Artes y Letras

'Tropical Gardens', encarnación simbólica del paraíso

Vista de sala de la exposición "Tropical Gardens" de Paul Amundarain.
Vista de sala de la exposición "Tropical Gardens" de Paul Amundarain. Cortesía

Cada vez se hace más notable la marca que producen en la sensibilidad de los jóvenes artistas latinoamericanos su experiencia de vida en La Florida, particularmente en Miami. Un ejemplo de ello es la actual exposición Tropical Gardens de Paul Amundarain (Venezuela, 1985), formada por pinturas, esculturas e instalación, todas de 2018. Es un impacto en su sensibilidad asociado a la manera en que comienza a percibir e interpretar la vegetación y la fauna, y los eco sistemas resultantes, cuando estas se combinan con los elementos naturales: agua, luz, aire y tierra. A ello se suma también el impacto del paisaje urbano de una ciudad en tierra llana al nivel de la playa, de clima caribeño, a pesar de pertenecer al territorio continental de Norte América. Una ciudad, como Miami, que vista a vuelo de pájaro semeja un inmenso jardín de espesa vegetación, surcado por amplios canales, ríos, lagos y también islas. Un paisaje imponente, salpicado por conglomeraciones de hoteles, condominios y casas, cuyo crecimiento responde más a los productos de ingeniería financiera e inversiones del real state que a un ordenamiento urbanístico socio cultural y ciudadano. Un cúmulo de circunstancias que está dejando huella en la sensibilidad de los artistas, tanto en la poética abstracto-geométrica del artista como también en sus intereses discursivos.

Recordemos que Amundarain en su muestra City Skins (2014), curada por Amalia Caputo, se inspiraba en fotografías aéreas tomadas sobre poblaciones periféricas y depauperadas de su Caracas natal. Muchas de esas obras parecían descomponer, a través de pequeños triángulos y formas cuadradas de aluminio, las fulguraciones, los reflejos luminosos desprendidos por los tejados de estas poblaciones. Creando una atmósfera visual calidoscópica, desestructurada y, a menudo, convulsa. Si en aquella muestra, el artista proyectaba su interés discursivo hacia expresiones de exclusión social en el ámbito urbano de Caracas en Tropical Gardens, en cambio, se sumerge de lleno en un colorido sensualismo, como expresión de sus vivencias dentro de la órbita paisajística natural (y urbana) de Miami. Es lo que trasmite el montaje de la muestra adecuadamente distribuida en el espacio galerístico por parte de Luís La Rosa.

LiFe painting es un ejemplo de este desplazamiento. Esta serie está compuesta por grandes lienzos que combinan pintura acrílica y serigrafía ilustrando arboles tropicales como palmas y cocoteros destacando, sobre todo, sus majestuosas hojas que, en forma de haz, coronan el tronco y cuyos suaves movimientos hacen transparentar el cielo a través de ellas. Son obras donde las superficies, de un lado, discurren por motivos abstractos geométricos compuestos por triángulos, motivo recurrente en la obra de Amundarain. Del otro, estas superficies son resultado de la superposición de colores planos y apastelados, cuya impresión simulan deliberadamente los defectos de impresión (¨lluvia de puntos¨) común en estampillas populares de consumo masivo. Lo que recuerda como el Pop Art hizo de estos defectos de impresión uno de sus rasgos visuales más distintivos. Y a propósito de estampas, hay también en la serie Life painting obras hechas a base de recortes de postcards, bien con imágenes que aluden al ambiente citadino y playero de Miami Beach, o bien a las fastuosas áreas verdes de parques y jardines que emergen imponen en el paisaje aéreo de Miami.

Paul_Amundarain_Life_Painting 1_, 2018.jpg
'Life Painting 1', 2018. Foto de cortesía

Si en la exposición City Skins, Amundarain adopta una perspectiva aérea para encausar sus reflexiones en torno a depauperados núcleos urbanos de Caracas, en Tropical Gardens, por el contrario, la perspectiva visual baja a flor de tierra y se afinca en ella. Si en aquella el distanciamiento consciente media, entre sujeto y objeto artístico, explorando las contradicciones que mantiene el artista con este objeto, en Tropical Gardens, en cambio, muestra a un artista embelesado, imbuido en los encantos naturales, en la euforia que le transmite percibir su vida en Miami. Una euforia, un optimismo a través del cual el sujeto parece abandonarse, sin antagonismo con la realidad, al disfrute sensualista de su actividad. Porque no son distinguibles en las obras, al menos a primera vista, otra realidad, otras caras de Miami (que desde luego las tiene), que no sean aquellas invitando a una experiencia placentera de los encantos de un cosmos de sensualidad caribeña. Regodearse en esa sensación de estar en medio de una selva tropical a la intemperie de lo natural y salvaje y, de pronto, con un clip, devolvernos al confort ocioso y el entertaiment turístico de consumo masivo. Hay una celebración de los ambientes y sus detalles naturales, de ahí esa psicodelia colorista, a veces un tanto empastada, que alcanzan los grandes lienzos de la serie Life painting. Esta sensación desprende también Life Sculpture, instalación que lleva dos palmas naturales sembradas en dos Pailas de percusión. Es una imagen, una postal que nos traslada a la playa, a los días luminosisímos y a las noches profundas y estrelladas.

En Tropical Gardens, curada por Aldeide Delgado, Amundarain parece estar en una transición, desde una obra anterior de enfático poderío visual abstracto ("City Skins"), hacia una obra que tiende más a la proyección sentimental que al afán de abstracción sobre las ideas y objetos. La visualidad abstracta de años anteriores, basada en construcciones de retículas triangulares, ahora ha sido modulada en torno a una iconografía de elementos naturales que se explicitan en los fondos de las obras. Lo que también aporta un mayor carácter narrativo a estos trabajos, aunque sin perder sus perspectivas abstractas geométricas como sucede por ejemplo en Barrier.

Tropical Gardens, anuncia metafóricamente una suerte de encuentro con El Dorado, ese lugar mítico, que tanto turbaba la imaginería de los exploradores españoles y portugueses en el principio de la conquista de América, encarnado por López de Aguirre. Ese lugar que prometía riqueza rápida y a borbotones donde, además, reinaba una armonía absoluta entre lo orgánico y lo inorgánico, entre la flora y la fauna, entre el agua, la tierra y el aire.

Ese lugar en fin, (Dorado), donde el deseo de la vida estaba en permanente luna de miel con la naturaleza, para Amundarain, ya no está situado en Latinoamérica, en sus inconmensurables paisajes selváticos peligrosos, misterioso e implacables del Amazonia o Centro América. El Dorado, parece encontrarse en Norte América, en La Florida, donde Tropical Gardens, viene a ser una encarnación simbólica del paraíso.

"Tropical Gardens" de Paul Amundarain, en Art Nouveau Gallery, 348 Nw 29 St., Miami. Hasta el 25 de julio.

Dennys Matos es crítico de arte y curador independiente. Reside y trabaja entre Miami y Madrid. dmatos66@gmail.com.
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