Artes y Letras

Nueva literatura en Argentina

A partir del florecimiento de editoriales independientes se renovó el panorama literario en Argentina. Si antes se hablaba de figuras como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares o Julio Cortázar, hoy los nombres se multiplican en voces narrativas originales, miradas alertas y dispuestas a contar el mundo desde un lugar personal.

Sin duda, entre los consagrados se destaca Abelardo Castillo, el escritor que nació en el pueblo de San Pedro en 1935. Creador de un mundo narrativo propio, es capaz de jugar con el tiempo a su antojo para generar espacios entre la palabra y lo real, sus personajes traducen la complejidad de seres vulnerables. Novelas como El que tiene sed y Crónica de un iniciado o sus cuentos reunidos en Los mundos reales (Alfaguara), son sus obras más celebradas por la crítica y el público. Sus talleres literarios son un espacio mítico entre los escritores.

Sin embargo, el más influyente para los autores jóvenes es César Aira, el escritor del pueblo de Pringles, que en los últimos días se convirtió en una celebridad por la persecución de su admiradora Patti Smith en la Feria de Dinamarca. Con más de 80 novelas publicadas es uno de los diez nominados al Booker Prize 2015. Sus relatos se caracterizan por incluir enanos, monstruos gigantescos, gauchos y literatos en historias que atraviesan géneros desde el realismo hasta lo fantástico.

¿Qué caracteriza hoy a la literatura argentina? A esta altura es difícil ensayar una respuesta sin hablar de la revolución de las editoriales independientes a partir de la crisis económica del 2001. Como artesanos o buscadores de tesoros ellas se encargan de detectar a los más talentosos y publicarlos. Si hay algo en común entre los nuevos escritores es la vocación radical por los márgenes, una necesidad de escapar de los cánones restablecidos para encontrar espacios personales.

Toda selección de nombres es arbitraria, pero necesaria para trazar un recorrido, uno de los tantos, que permiten explorar el mapa de miradas que conforman la narrativa actual. En ese continente hace tiempo que Alan Pauls ocupa un lugar de privilegio. Este escritor, crítico y guionista ganó el premio Herralde en el 2003 con su novela El pasado, un tratado sobre el dilema amoroso. Otro autor único por la diversidad de voces que atrapa en su prosa es Daniel Guebel. Entiende su obra como “un mapa cosmológico donde cada libro opera sobre los demás con brillo e intensidad propia”. Acaba de publicar dos novelas cortas en Las mujeres que amé (Literatura Random House, 2015) donde explora el tema de la pérdida del amor en un tono confesional. Más cerca del lenguaje popular Fabián Casas se convirtió en referente en la década del 90’, su capacidad de observación le permite tramar anécdotas y reflexiones en ensayos lúdicos y cuentos memorables como los reunidos en Los lemmings (Santiago Arcos Editor, 2005).

Vale la pena descubrir a la generación de autores que rondan los 40 años. A principios del siglo XXI el crítico literario Maximiliano Tomas compiló la nueva narrativa argentina en La joven guardia (2001), reconocida en España y Latinoamérica. Catorce años más tarde, estos autores crecieron hasta alcanzar una zona personal de escritura. Por ejemplo, Pedro Mairal es dueño de una prosa simple, reflexiona sobre temas trascendentales desde las cuestiones más cotidianas de la vida o retoma la tradición gauchesca en forma magistral en El gran surubí (Editorial Orsai, 2014). En la voz narrativa de Gonzalo Garcés se conjugan la experiencia personal y la erudición en una escritura tan feroz como desinhibida, como puede leerse en sus novelas más recientes El miedo (Mondadori, 2012) y Hacete hombre, tratado personal sobre la masculinidad (Marea, 2014). Es inquietante la prosa de La piel (Galerna, 2015), la última novela publicada por Juan Terranova. A la hora de los cuentos resultan impostergables las historias de Oliverio Coelho y Federico Falco.

En este tejido dinámico siguen apareciendo voces nuevas, como Ariana Harwicz y su celebrada novela La débil mental (Mardulce, 2014) o Hernán Ronsino con una narrativa centrada en la memoria a través de tres novelas que hablan de su pueblo natal. Y no puede faltar la imaginación de Sebastián Robles que alcanza puntos brillantes en sus cuentos Las redes invisibles (Momofukiu, 2014) donde construye recuerdos de redes sociales que de alguna manera modificaron el curso de la humanidad en el futuro.

Hay tantos autores indispensables que es imposible nombrarlos a todos. Lo cierto es que la individualidad de cada uno de ellos logra dar forma y profundidad a las tradiciones literarias del Río de la Plata.

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de abril de 2015, 8:00 a. m. with the headline "Nueva literatura en Argentina."

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