Licantropía poética de Chely Lima
A los hombres lobos se les dice Licántropos, palabra que viene del griego (likos- lobo, anthropos- hombre) por la leyenda mitológica griega de Licaón. Un personaje que fue rey y terminó metamorfoseándose en lobo por orden de Zeus, debido a los sacrificios humanos que realizaba. Lo que les dijo el licántropo, el nuevo libro del escritor cubanoamericano Chely Lima, y que ha salido en una edición de The Operating System (2017), bilingüe y traducido al inglés por la también poeta y escritora Margaret Randall, usa este tema como metáfora para descubrir el mundo.
He querido escribir sobre este libro porque el tema de los lobos en la literatura y el cine en específico es intensamente trabajado, pero en poesía, no he encontrado ningún referente que se acerque al grado altísimo de imaginación y creatividad innovadora del material de Lima, a su profundo nivel de reflexión existencial, a la utilización certera de los recursos poéticos, fundamentalmente de esa metáfora que protagoniza el rumbo de universalidad de su poesía.
Chely Lima es un ser múltiple, misceláneo, creado por el cine, la literatura, la dramaturgia, la música, y otros materiales que conforman su piel. Muchas son las obras que de su autoría han salido a la luz, sin embargo, ninguna con la fuerza de una mezcla letal entre la angustia y el dolor como esta que tenemos a nuestra disposición ahora. En su poema “Razones”, suelta parte de ese dolor: Por el rostro demudado que me enfrentó desde el espejo./ Por la mirada de aprobación que no recibí de los míos./ Por el candado que me selló la boca en casa de mi padre./ Por lo que no fui y fingí ser para evitar los palos./ Por las verdades que me tragué y se trocaron en ceniza./ Por la oscuridad que anidó debajo de mis ganas./ Por el miedo al monstruo, por el miedo/ a lo que yo era realmente, a lo que sigo siendo./ Por el desprecio que me hubieran dedicado de saberlo…
Las imágenes de los poemas son cinematográficas, intensas, vertiginosas y sin regodeos, como si estuvieran diciendo “esto es lo que hay, se acabaron los tapujos”, sin embargo, armadas con versos marcados por una compleja voz lírica donde puede verse la voluntad por erigir un lienzo de conmociones y significados, un lenguaje claro, crucial para una identidad individual. Identidad cuyo lienzo repito, combina los signos que permiten no sólo crear un enlace con el mundo desconocido sino también poder interpretarlo, a través del discurso a veces corto, a veces largo. Una madeja con aparente simplicidad en la construcción, lo que permite digerir con menos daño el fondo.
El libro está dividido en cinco zonas, cada una con entre diez y veintisiete poemas que suman más de ochenta. Submundos que descomponen la realidad para servirla fría, denunciando los convencionalismos que le obligan a romper con todo lo establecido, incluso con su identidad, para poder reinventarse. Caí de rodillas y mi cuerpo me sostuvo, se ciñó alrededor de lo que soy con los dientes apretados, como si yo fuera su mayor tesoro, como si yo no lo hubiera negado más de tres veces. Mi cuerpo abrazado a mí. Mi cuerpo, lúcido e inconquistable./ Era todo cuanto tenía, mi único escudo, mi muro de contención frente al dragón enloquecido del no-ser. Mi cuerpo mío. Mi bienhechor. Mi cuerpo, el ignorado./ Entonces retiraron un tubo de mi boca y el corazón volvió a latir en las pantallas, y una voz comentó: —Ya el paciente respira. Y yo tomé la mano de mi cuerpo por primera vez, un poco hansel and gretel, para avanzar juntos, sin agravios, por el bosque nocturno. Lo mismo en prosa poética que en versos libres, la angustia que ha arrastrado el autor durante una, dos tres vidas, salta ahora frente a nuestros ojos obligándonos a la reflexión, a cuestionarnos, ¿cuántos seres están sintiendo de forma similar y no tienen las armas para el desahogo? ¿Cuántos mundos se agazapan tras una sonrisa amable? ¿Cuántas vivas se necesitan para hacer al ser humano más humano que ser?
Después de la lectura queda el recogimiento, la meditación, la dilucidación de los problemas que han llevado al hombre a convertirse en lobo y viceversa; y la resistencia a las opciones que deja la sociedad. Resulta que soy quien soy./ He dejado de negarme./ Soy lo que nadie puede ser por mí./ En la punta de los omóplatos/ me despuntaron unas alas extrañas./ Ya nadie va a desplumarme. Nunca.
Chely Lima es un escritor, dramaturgo, fotógrafo y poeta cubanoamericano. Ha publicado numerosos libros, entre ellos los poemarios Rock Sucio, Todo aquello que no se dice, Discurso de la amante y Lo que les dijo el licántropo, así como las novelas, Lucrecia quiere decir perfidia, Isla después del diluvio, Confesiones nocturnas y Triángulos mágicos. Sus obras han sido traducidas a varios idiomas. Cuentos y poemas suyos han sido incluidos en numerosas antologías de todo el mundo. Ha vivido en Ecuador y Argentina. En 2006 se mudó a EEUU, donde continúa residiendo desde entonces.
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de diciembre de 2017, 4:13 p. m. with the headline "Licantropía poética de Chely Lima."