Artes y Letras

Javier Gomá entre fundaciones y filosofías

Javier Gomá, Premio Nacional de Ensayo por Imitación y experiencia (2004), y Director de la Fundación Juan March, cuyo programa se ha tornado ejemplarizante en España por su proyección social, artística, literaria, filosófica, musical y cultural en general.
Javier Gomá, Premio Nacional de Ensayo por Imitación y experiencia (2004), y Director de la Fundación Juan March, cuyo programa se ha tornado ejemplarizante en España por su proyección social, artística, literaria, filosófica, musical y cultural en general. Cristina Bejarano

Javier Gomá (Bilbao, España, 1965) ganó el Premio Nacional de Ensayo por su primer libro Imitación y experiencia (2004), un año antes había sido nombrado Director de la Fundación Juan March, cuyo programa se ha tornado ejemplarizante en España por su proyección social, artística, literaria, filosófica, musical y cultural en

general.

Luego de Imitación y experiencia vinieron obras como Aquiles en el gineceo (2007), Ejemplaridad pública (2009) y Necesario pero imposible (2013). Todas estas obras forman una tetralogía cuyas reflexiones en torno al concepto de ejemplaridad, la experiencia y la esperanza, lo han convertido en un referente dentro del panorama de la filosofía española más actual. Pero antes, este bilbaíno se había doctorado en Filosofía y licenciado en Filología Clásica y en Derecho, un cruce interdisciplinario que puede apreciarse en su prosa zigzagueante. Unas veces desvelando los intersticios semánticos de los conceptos, otras poniendo a prueba continuamente la coherencia discursiva del relato.

El concepto de ‘Ejemplaridad’, es un concepto que no solo planea sobre la tetralogía que comenzaste con Imitación y experiencia, sino también sobre el resto de tu trabajo. ¿Cómo llegas a este concepto y sobre todo, cómo se encarna en Imitación y experiencia, donde la cuarta imitación es aquella que un sujeto realiza sobre otro sujeto?

Si la pregunta se refiere a quién fue el modelo en quien me inspiré para centrar mi meditación filosófica en el concepto de ejemplaridad durante tanto tiempo, debo responder que no hay un nombre personal o quizá sean muchos indeterminados. En todo caso, hubo un período histórico: la Grecia arcaica, entre 700-500 a.C., donde presentí ya realizada una cultura de la ejemplaridad sin tener conciencia de sí misma. Para explicar mi interés por el concepto, más que a la imitación, recurro a la categoría de la “vocación”: la activación espontánea de todas las capacidades en la dirección de unas ideas o intuiciones.

Su último libro Razón. Portería, 2014 recoge una colección de 22microensayos que Javier Gomá ha publicado, como parte de un proyecto de colaboración en Babelia, el suplemento cultural del diario El País. Es un libro que, a diferencia de los mencionados anteriormente, aborda el oficio del pensar filosófico desde una perspectiva más mundana, o tal vez sería mejor decir menos académica. Sabor que se perciben en muchos de los microensayos que abren el libro como, por ejemplo, La gran piñata, La costumbre de vivir, Único y repetible, también, en Razón: Portería que titula esta colección de microensayos. Un libro donde Gomá, sin perder la estocada autorreflexiva que siempre le persigue, se sumerge mucho más en la inmediatez, en lo contingente de la realidad que le despierta su insaciable curiosidad filosófica. Incluso cuando visita temáticas de la antigüedad clásica como hace, entre otros en Raptado por las musas, o En busca del Jesús histórico, asume la carrera corta de un estilo periodístico para sintetizar los conceptos y apela a veces con ello a cierto tono pedagógico que expande una comunicación más sencilla con el lector.

En Ejemplaridad pública (2009) el conflicto entre el espacio público y su homólogo privado, entre lo individual y lo común emerge como un conflicto de difícil resolución que se ha ido agudizando desde la modernidad hasta lo que hoy llamamos postmodernidad. ¿Acaso tiene solución este conflicto? ¿Cómo has esbozado esta problemática en, por ejemplo, Ejemplaridad…?

Mi esfuerzo es convertir el conflicto en tensión. En efecto, la modernidad ha creado un antagonismo entre la esfera pública, y de la colectividad. En el mundo griego, la paideia era un concepto que comprendía pacíficamente ambos mundos. Ahora, en nuestra época, la ejemplaridad es un concepto que no admite divisiones o esferas sino que por su propia naturaleza incluye todos los aspectos de la vida humana, esa “uniformidad de vida” a la que se refería Cicerón. Aunque ya no hablaríamos de convivencia pacífica sino una tensión no resoluble.

En el 2003 asume la dirección de la Fundación Juan March con una programación de exposiciones de arte contemporáneo de altísimo nivel en todos los órdenes como, sin ir más lejos las completísimas de Paul Klee: maestro de la Bauhaus y la de Aleksandr Deineka. Pero la Fundación también tiene una ambiciosa programación en Literatura y Filosofía, Cine y Música. ¿Cuál es el proyecto que has querido desarrollar durante estos años? ¿Ha sido una manera de buscar la ‘Ejemplaridad’?

Hay muchas clases de fundaciones. Unas son más experimentales y arriesgadas. La nuestra es más “clásica”. Quiere esto decir que trata de inspirar confianza a la ciudadanía en ese lío revuelo que son hoy las humanidades y la cultura en general. La gente viene a nuestra sede a veces sin saber qué programamos, fiados de que encontrarán algo de valor. Sí, fundaciones y ejemplaridad se llaman mutuamente. Porque, planteado un problema en la sociedad, una fundación propone un modelo de solución, si bien la solución total corresponde al Estado o a la sociedad si generalizan ese ejemplo dado a todos los casos. • 

dmatos66@gmail.com

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