Artes y Letras

El erotismo regresa al arte


Albarracín compuso un mándala de bragas rojas sobre un fondo blanco. La serie se completa con otros con ropa interior blanca sobre fondo negro, negra sobre fondo blanco, pastel sobre pastel y otro multicolor.
Albarracín compuso un mándala de bragas rojas sobre un fondo blanco. La serie se completa con otros con ropa interior blanca sobre fondo negro, negra sobre fondo blanco, pastel sobre pastel y otro multicolor. EFE/Sergio Barrenechea

Muchos de los comentarios que escuchó Fer Frances, de la galería española Javier López, en Arcomadrid 2015 sobre una de las obras de la serie El origen del mundo, de la española Pilar Albarracín, que exponía en su stand, iban de “jocosos” e “irónicos”.

Se trataba de un gran lienzo de 3 x 3 metros en el que Albarracín (Sevilla, 1968) compuso un mándala de bragas rojas sobre un fondo blanco. La serie se completa con otros con ropa interior blanca sobre fondo negro, negra sobre fondo blanco, pastel sobre pastel y otro multicolor, enumeraba Albarracín en una entrevista.

“El título de la serie alude al famosísimo cuadro L’origine du monde (1866), de Gustave Courbet, pero también al origen de la vida y a la conexión con el cosmos de los mándalas”, indica Albarracín.

“Y conecta –añade–, con los fluidos del cuerpo: rojo para la sangre, blanco para la leche y el semen, negro para las heces, pastel para la piel y multicolor para celebrar la diversidad”.

Como diversas son las más de dos mil bragas “donadas” que fue recogiendo la artista de las mujeres de su entorno, y muchas que aún guarda, pues le sobraron y no se atreve a tirarlas, ya que pertenecen a familiares, amigas o conocidas del mundo del arte.

“En mi trabajo, que refleja mi visión positiva de las cosas, hay humor e ironía, y para mí es importante que la obra sea lúdica y que haga reflexionar”, comenta la artista.

EL POTENTE MENSAJE DE UNA BRAGA ROJA

Albarracín es una de las creadoras contemporáneas más controvertidas que goza de un importante reconocimiento internacional: ha expuesto en el Musée d’Art Moderne de la Ville de París; en el Hamburger Bahnhof, de Berlín; en el PS1 del MoMA, en Nueva York; en el Istanbul Modern Sanat Müzesi, de Estambul; en el National Centre for Contemporary Arts, de Moscú o en el Museo Kiasma, de la capital de Finlandia.

Su humor cáustico puede verse ahora en una doble exposición en París: La Calle del Infierno, en la galería GP & N Vallois, y Coreografías para la salvación, en el Teatro Nacional de Chaillot, con vídeos y una obra de bordados inspirados en la Semana Santa de la ciudad andaluza de Sevilla.

Y si Albarracín hace mándalas con bragas, la colombiana María Alejandra Garzón no duda en hacer “pornografía” con hilos de colores y bautiza su serie con el título de Suntuosa Vulgaridad. Una serie que es vulgar, suntuosa y tremendamente erótica.

Todas las piezas están bordadas a mano y hablan del universo femenino y sexual de la mujer, sin censura, pero con una fuerza en los colores y una delicadeza en el trazo de cada puntada, con un resultado que genera reacciones encontradas.

‘PIN-UPS’ Y MARILYN

Muy erótica es también la iconografía de Mel Ramos (Sacramento, California, 1935) que combina desnudos femeninos idealizados (pin-ups), con anuncios de marcas de productos de gran consumo, con todo el cromatismo del arte pop.

Una de la que más llamó la atención en la recién clausurada feria de Arcomadrid fue su escultura Barbiburguer, que se vendió el primer día.

Integrante del arte pop norteamericano de los años 60, Ramos es famoso por su recreación de heroínas como Wonder Woman, Phantom Lady o Sheena, de las historietas que leía en su juventud, así como por ser uno de los primeros artistas del siglo XX que incorporan el arte comercial en su vocabulario formal. Actualmente es uno de los pocos representantes vivos del arte pop norteamericano.

También se vendía el primer día la escultura Marilyn crucificada, de la alemana Saskia de Boer (1945), una de las pocas artistas destacadas del arte pop. Su representación de la famosa actriz rubia platino con un sugerente bikini blanco clavada en una cruz rozaba el sadomasoquismo.

Por contra, Willy Cole (Newark, Nueva Yersey, 1955) es capaz de descargar de cualquier connotación erótica objetos tan fetichistas como pueden ser los zapatos de tacón de aguja, con los que compone esculturas de lo más variado, desde un perro contento, hasta un pensador que recuerda al de Rodin, pasando por un tótem africano.

¿QUÉ VALOR TIENE UNA OBRA DE ARTE?

También llamaron mucho la atención, aunque por la incomprensión de sus propuestas por parte del gran público, las obras del cubano Wilfredo Prieto, autor del vaso medio lleno de agua, que se vendía por unos unos 22,400 dólares; o la instalación Extensiones, del colombiano Jorge Magyaroff, que simula botes de pintura derramados por el suelo y que costaba 8,000 dólares, según dijo el artista.

El “valor de la obra no tiene nada que ver con lo que cuesta, la especulación no tiene relación con la calidad, aunque a veces se entrecrucen”, decía Prieto desde La Habana, donde está inmerso en la preparación de una muestra sobre su obra, que se inaugura en mayo en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) de la capital cubana, en el marco de la Bienal de La Habana.

Prieto piensa que tener que aclarar ahora qué es el arte conceptual, casi cien años después de que Marcel Duchamp revolucionase la escena artística al crear La fontaine (La fuente), con un urinario, equivale “a contar que la tierra no es plana sino redonda”.

Y si de la obra de Wilfredo Prieto importa más el fondo que la forma, en la del colombiano Jorge Magyaroff es todo lo contrario.

En su serie No hay que llorar sobre la pintura derramada, “no existe mensaje, lo que importa es el evento estético, que en este caso puede generar el ‘accidente’ de que se vuelque un bote”, señalaba Magyaroff (1979).

Tampoco pasaron inadvertidas un perro de ganchillo Vandoleiro, de Joana Vasconcelos; un abrigo de fibra de vidrio apoyado en la pared, de Jaime de la Jara; un libro de Karl Marx en un bolso de Louis Vuitton, de Carlos Garaicoa; y un inodoro de policarbonato multicolor, de Matthew Darbyshire.

Obras que se codeaban con autores consagrados como Picasso, Miró, Kandinsky y Basquiat.

Creaciones para todos los gustos, pero no para todos los bolsillos, como una, de Jonathan Monk, directa e irónica: This Painting Should Be Installed by a Millionaire. Se puede decir más alto pero no más claro.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de abril de 2015, 8:00 a. m. with the headline "El erotismo regresa al arte."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA