cuya memoria los persigue y a la que nunca volverán.

Como García Vega u otros, Armand es ‘un poeta sin comunidad’. ¿Qué necesita un escritor para construir un territorio afín?

El asunto va más allá de las afinidades. Creo que tiene que ver con la idea de comunicación, necesaria para que exista tanto el territorio como la comunidad. Hay una fase experimental en la poesía de Armand donde se explora justamente la incomunicación como proceso, y es el momento en que Armand asume la voz de un incomunicado que ya no puede retornar al paisaje porque se ha roto, ni a la memoria, hecha trizas por las fuerzas de la historia que atravesaron su país. Él sigue la ruta esquizoide que producen las grandes rupturas políticas y biográficas, que en Cuba parecen confundirse en el mismo plano, y abre la puerta para que esa experiencia desgarradora ocupe su lenguaje.

Si miramos la obra de Sarduy veremos que a partir de Colibrí comienza un período menos experimental. ¿Qué abandona SS para elaborar a partir de este momento esa diferencia?

Creo que después de infiltrarse en el lenguaje teórico francés para celebrar en él su reverso delirante y ficcional, Sarduy permite la entrada de una prosa más sosegada, de la que forma parte la aplicación de una ironía que administra con mayor celo las formulaciones metaliterarias. El punto culminante de este movimiento se observará en su novela póstuma, Pájaros de la playa, donde se hace visible la incorporación de un cuerpo que camina hacia su aniquilación, una corporalidad frágil, medicada, trabajada en el pasado por el placer, donde la materialidad frondosa de su narrativa anterior se disuelve un poco en ese escenario donde se acaba la tierra y empieza el agua. Más allá de las connotaciones sexuales que puedan leerse en el título (Pájaros de la playa), el nombre de esta novela formula la situación de aligeramiento, suspensión y caída como preocupaciones centrales del escritor en diálogo con el cuerpo enfermo.

El banquete barroco es uno de los grandes arquetipos literarios... En su última novela Sarduy sustituye esta escena de odres y carnes por la del banquete químico, esto es, nombrar el ritual diario que lo hacía ingerir los medicamentos que lo ayudaban a sobrellevar el sida. ¿Puede pensarse este ‘desvío’ como una ruta nueva dentro del imaginario de SS?

Creo que al nombrar esos “alimentos” medicinales que son los remedios contra el sida, Sarduy muestra el negativo de la digestión, ese tópico tan celebrado en la tradición barroca, porque las medicinas entran al cuerpo del enfermo no para saciarlo, sino para destruir un mal. Allí Sarduy invierte la operación y el tópico del banquete. Nótese que aquí el “exceso” de lenguaje parte de una negación, porque ese vocabulario químico que prolifera con minucia indica una vida que se resta, y los medicamentos que aparecen son parte de una violencia aceptada, recibida. Esto puede ser una lección que invierte las fuerzas del barroco para formular un territorio de relaciones inesperadas. Un exceso que frena. Sería interesante imaginar una evolución que nos llevara de aquí al banquete vacío de Antonio José Ponte, a la gastronomía fantasmagórica del período especial. La mesa de ausencias de Ponte es el escenario de una extinción donde el cuerpo pierde sus derechos.

¿Qué estás escribiendo ahora?

Acabo de prologar un libro de Alejandro Castro en el que el poeta venezolano explora el espacio civil y el abandono que produce el Estado al ausentarse de la ciudad, para meditar, desde allí, sobre lo que ha sido destruido en la quiebra de los acuerdos sociales.

Esta historia fue publicada originalmente el 31 de julio de 2017, 10:36 a. m. with the headline "Johan Gotera: ‘Armand y Sarduy bailan el Son de la Loma’."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA