Artes y Letras

Pablo Barrios Almazor, Cuba lejos y cerca

Dennys Matos

Pablo Barrios Almazor (1944) es uno de los diplomáticos e intelectuales españoles que más intensamente ha trabajado dentro del escenario sociocultural y político hispanoamericano de los últimos años. Además de su carrera diplomática, Barrios Almazor es ensayista crítico que ha investigado sobre el Nuevo Cine Latinoamericano, el arte y la literatura contemporánea hispanoamericana en general, y la cubana en particular. Muchos de estos trabajos han sido publicados en Claves de razón Práctica, el Diario ABC, El País y el Instituto Elcano, entre otros.

Pero en el 2007, Barrios Almazor fue nombrado Cónsul General de España en La Habana, cargo que desempeñó hasta el 2011. Esta experiencia fue clave en su carrera porque, según afirma, le “hizo reflexionar sobre las contradicciones de la utopía revolucionaria y sobre la ironía y el desencanto que provoca en la literatura y en el arte cubano, confiriéndole una marcada personalidad”.

¿Los cuatros años que van entre 2007 y 2011 fueron años muy complicados en las relaciones entre los gobiernos de Cuba y España. Desde su perspectiva, cómo fue posible esa complicada gestión entre, por una parte, política, pura y dura y cultura y arte por otra? “Fueron años complicados. Muere Orlando Zapata, hay huelgas de hambre y dificultades para la Ley de Memoria Histórica, pero son también los años en que el gobierno español trata de cambiar la política que había marcado Aznar, con la posición común europea, y que avanzan con el gran acuerdo Raúl Castro-Moratinos, a través de la Iglesia Católica Cubana, que permite la salida de Cuba de un gran número de disidentes.

Como Cónsul General de España en La Habana, la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, fue uno de mis cometidos principales. Cuba iba a ser, entre todos los países, el más importante, el que iba a aportar un mayor número de nuevos españoles. De ahí que fue La Habana, el Consulado que tuvo desde el primer momento, mayor personal adicional asignado (35), muy por encima de Argentina (25), en que la Ley no llegó a los 100,000 nacionales. La prensa exageró el número de cubanos con abuelo español que se acogerían a la nueva ley. La realidad es que se pasó ampliamente de los 100,000 (incluyendo los hijos de estos nietos menores de 18 años). Por lo que La Habana va camino de convertirse en el segundo consulado español en el mundo, con más de 200,000 inscritos en el Registro de Matrícula Consular, después de Buenos Aires (con más de 300,000 en la actualidad). Las autoridades cubanas cooperaron, aunque hubo recelos, porque pensaban que iba a producirse una nacionalización masiva. Nos pusimos de acuerdo en cuanto a la aplicación, respetando la legalidad general. Pienso que la Ley de Memoria Histórica, de cara al futuro, puede ser un puente que afiance aún más las relaciones tan especiales que existen entre Cuba y España”.

Su mandato en La Habana le permitió conocer de cerca el ambiente cultural en general, y artístico, literario y cinematográfico en particular en momentos en que se estaba produciendo el traspaso de poderes de Fidel a Raúl Castro. ¿A grandes rasgos, cómo ha interpretado las relaciones del arte, el cine y la literatura de esos años con el régimen? “Tuve la oportunidad de conocer el ambiente cultural, en todas sus vertientes. Me impresionó por su creatividad y su profundidad, el grado de libertad que observé y el nivel de crítica social y económica. Tal vez se había pasado de ese nivel de neutralidad, del que habla Rafael Rojas en Tumbas sin sosiego y que, salvo un ataque político directo al régimen, se permitía la expresión de crítica a muchas de las políticas.

Especialmente en el cine –como ahora al parecer, pasa también en el teatro– esta actitud era muy clara. Pongamos, por ejemplo, películas de [Juan Carlos] Tabío como El cuerno de la abundancia; el episodio que dirigió en 7 días en La Habana o El dulce amargo de la desesperación. En ellas se reflejan sintéticamente todos los problemas: las dificultades en materia de vivienda, alimentación; la lucha por la supervivencia; el desencanto de los jóvenes; la persistencia de los balseros y la fuga a Miami; la comercialización de las religiones afrocubana. O [Jorge] Perugorría, en Afinidades (la corrupción) o Se vende (la hija que vende los huesos de sus difuntos padres para sobrevivir). O [Gerardo] Chijona en Boleto al paraíso. Se renueva, en definitiva, la tradición crítica del gran cine cubano, del Titón de Fresa y chocolate y de Guantanamera.

En muchas de las figuras más conocidas como Fernando Pérez (El ojo del canario) o Silvio Rodríguez (Segunda cita con los ángeles) hay un llamamiento a volver a los orígenes de la Revolución, a la promesa de libertad que se encuentra en Martí, a corregir los excesos. El hermoso y emotivo filme de Laurent Cantet, Regreso a Ithaca, basado en un guión de Leonardo Padura y de su esposa Lucía Coll, resume la evolución de muchos intelectuales y artistas cubanos, que pasaron de la ilusión revolucionaria al desencanto actual. El régimen actual, que reconoce la necesidad de hondos cambios, no prohíbe estas expresiones”.

¿Si escribiera un libro sobre su experiencia en Cuba, lo haría desde la perspectiva como Cónsul General de España en Cuba, o como intelectual crítico con la cultura y sociedad de nuestro tiempo? “Es una pregunta muy traumática, porque me parte en dos. Los dos libros son para mí muy atractivos, aunque todavía no han madurado lo suficiente. De todos mis destinos diplomáticos, ninguno como el de Cónsul General en La Habana, para tener el contacto más directo y más humano con los demás. Bocanadas de vida entraban todos los días a una oficina, que era la antítesis de lo burocrático y de lo aséptico.

Cuba también ofrece una experiencia de excepción, no solo como español, sino a cualquier persona con inclinaciones intelectuales. Ahí está el sueño de una Revolución de un increíble utopismo y la realidad de unas limitaciones que provocan el más profundo desengaño. Todo el mundo quiere comprobar esas realidades, en su propia carne. El sentido crítico que se halla unido a la constatación de la imposibilidad de la utopía, le da una enorme fuerza a la plástica cubana contemporánea, que con Los Carpinteros, [Carlos] Garaicoa, [Alexandre] Arrechea, entre otros, está en la vanguardia internacional contemporánea. En Cuba confluyen lo latinoamericano, lo europeo y lo norteamericano, y nunca podrá estar alejada la isla de la vanguardia”.

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de abril de 2015, 8:00 a. m. with the headline "Pablo Barrios Almazor, Cuba lejos y cerca."

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