Artes y Letras

El poder creador de las artistas locales

‘Sabana’ (políptico de siete piezas, 2014), de Lydia Rubio. Detalle, caja de madera con libro y acuarelas, 7 x 9 x 1.5 pulgadas.
‘Sabana’ (políptico de siete piezas, 2014), de Lydia Rubio. Detalle, caja de madera con libro y acuarelas, 7 x 9 x 1.5 pulgadas. Imagen de cortesía

La exposición I Am a Woman: Hear me Roar es una selección representativa de las mujeres artistas en la comunidad de Miami, donde hay grandes reservas de creación ignoradas . Curada por Kathryn Mikesell y Ombretta Agró Andruff en un edificio en Wynwood, sorprende por la calidad general de las obras y por la coherencia de diálogos logrados gracias a un inteligente aprovechamiento del espacio que transforma limitaciones en posibilidades.

El título (Soy una mujer: escúchame rugir) proviene de la primera línea de la canción I am a Woman, escrita por Helen Reddy y Ray Burton en los setenta: un lema del movimiento de contracultura feminista. Y marca un escenario de empoderamiento para la obra reunida de 22 mujeres: Pip Brant, Carol K. Brown, Nicole Burko, Paola Cassola, Rose Cromwell, Julie Davidow, Eurydice, Carol Jazar, Sarah Michelle Rupert, Lori Nozich, Tina Salvesen, Anastasia Samoylova, Ángela Valella, Michelle Weinberg, Mira Lehr, Allison Matherly, Lori Nozick, Alex Nuñez, Christina Pettersson, Vickie Pierre, Bianca Pratorius, Lydia Rubio y Donna Ruff. Muchas obras renuevan el medio del textil, o el género del paisaje y reafirman la vigencia del collage.

Brant ha influenciado el uso del tejido en el arte contemporáneo local. Las obras de la serie Battlefield Re-enactment demuestran su maestría. El díptico Civil War. Union Charge está conformado por un lienzo en el que un miembro de la Caballería de la Unión enarbola la bandera del Norte en la sangrienta guerra civil, y una pieza bordada. La pintura retoma una imagen virtual de esas recreaciones de batallas históricas que, según Brant, son hechas por “talentos locales” con esfuerzos “plagados de suposiciones”, y refleja visualmente las “descomposiciones” de la historia: las formas se alargan y se distorsionan siguiendo “un patrón radial”, hasta construir una poderosa imagen con las desfiguraciones de la memoria. Este deshacerse de las formas reales en una eclosión de colores se agudiza aún más en la pieza bordada: una sección de la escena colectiva se transforma en puntadas dispersas. En lugar de “escribir sobre la escritura de la historia”, Brant pinta y teje las “erosiones” de la historia.

Las esculturas en fieltro de Pratorious contienen la cualidad de lo orgánico: sus formas ondulantes se descuelgan con una maravillosa afirmación vital, con la capacidad incesante de extender un gesto, de repetirse y variar. En el tapete Gatsby, Michelle Weinberg anuda a mano una de sus arquitecturas ficticias. Otra pieza notable es Diel Migration, de Mira Lehr. Sobre el entramado en yute, la artista urde franjas y construye “conglomerados” en rojos, ocres o azules, evocando “una de las mayores migraciones de nuestro planeta”: la que diariamente realiza el plancton que asciende desde las profundidades marinas hasta la superficie cuando la noche cae. Así, evoca un paisaje formado por esa migración tan incontenible como invisible a los ojos de otros pobladores del planeta, que intentan contener la movilidad de los miembros de su especie.

Las abstracciones cósmicas o telúricas de Tina Salvesen acaban de formarse en la oscuridad: tras crearlos con diversos tintes, acrílico y metales, los entierra durante diversos períodos y condiciones de tiempo, hasta que la tierra los completa. Los paisajes aéreos de Nicole Burko como el óleo Whirpol, conmueven por su capacidad de aludir simultáneamente a lo exterior y lo interior: al ser en el mundo. Mattherly explicita la conjugación entre cuerpo, paisajes domésticos y exteriores. Cassola ilumina el acto femenino de tocar y plantarse en el mundo en sus fotografías y Eurydice cose a mano sobre papel rostros y gestos.

El políptico Sabana de Rubio aborda paisajes vistos –y vividos– en su periplo nómada. Círculos, cuadrados, semiarcos, reglas, contienen fragmentos de cielos, árboles, montañas, que se desorganizan en la memoria afectiva como ese rompecabezas que contiene las letras de su título y un libro duchampiano con la maqueta de todas las piezas. Las flores que elige Cromwell son artificiales. Davidow construye otro género de paisajes con fragmentos alusivos a espacios arquitectónicos y mundos orgánicos. La tensión entre naturaleza y cultura anima su exploración de los límites entre formas geométricas y elementos que sugieren lo incontrolable.

El collage reaparece en la obra de varias artistas: Rupert, Peterson, Nozich y Núñez. Samaylova compone digitalmente planos geométricos con hojas de paisajes tomados de dominios públicos en un renovador proceso de posproducción. Jazzar usa precisos recortes de imágenes tomadas de Artforum, “la Biblia del arte contemporáneo” que recompone sobre hojas blancas o negras como poemas visuales que deletrean su propia lengua.

En 49 heroes, Brown enmarca pequeños retratos de mujeres interiormente poderosas y relacionadas con el arte, subvirtiendo el tradicional juego de vestir muñecas con trajes de papel. Vickie Pierre plantea agudamente un retrato conjugando el título Elemental Mistresses (The Power of 3) y el mismo número de figuras construidas con pedrería, no por azar negra. La ambigüedad se potencializa con el texto inscrito en la pared que traduce: “Este debe ser el amor del que hablan”, refiriendo irónicamente los múltiples roles de la mujer marcados por lo racial.

Las logradas abstracciones geométricas de Valella están construidas con un juego de fragmentos minúsculos de acetato dispuestos al azar. El procedimiento evoca las composiciones aleatorias de los collages con cuadrados de Jeans Arp, pero aprovecha las cualidades de la imagen digital para alterar las dimensiones de placenteros accidentes visuales. Los bellos patrones abstractos de Ruff evocan los brocados del barroco, pero han sido construidos con laboriosidad, usando fragmentos de periódicos y/o papeles quemados. Conforman geometrías laberínticas e impredecibles que reflejan en sí la poderosa aleación entre una materia frágil y una imaginación que reinventa otras reglas de construcción. La curiosidad –ese don de Pandora– no defraudará a los visitantes que exploren los universos construidos por estas mujeres artistas en Miami.

‘I am a Woman: Hear me Roar’, 65 NW 24 St., Miami 33127. Hasta agosto 30. Cita previa: 305-776-8198. www.yourfountainhead.com.

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