Las contradicciones de La Habana, nuevo libro de ex diplomático
A Herman Portocarero, un escritor nacido en Bélgica y ex diplomático de ascendencia española y portuguesa, le gusta decir que su nuevo libro sobre La Habana comienza donde terminan las guías turísticas.
Parte memoria, parte historia y parte diario de viaje, Havana Without Makeup (Turtle Point Press) lo llevará a lugares que nunca encontrará en una guía de viajes. Portocarero explora lo que él llama la cueva del fin del mundo donde el revolucionario cubano Che Guevara se escondió durante la Crisis de los Misiles, edificios que se han vuelto ‘orgánicos’ y ‘barrios que no son nada turísticos’ como La Víbora, Lawton y Diez de Octubre.
El diplomático retirado tuvo dos reencarnaciones diferentes en La Habana. Fue embajador de Bélgica en Cuba desde abril de 1995 hasta agosto de 1999 y luego regresó en octubre del 2010 para pasar casi cinco años como embajador de la Unión Europea, coincidiendo con una era en la que Cuba estaba en la cúspide de una transformación.
La publicación de este libro de Portocarero tuvo que esperar hasta que estuviera retirado del cuerpo diplomático. Salió al mercado justo después que él salió de La Habana a finales de agosto.
Este no es un libro de tipos de ron, autos antiguos o pasajeros de un crucero paseando por La Habana Vieja. En vez, es una exploración de una ciudad cambiante, exuberante y sensual que está llena de contradicciones. Portocarero dijo que trató de ir más allá de los estereotipos analizando el racismo, la revolución, las artes, la santería, los nuevos comerciantes, blogueros, la pelota, Hemingway en Cuba y muchas cosas más.
“Yo espero que se puedan entender mejor las complejidades de La Habana”, comentó Portocarero.
De manera que en vez de aconsejar a los turistas que se tomen un mojito en La Bodeguita del Medio, una trampa para turistas, y los daiquiris en El Floridita, como el legendario Ernest Hemingway, Portocarero duda de estos mitos tan atractivos a los turistas.
En sus últimos tiempos Hemingway salía poco de su finca a beber, escribe Portocarero, y los empleados cubanos que tenía cuentan que “nunca entendió mucho al país, sólo sabía de peleas de gallos y pesca de la aguja”.
“Traté de describir a Hemingway como lo ven los cubanos”, dijo. “Hemingway fue siempre un extraño en La Habana. Vivía en su propio universo. Hacia el final de su vida tenía muchas cosas en las que pensar y digerir. En su vida real no estaba muy conectado con el pueblo”.
De hecho, dice, el dueño de un bar puso un letrero diciendo “Hemingway nunca estuvo aquí’.
Sobre la cueva en la Sierra Candelaria en la provincia de Pinar del Río, al oeste de La Habana, donde vivió Guevara en 1962, Portocarero lo llama “uno de los lugares cruciales de la historia del siglo XX”. La mayoría de los cohetes soviéticos estaban localizados en las montañas cercanas y es aquí en la Cueva de los Portales que Guevara estableció su cuartel.
Mientras estuvo aquí, dice Portocarero, Guevara escribió “uno de los textos más aterradores” del siglo XX que en resumen dice “las personas marcharán sin miedo hacia el holocausto nuclear como la última redención de los justos”.
A Portocarero le gustaba caminar por las noches las calles de La Habana donde conoció más del alma y corazón de sus gentes. “Me encanta caminar en cualquier ciudad. Estás menos protegido y por lo tanto más expuesto a todo tipo de intercambio. Es un ritmo más lento, de manera que ves más los detalles”, dijo Portocarero.
El cuenta a La Habana “como una de las tres grandes ciudades míticas de América Latina”, junto con Buenos Aires y Río de Janeiro. Pero según dice, cada una tiene su encanto particular.
Portocarero dice que los habaneros son “personas increíblemente talentosas y creativas”. A pesar de los controles comunistas “la creatividad nunca está atada. Hay mucha alegría”, cuenta. “Pero La Habana es también una mezcla de melancolía y tosca energía”.
“La unión de todos estos elementos contradictorios es lo que hace que La Habana sea atractiva y seductora”, explica.
“Estoy convencido que La Habana es su gente”, escribe en el libro. Pero también muestra una fascinación por la construcción. En La Habana, dice, “la frontera entre la piel y la piedra es borrosa”.
Incluso en medio del deterioro, dice Portocarero, los edificios en ruinas de esta ciudad “reflejan majestuosidad”.
Al contrario de Nueva York, donde también vivió, dice que La Habana nunca pasó por el aburguesamiento o la saneación, permitiendo así que coexistieran muchas capas de historia. “Ves el paso del tiempo y lo que le hace a la belleza”, comenta. “Pero aún en ruinas, La Habana sigue siendo muy elegante. Hay belleza en las ruinas y también mucha verdad”.
En general, Portocarero trata de mantenerse al margen de la política, prefiriendo concentrarse “en las raíces profundas y en su gente”.
Cuando se le pregunta sobre el momento que La Habana y Cuba en general está viviendo con la distensión entre Estados Unidos y la isla, dice: “Yo espero que Cuba y Estados Unidos encuentren la manera de llevarse bien. No se puede deshacer la historia y no puedes deshacer la geografía”.
Hablando como ciudadano privado y no como diplomático de la Unión Europea, Portocarero dice: “Creo que cualquier paso atrás en el diálogo es un error. Cuando no estamos de acuerdo, es cuando más tenemos que hablar”.
Pero incluso cuando habla de arquitectura, la política se cuela. “Todo es político en Cuba y la arquitectura muchas veces es un cuño político”, escribe.
El autor piensa que hasta hace poco no había mucho interés político en preservar edificios del siglo XX “porque la revolución estaba en contra de la sofisticada vida burguesa que reflejaban esos edificios”.
Especialmente, el autor resalta edificios Art Deco, desde el Edificio Bacardí hasta la sede cubana de los masones.
“Si crees que en South Beach has visto lo mejor de los edificios Art Deco, es que no has visto La Habana”, escribió. “Es un tesoro increíble y los mejores ejemplos de este estilo que tiene toda la ciudad”.
Pero fue otra estructura la que realmente le llamó la atención: el muro del Malecón, que muchas veces ha sido comparado con el Muro de Berlín, derribado en 1989. “Nos sentamos en el Malecón y mirábamos el mar y las nubes, esperando que el futuro llegue como un barco del otro mundo”, escribió en la posdata del libro “pero sin saber de qué color serán las velas”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 14 de diciembre de 2017, 1:04 p. m. with the headline "Las contradicciones de La Habana, nuevo libro de ex diplomático."