Artes y Letras

Rafael Soriano, pintor y místico cubano

Rafael Soriano en su estudio de Miami en agosto de 2010.
Rafael Soriano en su estudio de Miami en agosto de 2010. el Nuevo Herald

Tenemos un caudal enorme de riqueza estética en Miami que no estamos sabiendo aprovechar. Las artes. En especial las artes plásticas. Los museos están vacíos de público. Es una pena.

Solamente en el Museo Frost de FIU (Florida International University) hay durante estos últimos meses del año tres exposiciones merecedoras de nuestra atención: Rafael Soriano: The Artist as Mystic, (hasta 1/28/18); Continental Abstraction: Highlights from the Art Museum of the Americas (hasta 2/18/18) y Reflections of the Américas: New Acquisitions from the Collection of Univision (hasta 1/3/18).

Las más de 90 obras de Rafael Soriano (1920-2015) de la colección privada de la familia y algunas instituciones abarca desde sus abstracciones geométricas de los primeros años en Cuba hasta su fase mística de los últimos años en el exilio de Miami. Su evolución en los años 1960 que ya empieza a tomar el giro del biomorfismo, primero surrealista para transformarse luego en un mundo interior oscuro de imágenes luminosas.

En sus últimos años como pintor, surgen de su interior, de su oscuro y largo túnel del espíritu imágenes insólitas. De allí, en donde sumerge su imaginación y se empapa de adentros, regresa victorioso para reproducir su caverna profunda de colores y formas. De ahí sus lienzos oscuros y azules, negros y transparentes, monocromáticos.

Soriano es tal vez el más olvidado pintor cubano de su generación, el más serio, el más secreto, el único mítico. También el más introspectivo, con un conocimiento único de las luces y sombras que logran formas desconocidas, como la titulada El candor del estío (1990), un óleo de 60 x 50 pulgadas de formas irreconocibles en color naranja, de fondo absolutamente negro, con iluminación central.

Durante los primeros años de exilio en Miami, Soriano pintaba de noche a la luz de una bombilla de escaso voltaje. De día trabajaba en una imprenta. Durante esos primeros años en esta ciudad fue alejándose del geometrismo abstracto, y del concretismo, transitando hacia el biomofismo surrealista. Hasta que tuvo una visión, un encuentro que él definió como “levitación”. Es entonces que llega a otro tipo de abstracción, con la iluminación de planos oscuros y curvas que logra formas misteriosas de colores. Imágenes monocromáticas logradas mediante el negro de fondo y a manera de separación, la iluminación y el colorismo. Un mundo interior rico en imágenes redondas.

A los 70 años Soriano alcanza su máxima definición (diría Lezama), y llega a la plenitud del genio, con sus lienzos orgánicos de la década de 1990. Una transformación total y redentora, tras 30 años de exilio. Su esposa cuenta en un video de Jorge Moya que Soriano levitó en un sueño y vio lo que iba a pintar de ese momento en adelante. “Su desarraigo lo volvió más espiritual. Esa tristeza lo hizo místico”, narra ella en el documental.

La retrospectiva de Soriano fue curada por Elizabeth Thompson Goizueta, organizada por McMullen Museum of Art, Boston College y la Fundación Rafael Soriano.

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