Artes y Letras

‘Desde Malika Nasli’, una vida de entrega y encuentro

No sé por qué el título de esta novela es Desde Malika Nasli cuando debió haber sido “Juliette”, el personaje principal, la protagonista de estas páginas o de esta vida. Pero claro, la escritora escogió el nombre de la calle del Cairo donde nació la joven judía, porque desde ahí es desde donde partió la joven recién casada a enfrentarse a la vida que le esperaba lejos de su raíz, de su familia, y de su origen. Errante por el mundo como tantas familias judías.

La autora es una joven venezolana, de familia judía, Sarita Romano Deweik, que emigró a México hace unos años, al igual que las tres mujeres anteriores de su familia, madre, abuela y bisabuela, aunque ellas fueron a vivir a otros países,

Juliette, una mujer que desde joven mostraba una personalidad bien formada, recta, ecuánime, mostraba también un lado frágil y soñador. Esposa fiel y sumisa, madre entregada y generosa, mujer que va creciendo, madurando hasta encontrarse con ella misma.

La historia de su vida es narrada en primera persona por la misma Juliette, quien nos va llevando de la mano por los acontecimientos de su vida, desde el momento en que su padre escoge con quien casarla hasta su boda, sus viajes, sus pensamientos mas íntimos, sus conversaciones con su padre, sus amigas y con su hermana, sus preguntas, sus hijos y hasta sus nietos. Es así como Juliette va creciendo en el afecto del lector en su condición de esposa-madre hasta un día en que mira hacia adentro y se pregunta ¿Quién soy? ¿Qué quiero?

Las saga comienza justo después de casarse con Moise, un hombre bueno de ojos azules, sirio judío, de costumbres arraigadas con quien se muda de El Cairo, en Egipto a Jerusalén primero y luego a Beirut en el Líbano para empezar una nueva vida. Del palacete con sirvientes en casa de sus padres, pasa Juliette a ser ama de casa haciendo todas las labores del hogar y cuidar de sus hijos con la única ayuda de su suegra con la que tuvo que aprender a tolerarla y terminó cuidándola.

En Beirut, una ciudad cosmopolita donde se habla francés, ingles, árabe y donde hay Iglesias, templos y sinagogas, se va creando un ambiente antisemita. Con nuevas emigraciones comienzan los disturbios entre libaneses, palestinos, cristianos, musulmanes, judíos. Y de nuevo la familia debe emigrar hacia otros rumbos.

En barco salen hacia una larga travesía cruzando mares hasta llegar a Río de Janeiro. Detrás quedan 20 años de sus vidas. Ya Juliette no es la misma, la invade la tristeza, la nostalgia, la impotencia antes su destino. Se deprime y se rebela ante las decisiones que toman siempre por ella. Primero el padre, ahora el esposo. Todavía la salva lo que decía su madre: la vida continúa. Se siente extraña ante el exuberante paisaje brasileño. Solo sus pertenencias la devuelven a su identidad. Y vuelve a adaptarse al otro lado del mundo.

No terminan de desempacar en Río cuando toman la decisión de irse a Sao Paulo, ciudad donde reside su hermana. Al menos allí tendrá con quien compartir su nostalgia. “Acepta tu suerte y serás feliz”, le aconsejaba de niña su padre.

En Sao Paulo, Moise abre una tienda de lencería con su cuñado, negocio en el que les va muy bien desde que abrieron. Ya los dos hijos mayores, Vivian y Salomon, trabajan. El pequeño Elie asiste a un colegio francés. Juliette se siente sola, rebelde, ante todas las faenas de la casa. Las manos que tocaban piano ahora lavan, limpian, cocinan, cosen. Pero a partir de ahora, comienza su epifanía.

Decide tomar clases de piano con Halina, una joven profesora que le abre los ojos a una vida más agradable. Hasta ahora Juliette había vivido para “ser buena” , complaciendo a todos, olvidándose de ella misma. Por su parte, Vivian se casó con Albert y se fueron a vivir a Caracas. Salomón puso con su padre Moise una fábrica de textiles con mucho éxito. Y Juliette decide hacer dulces de naranja y de higos y venderlos a los amigos. Moise monta en cólera porque no quiere que ella trabaje; el venía de Aleppo, de una familia apegada a viejas tradiciones. El le dice que a ella no le hace falta nada. Ella le contesta: “Trabajar tiene que ver con otro tipo de necesidad”. Así empieza nuestra protagonista a abrir puertas hacia un futuro lleno de éxitos y libertad.

Juliette monta el negocio de dulces en su casa primero y luego en un local. Se compra unos zapatos rojo de tacones que la libera de prejuicios, va sola por las tardes al cine, conoce a Bruno, nace una amistad. Y otro adiós.

Cuatro generaciones de infinitos adioses, piensa Juliette. Al final de su vida, reflexionando su destino dijo: “No me casé por amor. El amor vino con los días, con los buenos y los difíciles, con la disposición y las sorpresas, con los obstáculos y las peleas, con el cariño, tal vez con la costumbre”, dice nuestra protagonista.

“Desde Malika…” es una novela escrita por alguien con mucha madurez emocional, que conoce de soledades y despedidas, de desarraigo y costumbres arcaicas, de una vida difícil que no acepta los giros de la suerte, pero que lucha hasta el final por salir a flote victoriosa.

“Desde Malika Nasli” fue presentado por Letra Urbana en Books & Books de Coral Gables.

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